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Edición No. 108  [Miércoles Junio 04, 2003]

 

 

 
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Nota Editorial
Manos sucias mataron la Ley de Elecciones Limpias

Si es verdad que la democracia se resguarda en el sistema representativo, la semana pasada, la democracia fue burlada en Massachusetts cuando el Senado votó por terminar con la Ley de Elecciones Limpias (Clean Election), despejando de este modo el camino para que la combatida pieza legislativa sea anulada definitivamente.

Ahora la ley, que fue aprobada como una enmienda del presupuesto, será enviada a la consideración del gobernador Mitt Romney, quien todos presumen respaldará la resolución del Senado.

La votación de los senadores, tanto en su forma y como en su contenido, fue un acto moral y político vergonzoso y una muestra transparente de lo mal que están siendo representados en el Senado el millón de electores que en las elecciones de 1998 aprobaron la ley en Massachusetts.

La crisis económica que sufre el estado le dio a los senadores la excusa perfecta para propinarle a la ley el golpe mortal. Sus opositores alegaron que con las finanzas públicas al borde del colapso no era posible financiar esta legislación que ofrece dinero de los contribuyentes para financiar las campañas políticas de los candidatos que se comprometen a limitar sus gastos y la recaudación de fondos destinadas a estos cometidos.

En realidad, nuestros senadores no están velando por el bolsillo de los contribuyentes. A la larga, la anulación de la ley resultará mas cara para los votantes que el costo de su implementación. Basta dar dos ejemplos: Gracias a la persuasión que ejercen sobre algunos parlamentarios, los millonarios productores de los circuitos caninos son beneficiados con un subsidio de $5 millones y corporaciones como Fidelity consiguen anualmente una liberación de impuestos que sobrepasa los $254 millones.

Y todo esto, sale del bolsillo de los contribuyentes.

Con un Senado dominado por los republicanos la ley de Elecciones Limpias no tuvo ninguna oportunidad de probar su eficacia. Pero, los republicanos no fueron los únicos en matar esta legislación. Muchos demócratas ayudaron en la tarea. Lamentablemente, no sabremos quienes fueron porque la votación no se realizó mediante voto cantado, lo que permitió a los senadores no hacer público su oposición o respaldo a la ley.

De este modo los senadores traicionaron el mandato popular y lo hicieron de la peor manera, sin dar la cara, como hacen los cobardes. Por algo será. El que tiene las manos limpias no tiene temor en mostrarlas.

Con el desmantelamiento de la Ley de Elecciones Limpias pierde la democracia y pierden los votantes que la aprobaron en 1998 buscando terminar con la poderosa influencia de las grandes corporaciones que compran partidos y candidatos mediante el financiamiento de sus campañas políticas.

La Ley de Elecciones Limpias ha funcionado eficazmente en Arizona y Maine. Desde que esa legislación comenzó a aplicarse en esos estados, se ha incrementado la participación de nuevos candidatos en las competencias electorales.

Del mismo modo podría haber trabajado en Massachusetts. Lamentablemente, nuestros legisladores no tienen interés en que eso ocurra. Y es que ellos también están cuidando sus puestos. Por si no lo saben nuestros lectores, en las pasadas elecciones el 69 por ciento de los legisladores no tuvieron ningún opositor a su cargo.

Nadie espera coincidir con cada una de las decisiones que tomen los parlamentarios, pero en asuntos de tanta transcendencia, los votantes esperan al menos, un debate profundo y una votación abierta en ambas cámaras y no procesos legislativos tan pobres y carentes escrúpulosos como los que vimos la semana pasada.

 
 
 
 
 
 
 
 

 

 

 

 


  
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