Opinión
Desbrozando el camino
Los perredeístas y su apoyo a la
reelección
- por Roberto Rodríguez
En la entrega anterior
señalaba que Hipólito Mejía, como cualquier otro de nosotros
—político o no—, tiene su propia idea del país que soñó y
que aspira para su pueblo.
Contrario al común, en el caso de los candidatos y los
partidos resulta que cada proyecto de país que bulle en sus
cabezas tiene sus propios seguidores y promotores. Si no,
hay que preguntarle a la gente del PPH (Proyecto Político
Hipólito) que supongo a partir de ahora le llamarán PP8.
Sin embargo, la diferencia que puede existir entre el común
y los candidatos de los tres partidos en torno a ése sueño,
es que la mayoría de éstos de antemano ya ha sabido dar en
su momento las más soberanas y repugnantes muestras de
distracción moral.
Sólo así se explica que todavía hoy en Dominicana tenga
vigencia el afrentoso modelo político trujillista y
económicamente balaguerista. Los resultados de esa
combinación nos los exhiben cada día -y sin importar cuál de
los tres partidos gobierne-, con las mejores y más
auténticas muestras de arrogancia, exclusión, prepotencia y
corrupción.
De ahí que no tenga sentido pretender objetar un proyecto
reeleccionista -que no prohíbe la Constitución-, como si se
tratara de un trillo que lleva al país a un lugar que -por
malo que sea- jamás podrá ser peor que el infierno mismo que
vive la nación, y que a fin de cuentas es la obra maestra de
los tres partidos.
El rechazo a la reelección -por la reelección misma-, no es
más que un recurso con el que se pretende distraernos del
convencimiento de que el problema no es de hombre ni de
nombre, sino de sistema, de modelo. Más cuando sabemos que
los tres partidos han probado no estar en ánimo ni tienen la
voluntad de hacer algo diferente a la desgracia que tenemos.
Contrario a esa posibilidad, hasta aquellos partidos que
nacieron con supuestos principios políticos y proyecto de
nación claramente definidos, han renunciado a su propio
origen para ser beneficiarios en partes iguales de la
repartidera descarada del botín de guerra en que cada cuatro
años convierten al Estado dominicano.
Quede claro entonces que la oposición a la reelección de
Hipólito, dentro y fuera del PRD (Partido Revolucionario
Dominicano) no tiene nada que ver con supuestos postulados,
principios, cultura anti-reelección, y mucho menos por el
bienestar del país.
Es más bien la más clara manifestación de la burda
trapisonda que en definitiva no dejará de ser -en el caso de
los perredeístas específicamente-, el montaje del escenario
para arreglos de aposento que tienen como base la entrega de
canonjías y privilegios de toda índole.
En cuanto a los que en la acera de enfrente se le oponen a
los promotores del PP8, es porque ellos -por experiencia
propia, sin excepción partidaria-, saben que los proyectos
reeleccionistas, por ser símbolo de máxima expresión de
corrupción, se convierten en ríos desbordados que arrastran
en sus aguas turbias todas las basuras y desperdicios que
encuentran a su paso.
Si dijéramos que cualquiera de los partidos existentes fuera
una opción creíble, entonces valdría la pena enfrascarse en
una lucha desenfrenada y sin tregua, ya no sólo contra la
reelección, sino contra toda esa gama de farsantes que aún
con sus historias conocidas se nos presentan de nuevo como
Mesías reciclados.
Si entre unos y otros pueden ser tan descarados, no debe
extrañarnos que Hipólito –al igual que Balaguer en su
oportunidad— considere la reelección como una necesidad que
antepone la salud de la Patria a la propia Constitución, al
imperio de las leyes escritas y los principios y postulados
anti-releccionistas.
Aunque no lo haya dicho, ya Hipólito ha de estarse
considerando la encarnación de la ley de la necesidad y la
verdad histórica, con la suficiente voluntad cesárea como
para ser capaz de motivar a cualquier baboso a definirle
como un hombre providencial.
Incluso la motivación puede sentirla el propio Hipólito con
el éxito de la convención interna del PRD en 1999, y la
derrota en dos comicios nacionales y municipales a
peledeístas y reformistas.
Todo ese poder que hace sentir a Hipólito como un Dios en la
tierra, la pobreza electoral de los aspirantes perredeístas,
la amenaza que se cierne sobre el mandatario y muchos de sus
hombres con una eventual victoria de Leonel Fernández (que
será el candidato peledeísta, con perdón de los otros) ha
hecho posible la sobrevivencia del proyecto PP8.
Por eso y otras cosas más, deben hacer conciencia los
perredeístas de que ante esta realidad, tienen la única
opción de apoyar la reelección o perder la presidencia y
desbaratar el partido.
Si eso último llegara a suceder, deben hacerlo convencidos
de que el PP8, aunque pierda los comicios, conservará poder
suficiente para desde la oposición enfrentar las
adversidades y acomodar la carga por los próximos dos años. |