Nota Editorial
Manos sucias mataron la Ley de Elecciones Limpias
Si es verdad que la democracia
se resguarda en el sistema representativo, la semana pasada,
la democracia fue burlada en Massachusetts cuando el Senado
votó por terminar con la Ley de Elecciones Limpias (Clean
Election), despejando de este modo el camino para que la
combatida pieza legislativa sea anulada definitivamente.
Ahora la ley, que fue aprobada como una enmienda del
presupuesto, será enviada a la consideración del gobernador
Mitt Romney, quien todos presumen respaldará la resolución
del Senado.
La votación de los senadores, tanto en su forma y como en su
contenido, fue un acto moral y político vergonzoso y una
muestra transparente de lo mal que están siendo
representados en el Senado el millón de electores que en las
elecciones de 1998 aprobaron la ley en Massachusetts.
La crisis económica que sufre el estado le dio a los
senadores la excusa perfecta para propinarle a la ley el
golpe mortal. Sus opositores alegaron que con las finanzas
públicas al borde del colapso no era posible financiar esta
legislación que ofrece dinero de los contribuyentes para
financiar las campañas políticas de los candidatos que se
comprometen a limitar sus gastos y la recaudación de fondos
destinadas a estos cometidos.
En realidad, nuestros senadores no están velando por el
bolsillo de los contribuyentes. A la larga, la anulación de
la ley resultará mas cara para los votantes que el costo de
su implementación. Basta dar dos ejemplos: Gracias a la
persuasión que ejercen sobre algunos parlamentarios, los
millonarios productores de los circuitos caninos son
beneficiados con un subsidio de $5 millones y corporaciones
como Fidelity consiguen anualmente una liberación de
impuestos que sobrepasa los $254 millones.
Y todo esto, sale del bolsillo de los contribuyentes.
Con un Senado dominado por los republicanos la ley de
Elecciones Limpias no tuvo ninguna oportunidad de probar su
eficacia. Pero, los republicanos no fueron los únicos en
matar esta legislación. Muchos demócratas ayudaron en la
tarea. Lamentablemente, no sabremos quienes fueron porque la
votación no se realizó mediante voto cantado, lo que
permitió a los senadores no hacer público su oposición o
respaldo a la ley.
De este modo los senadores traicionaron el mandato popular y
lo hicieron de la peor manera, sin dar la cara, como hacen
los cobardes. Por algo será. El que tiene las manos limpias
no tiene temor en mostrarlas.
Con el desmantelamiento de la Ley de Elecciones Limpias
pierde la democracia y pierden los votantes que la aprobaron
en 1998 buscando terminar con la poderosa influencia de las
grandes corporaciones que compran partidos y candidatos
mediante el financiamiento de sus campañas políticas.
La Ley de Elecciones Limpias ha funcionado eficazmente en
Arizona y Maine. Desde que esa legislación comenzó a
aplicarse en esos estados, se ha incrementado la
participación de nuevos candidatos en las competencias
electorales.
Del mismo modo podría haber trabajado en Massachusetts.
Lamentablemente, nuestros legisladores no tienen interés en
que eso ocurra. Y es que ellos también están cuidando sus
puestos. Por si no lo saben nuestros lectores, en las
pasadas elecciones el 69 por ciento de los legisladores no
tuvieron ningún opositor a su cargo.
Nadie espera coincidir con cada una de las decisiones que
tomen los parlamentarios, pero en asuntos de tanta
transcendencia, los votantes esperan al menos, un debate
profundo y una votación abierta en ambas cámaras y no
procesos legislativos tan pobres y carentes escrúpulosos
como los que vimos la semana pasada. |