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Edición No. 106  [Miércoles Mayo 21, 2003]

 

 

 
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Nota Editorial
América Latina: Realidad y desafío

El millonario fraude cometido en República Dominicana por los principales ejecutivos del Banco Intercontinental (Baninter), en perjuicio de accionistas y ahorristas nos puso al día otra vez, que la corrupción es el cáncer de América Latina. No tenemos más que enumerar los presidentes latinoamericanos de la década pasada para comprobar la calaña de ladrones que han gobernado nuestros países: Carlos Andrés Pérez (Venezuela, destituido y condenado por delito de malversación y peculado), Carlos Menen (Argentina, procesado como presunto jefe de una “asociación ilícita” que vendió armas a Ecuador y Croacia. Casi 50 ex funcionarios de su administración han sido vinculados en casos de corrupción), Alberto Fujimori (Perú, fue destituido por incapacidad moral por el Congreso peruano, después de huir del país y renunció a la presidencia desde Japón. Los sobornos que ejercía su Asesor, Vladimiro Mortecinos, han superado cualquier otro antecedente de corrupción en la región). Carlos Salinas de Gortari (México, desapareció del país en medio de graves acusaciones de corrupción como el blanqueo de dinero y enriquecimiento inexplicable), Abdalá Bucaram (Ecuador, huyó del país antes de que la Corte Suprema dictara en su contra una orden de captura y extradición para hacer frente a las acusaciones de malversación de fondos). Arnoldo Alemán (Nicaragua, actualmente enjuiciado por delitos de lavado de dinero, malversación de caudales públicos, peculado, fraude al Estado y asociación ilícita).

La galería es interminable. Los países no incluidos en esta lista negra de depredadores no se debe a que carecen de gobernantes corruptos, sino a que nos falta espacio en este editorial. Pedimos perdón a nuestros lectores.

Estos gobiernos que pasaron por América Latina en la última década han sido responsables del mayor saqueo político que ha sufrido la región en su toda su historia moderna. Con el visto bueno y la complicidad del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, defendiendo a capa y espada el modelo neoliberal, ellos destruyeron la industria nacional y entregaron a manos llenas nuestros países a los intereses extranjeros.

Todos los pueblos de nuestra América han sufrido y sufren aún las mismas triquiñuelas de estos políticos mafiosos, que pedían al pueblo ajustarse el cinturón, mientras ellos robaban hasta el límite de lo fantástico.

Esos ladrones, no sólo se robaron las riquezas nacionales, sino también la esperanza de nuestros pueblos. Y esa es la causa que en estos días, no haya juventud en nuestro continente que tenga confianza en la clase política, ni aún en las instituciones tutelares de la Patria. ¿Por qué habría de tenerla?. La historia les ha enseñado que el sistema democrático es el menos confiable del mundo, tal como se ha practicado en Latinoamérica. Después de todo, los mismos partidos y los mismo políticos se reparten el gobierno y el país, década tras década.

¿Cómo salir del caos y restituirle a los pueblos latinoamericanos su derecho a la vida y a los sueños?

Primero, antes que nada, recuperar la memoria y la dignidad. Es tiempo de revisar la historia, recordar quienes nos saquearon y entonces, castigarlos. La reciente y vergonzosa derrota de Carlos Menen, es un claro mensaje que el pueblo argentino envía al liderazgo político de ese castigado y hermoso país. ¡Por fin una luz al final del túnel!

Ensayar la solidaridad sería otra medida atinada, que nunca nuestros pueblos han querido practicar. Unidos deberíamos enfrentar el injusto pago de la deuda externa, que es la sangría interminable de las riquezas nacionales. Uniendo fuerzas, podríamos hacer un frente común para negociar con los organismos financieros internacionales que nos extorsionan y gobiernan desde el extranjero.

Finalmente, tener confianza en que las cosas se pueden cambiar. Como dice Eduardo Galeano, la realidad no es un destino, sino un desafío. Tenemos derecho al futuro.

 
 
 
 
 
 
 
 

 

 

 

 


  
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