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Edición No. 114  [Miércoles Julio 16, 2003]

 

 

 
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Opinión
Desbrozando el camino
Todo el que vende tela mide por yarda

 - por Roberto Rodríguez

Al presidente de la Cámara Administrativa de la Junta Central Electoral de la República Dominicana (JCE), Nelson Gómez, tengo la fortuna de haberle conocido y tratado en circunstancias que hoy sirven para enaltecer.

Nelson, al igual que Ramón Antonio –Negro— Veras, son parte de un selecto grupo de profesionales de Santiago que ya, aunque bastante reducido, sigue siendo orgullo de una generación que penosamente presencia cómo se trafica hoy en el país —mediante un sucio y rastrero negocio de compraventa— con la dignidad, honradez y voluntad de hombres y mujeres.

No hay en estas líneas la intención de desdecir o cuestionar la honradez de Manuel Morel Cerda, el renunciante presidente de la JCE. No tengo razón. Mas bien veo su renuncia como el desenlace de un macabro plan orquestado desde su llega a ese organismo.

Nadie puede olvidar la campaña que en su contra desataron Leonel Fernández y Joaquín Balaguer, llegando el primero incluso a irrespetar la investidura de Jefe de Estado para reptar de la manera mas vergonzosa a los pies del líder reformista.

Aunque esas acciones fueron la obra de una confabulación en la casa de Balaguer y apadrinadas desde el mismo Palacio Nacional, en la persona del entonces presidente Fernández, se le dio el más encendido matiz político y se acusó a Morel Cerda —sin pruebas hasta ahora— de ser un cuadro perredeísta, pretendiéndose que el país ignoraba que la verdadera razón era otra.

Resulta que en 1986, cuando Balaguer ganó los comicios de ese año y desalojó al PRD del poder, Morel Cerda era embajador dominicano en Uruguay y, tras conocerse los resultados electorales que daban la victoria a los reformistas, puso en la embajada la bandera dominicana a media asta.

Cuando la prensa de la nación sudamericana se interesó en la causa por la que el pabellón quisqueyano ondeaba de luto, Morel Cerda dijo textualmente: “porque ha muerto la democracia dominicana”. Quienes conocieron a Balaguer, saben que éste no perdonaba ese tipo de acciones.

Bueno, pero hay que entender que Fernández tenía una deuda histórica con Balaguer por haberlo llevado a la presidencia a través de aquel infame acuerdo electoral de junio de 1996.

En nombre de ese compromiso llevó el caso de Morel Cerda hasta más allá de la muerte de quien, incluso por encima de Juan Bosch en definitiva consideró, y debe considerar aún, su verdadero padre y mentor político.

Traigo esto a colación porque aunque sigo creyendo que no hay mucha voluntad en los partidos y en la misma JCE en facilitarnos por lo menos esta vez el voto en el exterior, hasta que se muestre lo contrario, considero a Nelson Gómez un hombre que merece respeto. Si no por la investidura, sí por su trayectoria profesional y personal.

Así como vimos a un Leonel Fernández en una actitud desafiante contra Morel Cerda, de la misma manera aparece ahora en Nueva York un tal Máximo Padilla, que se auto-titula presidente de un adefesio de organización que él mismo llama Comité de los Dominicanos del Exterior, lanzando toda clase de insultos, diatribas en improperios contra Gómez.

Ese Padilla es el mismo irresponsable que en nombre de la entelequia de organización que dice dirigir, pero que no se sabe a quien representa, se atrevió a principios de año —en nombre de los dominicanos todos— a lanzar un burdo e incondicional respaldo a la guerra de Estados Unidos contra Iraq.

En esas mismas atrevidas declaraciones de entonces, este sujeto pretendió pasarle un juicio sumario a los dominicanos que vivimos en Estados Unidos, acusando de “traidores” a quienes no apoyaran a Bush y sus halcones en la cada vez más dolorosas e incierta guerra.

Igual que a Morel Cerda en su oportunidad, a Nelson Gómez se ha pretendido acusarle de haber mentido cuando dijo que el Departamento de Estado norteamericano negó una solicitud de la Junta Central Electoral de la República Dominicana para abrir oficinas fuera de las sedes consulares en las que los quisqueyanos se registren para votar.

El desmentido a las declaraciones de Gómez se le atribuyen a Joan Moore, funcionario de prensa del Departamento de Estado, quien supuestamente dijo que esa dependencia ni siquiera ha recibido una solicitud para que se abran dichas oficinas.

Sin embargo, resulta ahora que de acuerdo a la Cancillería dominicana, la reunión donde se discutió lo que Nelson Gómez afirma se realizó con la presencia de la Cónsul de Estados Unidos en Dominicana, Mari Marshall, Kris Urs, ministro consejero, y Todd Robinson, consejero político.

Esperemos ahora por lo que dirán Moore, el tal Padilla y los iguales a ellos, quienes como verdaderos vendedores de tela, todo lo miden por yarda.

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