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Edición No. 105  [Miércoles Mayo 14, 2003]

 

 

 
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Opinión
Desbrozando el camino
Los perredeístas y su apoyo a la reelección

 - por Roberto Rodríguez

En la entrega anterior señalaba que Hipólito Mejía, como cualquier otro de nosotros —político o no—, tiene su propia idea del país que soñó y que aspira para su pueblo.

Contrario al común, en el caso de los candidatos y los partidos resulta que cada proyecto de país que bulle en sus cabezas tiene sus propios seguidores y promotores. Si no, hay que preguntarle a la gente del PPH (Proyecto Político Hipólito) que supongo a partir de ahora le llamarán PP8.

Sin embargo, la diferencia que puede existir entre el común y los candidatos de los tres partidos en torno a ése sueño, es que la mayoría de éstos de antemano ya ha sabido dar en su momento las más soberanas y repugnantes muestras de distracción moral.

Sólo así se explica que todavía hoy en Dominicana tenga vigencia el afrentoso modelo político trujillista y económicamente balaguerista. Los resultados de esa combinación nos los exhiben cada día -y sin importar cuál de los tres partidos gobierne-, con las mejores y más auténticas muestras de arrogancia, exclusión, prepotencia y corrupción.

De ahí que no tenga sentido pretender objetar un proyecto reeleccionista -que no prohíbe la Constitución-, como si se tratara de un trillo que lleva al país a un lugar que -por malo que sea- jamás podrá ser peor que el infierno mismo que vive la nación, y que a fin de cuentas es la obra maestra de los tres partidos.

El rechazo a la reelección -por la reelección misma-, no es más que un recurso con el que se pretende distraernos del convencimiento de que el problema no es de hombre ni de nombre, sino de sistema, de modelo. Más cuando sabemos que los tres partidos han probado no estar en ánimo ni tienen la voluntad de hacer algo diferente a la desgracia que tenemos.

Contrario a esa posibilidad, hasta aquellos partidos que nacieron con supuestos principios políticos y proyecto de nación claramente definidos, han renunciado a su propio origen para ser beneficiarios en partes iguales de la repartidera descarada del botín de guerra en que cada cuatro años convierten al Estado dominicano.

Quede claro entonces que la oposición a la reelección de Hipólito, dentro y fuera del PRD (Partido Revolucionario Dominicano) no tiene nada que ver con supuestos postulados, principios, cultura anti-reelección, y mucho menos por el bienestar del país.

Es más bien la más clara manifestación de la burda trapisonda que en definitiva no dejará de ser -en el caso de los perredeístas específicamente-, el montaje del escenario para arreglos de aposento que tienen como base la entrega de canonjías y privilegios de toda índole.

En cuanto a los que en la acera de enfrente se le oponen a los promotores del PP8, es porque ellos -por experiencia propia, sin excepción partidaria-, saben que los proyectos reeleccionistas, por ser símbolo de máxima expresión de corrupción, se convierten en ríos desbordados que arrastran en sus aguas turbias todas las basuras y desperdicios que encuentran a su paso.

Si dijéramos que cualquiera de los partidos existentes fuera una opción creíble, entonces valdría la pena enfrascarse en una lucha desenfrenada y sin tregua, ya no sólo contra la reelección, sino contra toda esa gama de farsantes que aún con sus historias conocidas se nos presentan de nuevo como Mesías reciclados.

Si entre unos y otros pueden ser tan descarados, no debe extrañarnos que Hipólito –al igual que Balaguer en su oportunidad— considere la reelección como una necesidad que antepone la salud de la Patria a la propia Constitución, al imperio de las leyes escritas y los principios y postulados anti-releccionistas.

Aunque no lo haya dicho, ya Hipólito ha de estarse considerando la encarnación de la ley de la necesidad y la verdad histórica, con la suficiente voluntad cesárea como para ser capaz de motivar a cualquier baboso a definirle como un hombre providencial.

Incluso la motivación puede sentirla el propio Hipólito con el éxito de la convención interna del PRD en 1999, y la derrota en dos comicios nacionales y municipales a peledeístas y reformistas.

Todo ese poder que hace sentir a Hipólito como un Dios en la tierra, la pobreza electoral de los aspirantes perredeístas, la amenaza que se cierne sobre el mandatario y muchos de sus hombres con una eventual victoria de Leonel Fernández (que será el candidato peledeísta, con perdón de los otros) ha hecho posible la sobrevivencia del proyecto PP8.

Por eso y otras cosas más, deben hacer conciencia los perredeístas de que ante esta realidad, tienen la única opción de apoyar la reelección o perder la presidencia y desbaratar el partido.

Si eso último llegara a suceder, deben hacerlo convencidos de que el PP8, aunque pierda los comicios, conservará poder suficiente para desde la oposición enfrentar las adversidades y acomodar la carga por los próximos dos años.

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