Opinión
Desbrozando el camino
Todo el que vende tela mide por yarda
- por Roberto Rodríguez
Al presidente de la Cámara
Administrativa de la Junta Central Electoral de la República
Dominicana (JCE), Nelson Gómez, tengo la fortuna de haberle
conocido y tratado en circunstancias que hoy sirven para
enaltecer.
Nelson, al igual que Ramón Antonio –Negro— Veras, son parte
de un selecto grupo de profesionales de Santiago que ya,
aunque bastante reducido, sigue siendo orgullo de una
generación que penosamente presencia cómo se trafica hoy en
el país —mediante un sucio y rastrero negocio de
compraventa— con la dignidad, honradez y voluntad de hombres
y mujeres.
No hay en estas líneas la intención de desdecir o cuestionar
la honradez de Manuel Morel Cerda, el renunciante presidente
de la JCE. No tengo razón. Mas bien veo su renuncia como el
desenlace de un macabro plan orquestado desde su llega a ese
organismo.
Nadie puede olvidar la campaña que en su contra desataron
Leonel Fernández y Joaquín Balaguer, llegando el primero
incluso a irrespetar la investidura de Jefe de Estado para
reptar de la manera mas vergonzosa a los pies del líder
reformista.
Aunque esas acciones fueron la obra de una confabulación en
la casa de Balaguer y apadrinadas desde el mismo Palacio
Nacional, en la persona del entonces presidente Fernández,
se le dio el más encendido matiz político y se acusó a Morel
Cerda —sin pruebas hasta ahora— de ser un cuadro
perredeísta, pretendiéndose que el país ignoraba que la
verdadera razón era otra.
Resulta que en 1986, cuando Balaguer ganó los comicios de
ese año y desalojó al PRD del poder, Morel Cerda era
embajador dominicano en Uruguay y, tras conocerse los
resultados electorales que daban la victoria a los
reformistas, puso en la embajada la bandera dominicana a
media asta.
Cuando la prensa de la nación sudamericana se interesó en la
causa por la que el pabellón quisqueyano ondeaba de luto,
Morel Cerda dijo textualmente: “porque ha muerto la
democracia dominicana”. Quienes conocieron a Balaguer, saben
que éste no perdonaba ese tipo de acciones.
Bueno, pero hay que entender que Fernández tenía una deuda
histórica con Balaguer por haberlo llevado a la presidencia
a través de aquel infame acuerdo electoral de junio de 1996.
En nombre de ese compromiso llevó el caso de Morel Cerda
hasta más allá de la muerte de quien, incluso por encima de
Juan Bosch en definitiva consideró, y debe considerar aún,
su verdadero padre y mentor político.
Traigo esto a colación porque aunque sigo creyendo que no
hay mucha voluntad en los partidos y en la misma JCE en
facilitarnos por lo menos esta vez el voto en el exterior,
hasta que se muestre lo contrario, considero a Nelson Gómez
un hombre que merece respeto. Si no por la investidura, sí
por su trayectoria profesional y personal.
Así como vimos a un Leonel Fernández en una actitud
desafiante contra Morel Cerda, de la misma manera aparece
ahora en Nueva York un tal Máximo Padilla, que se
auto-titula presidente de un adefesio de organización que él
mismo llama Comité de los Dominicanos del Exterior, lanzando
toda clase de insultos, diatribas en improperios contra
Gómez.
Ese Padilla es el mismo irresponsable que en nombre de la
entelequia de organización que dice dirigir, pero que no se
sabe a quien representa, se atrevió a principios de año —en
nombre de los dominicanos todos— a lanzar un burdo e
incondicional respaldo a la guerra de Estados Unidos contra
Iraq.
En esas mismas atrevidas declaraciones de entonces, este
sujeto pretendió pasarle un juicio sumario a los dominicanos
que vivimos en Estados Unidos, acusando de “traidores” a
quienes no apoyaran a Bush y sus halcones en la cada vez más
dolorosas e incierta guerra.
Igual que a Morel Cerda en su oportunidad, a Nelson Gómez se
ha pretendido acusarle de haber mentido cuando dijo que el
Departamento de Estado norteamericano negó una solicitud de
la Junta Central Electoral de la República Dominicana para
abrir oficinas fuera de las sedes consulares en las que los
quisqueyanos se registren para votar.
El desmentido a las declaraciones de Gómez se le atribuyen a
Joan Moore, funcionario de prensa del Departamento de
Estado, quien supuestamente dijo que esa dependencia ni
siquiera ha recibido una solicitud para que se abran dichas
oficinas.
Sin embargo, resulta ahora que de acuerdo a la Cancillería
dominicana, la reunión donde se discutió lo que Nelson Gómez
afirma se realizó con la presencia de la Cónsul de Estados
Unidos en Dominicana, Mari Marshall, Kris Urs, ministro
consejero, y Todd Robinson, consejero político.
Esperemos ahora por lo que dirán Moore, el tal Padilla y los
iguales a ellos, quienes como verdaderos vendedores de tela,
todo lo miden por yarda. |