Nota Editorial
América Latina: Realidad y desafío
El millonario fraude cometido
en República Dominicana por los principales ejecutivos del
Banco Intercontinental (Baninter), en perjuicio de
accionistas y ahorristas nos puso al día otra vez, que la
corrupción es el cáncer de América Latina. No tenemos más
que enumerar los presidentes latinoamericanos de la década
pasada para comprobar la calaña de ladrones que han
gobernado nuestros países: Carlos Andrés Pérez (Venezuela,
destituido y condenado por delito de malversación y
peculado), Carlos Menen (Argentina, procesado como presunto
jefe de una “asociación ilícita” que vendió armas a Ecuador
y Croacia. Casi 50 ex funcionarios de su administración han
sido vinculados en casos de corrupción), Alberto Fujimori
(Perú, fue destituido por incapacidad moral por el Congreso
peruano, después de huir del país y renunció a la
presidencia desde Japón. Los sobornos que ejercía su Asesor,
Vladimiro Mortecinos, han superado cualquier otro
antecedente de corrupción en la región). Carlos Salinas de
Gortari (México, desapareció del país en medio de graves
acusaciones de corrupción como el blanqueo de dinero y
enriquecimiento inexplicable), Abdalá Bucaram (Ecuador, huyó
del país antes de que la Corte Suprema dictara en su contra
una orden de captura y extradición para hacer frente a las
acusaciones de malversación de fondos). Arnoldo Alemán
(Nicaragua, actualmente enjuiciado por delitos de lavado de
dinero, malversación de caudales públicos, peculado, fraude
al Estado y asociación ilícita).
La galería es interminable. Los países no incluidos en esta
lista negra de depredadores no se debe a que carecen de
gobernantes corruptos, sino a que nos falta espacio en este
editorial. Pedimos perdón a nuestros lectores.
Estos gobiernos que pasaron por América Latina en la última
década han sido responsables del mayor saqueo político que
ha sufrido la región en su toda su historia moderna. Con el
visto bueno y la complicidad del Banco Mundial y el Fondo
Monetario Internacional, defendiendo a capa y espada el
modelo neoliberal, ellos destruyeron la industria nacional y
entregaron a manos llenas nuestros países a los intereses
extranjeros.
Todos los pueblos de nuestra América han sufrido y sufren
aún las mismas triquiñuelas de estos políticos mafiosos, que
pedían al pueblo ajustarse el cinturón, mientras ellos
robaban hasta el límite de lo fantástico.
Esos ladrones, no sólo se robaron las riquezas nacionales,
sino también la esperanza de nuestros pueblos. Y esa es la
causa que en estos días, no haya juventud en nuestro
continente que tenga confianza en la clase política, ni aún
en las instituciones tutelares de la Patria. ¿Por qué habría
de tenerla?. La historia les ha enseñado que el sistema
democrático es el menos confiable del mundo, tal como se ha
practicado en Latinoamérica. Después de todo, los mismos
partidos y los mismo políticos se reparten el gobierno y el
país, década tras década.
¿Cómo salir del caos y restituirle a los pueblos
latinoamericanos su derecho a la vida y a los sueños?
Primero, antes que nada, recuperar la memoria y la dignidad.
Es tiempo de revisar la historia, recordar quienes nos
saquearon y entonces, castigarlos. La reciente y vergonzosa
derrota de Carlos Menen, es un claro mensaje que el pueblo
argentino envía al liderazgo político de ese castigado y
hermoso país. ¡Por fin una luz al final del túnel!
Ensayar la solidaridad sería otra medida atinada, que nunca
nuestros pueblos han querido practicar. Unidos deberíamos
enfrentar el injusto pago de la deuda externa, que es la
sangría interminable de las riquezas nacionales. Uniendo
fuerzas, podríamos hacer un frente común para negociar con
los organismos financieros internacionales que nos
extorsionan y gobiernan desde el extranjero.
Finalmente, tener confianza en que las cosas se pueden
cambiar. Como dice Eduardo Galeano, la realidad no es un
destino, sino un desafío. Tenemos derecho al futuro. |