Cultural
La
Lupe, desgarre del feeling y búsqueda del yo
- por
César Sánchez Beras
Guadalalupe Victoria Yoly
Raymond, nació en el barrio San Pedrito, en Santiago de
Cuba, en 1936. Hija de Paula Raymond y Tirso Yoli. Aunque
siempre quiso ser artista, su padre nunca aprobó esta
carrera para su hija, a la cual miraba en un futuro como
maestra normal. La Lupe, le concedió a su padre ese deseo
paterno y se recibió como maestra, pero en su inmenso
corazón, el arte era lo primero entonces, de ahí que sólo se
graduó de maestra, pero siempre se dedicó a lo que
verdaderamente llenaba su vida, el canto.
Sus inicios
Corrían los años de 1950 cuando toda Cuba fue sacudida por
la noticias creciente de una mulata que causaba sensación en
los establecimientos artísticos de Santiago. La prensa
cubana reseñaba el éxito sin precedente que alcanzaba una
mulata criolla en el barrio del Vedado en un club nocturno.
La noticia no era exactamente por su voz y talento
inigualable, sino por su temperamento en escena, por sus
excentricidades en el escenario, lo cual conmocionaba a
quienes la veían. Los más tímidos al enjuiciarla le
etiquetaban motes de: Loca, endiablada, excéntrica,
escandalosa, pues por primera vez el mundo observaban a una
artista expresarse con los instintos primarios de la
inspiración creciente, sus alaridos al público y sus gestos,
parecían mas de un trance de orgasmo que de una cantante de
boleros. Dicen los que la vieron (yo pude verla para
cortarme las venas también) que cuando cantaba un bolerazo
llamado “No me quieras así” de la autoría de Facundo Rivero,
La Yiyiyi sufría una transformación completa, y la mujer que
minutos antes había empezado a cantar un bolero, se
transformaba en una loba en celo cantando su desgarre, su
karma de mujer aprisionada en los decires de una sociedad
que aun hoy no está preparada para tales entregas.
Aunque Guadalupe, artista plenamente, influyó mucho el
ambiente en donde se desarrolló. Su barrio era para entonces
un enjambre de manifestaciones artísticas. En su hábitat
florecía el folclor cubano, las canciones de trova, el son y
la cubania de la décimas, el sincretismo religioso y algunos
de los mejores artistas cubanos de todos los tiempos como
Singo Garay. Aunque lo que más influyó quizás en su vida
artística fue la devoción temprana que ella profesó a tres
divas de la musica romantica, como son: las cantantes Edith
Piaf, Lola Flores y Olga Guillot.
En 1955, se une al trío Los Tropicubas, dirigido por Eulogio
Reyes Mesías. Una escripción física de la Lupe, de la época
la dibuja como: “mulata clara y atractiva, de pechos
enormes, nariz respingada y ojos achinados y de cutis y
dentadura de niña. Se peinaba a la cola de caballo y siempre
llevaba un aire de cabaretera” .
En el año 1958 debuta como solista en el night club y
nuevamente obtiene un éxito arrollador, donde el público
abarrotaba el lugar para verla en su increíble performance
de mujer en catarsis, gritando entre fraseo del disco,
llorando sus penas de amores hondos, mordiéndose las manos,
agarrándose los senos, arañándose la cara, diciendo
palabrotas al público, arrojándole los zapatos y la peluca
al auditorio o golpeando al pianista que le provocaba esas
sensaciones con sus acordes. Pero quienes la vieron en ese
rito de frenesí, tenían que reconocer al mismo tiempo la
pasión que ella desbordaba en escena, su prodigiosa voz de
timbre natural, y su entrega verdadera de artista
desgarrada.
“…Hoy me pides tú
las estrellas y el sol
y no soy Dios…”
Sus primeras grabaciones
Su primer trabajo discográfico rubricaba su fama de loca
pues se titulaba Con el diablo en el cuerpo. De esta
producción son los temas: “Crazy love”, de Paul Anka,
“Quiéreme siempre” de G. Lyner-R Guthril, “Alone”, de Silma
Graft, “Fever”, de Bavenpor-Cooley y su éxito en ritmo de
bolero “No me quieras así” de Facundo Rivero.
Aunque algunos de esos temas eran norteamericanos, la
orquestación y la calidad interpretativa de la Lupe, le
dieron un sabor, que le trajeron consigo el mismo éxito de
la Lupe en los escenarios de cabaret. En 1960, junto al
Benny Moré, la RCA Víctor le otorga a la Lupe el Disco de
Oro de popularidad.
Comenzaba el año 1963, cuando de mano de un empresario
italiano la Lupe llega a Nueva York, donde siendo una
desconocida tiene que trabajar por escasos dólares en shows
nocturnos. Un toque de suerte la pone en contacto con el
percusionista cubano Mongo Santamaría quien la une a su
banda, grabando luego Mongo introduce La Lupe, donde
aparecen “oye este guaguancó”, “Montuneando”, “This is my
mambo” y otros.
Otra carta de triunfo para Guadalupe Victoria fue su
encuentro con Tito Puente, quien la invitó a los shows de su
orquesta y le grabó el conocido bolero “Qué te pedí” de
Fernando Mulens, bolero que no parecía ser escrito por otra
persona sino que ella lo creaba en cada actuación, único y
diferente, nunca lo hizo igual para el auditorio que la
aplaudía delirantemente. De esta época es su repertorio más
variado: bolero, bossa nova, guaguancó, cha-cha-cha, bomba,
joropo, merengue y cantos de santerías.
Otras producciones de La Lupe de este periodo:
La excitante Lupe y Tito Puente (1965)
Homenaje a Rafael Hernández (1966)
La pareja (1978)
Estas discográfica la hizo la reina del feeling del momento
llenado a capacidad los más reconocidos ambientes de música
de New York: The Manhattan Center, el Carnegie Hall y el
Madison Equare Garden.
La caída
Como todo ser humano la Lupe, arrastraba un Karma
existencial, lo que en unos es el juego de azar, los que en
otros es el sexo o la política, la Lupe arrastraba la
búsqueda incesante del yo, del otro ser que me alucina
adentro, ese que muy pocos ven en el espejo de la vida o en
el espejo físico de la cotidianidad.
La Lupe lo buscó por muchas vías, algunas quizás
equivocadas, pero todas sinceras. Su gran energía para la
interpretación la puso al servicio de su espiritualidad,
buscando esa otra parte del ser que complementa la
existencia. Ella la buscó en la Santería y su sincretismo:
Ochún (Caridad del Cobre) y Changó (Santa Bárbara). Algunos
dicen que se buscó en el alcohol y otros, los más atrevidos,
aseguran que su persecución espiritual llegó a las drogas
duras, al Voodú y a la iniciación espiritista, para
terminar, alejada del canto, como una ministro del
protestantismo.
Para esta época Guadalupe había perdido toda su fortuna en
manos de muchas gentes sin escrúpulos, que viendo su
necesidad espiritual, azuzaban su búsqueda para obtener
generosos recursos de la artista. De ahí que vendiera su
lujosa casa, sus joyas, sus pertenencias y de quien fuera la
reina indiscutible de la noche, sólo quedaba la oscuridad de
los ídolos rotos, la amargura del descenso y la carcajada
final de la caída.
Aunque grabaría nuevos álbumes y se recuperara un poco, la
vida no era la misma, no se podía bañar otra vez en el mismo
río de su fama, porque como en el río de Heráclito, el mito,
la diva, la mujer desangrada era la misma, el río
dolorosamente era distinto.
“…Teatro, lo tuyo es puro teatro
calculado simulacro…”
El mundo cambió y ella en su necesidad parecida a una fuga,
no se dio cuenta de ello. La salsa había desplazado
momentáneamente al bolero, el ritmo vapuleaba al felling, el
timbal y la conga daban cuenta del acorde incisivo de la
guitarra o el quejoso lamento del bandoneón. Atrás quedaban
los años de Gloria de El Vedado, donde dio su carta de
presentación, atrás quedaba la multitud delirante que la oyó
canta “según tú soy la Tirana” en los grandes espacios de
Nueva York. Atrás, dolorosamente lejano quedaba el público
que la idolatraba cuando cantaba un bolero existencial que
desangraba al mas inmune.
Ella, la reina del desamor, rodaba en la caída. Quienes la
vieron en la silla de ruedas viviendo de la caridad pública
del estado de Nueva York, dudaron que era la misma. Quienes
la vieron deshilachada en los vericuetos de la pobreza
extrema, no adivinaron nunca que ella fue la diva que
amamantó el desgarre en las noches de bohemia, quienes la
vieron recogiendo una pensión de muerte, no creen que cuando
cantaba su tragedia, le arrojaba al auditorio ingrato que
hoy le daba la espalda, el anillo de brillantes de miles de
dólares que compraría la noche anterior en la octava avenida
de Manhattan.
No, quienes, la amaron en el ascenso no la perdonaron en la
caída, por eso los amantes del mundo, los que aún se
desangran en sus boleros trágicos y violentos, los que aún
se apuñalan por dentro con su voz de cabaretera y sus
quejidos de loba en celo, todavía, los que somos sus fans y
perdonamos sus errores, no nos conformamos con la imagen
grotesca que hizo la vida de esta diva, sino que nos
quedamos, con el Haayyyyyyyy, saliéndole del alma, cada vez
que se decía a ella misma: “¿Pero, qué te pedí?”.
Discografía de la Lupe:
Once we loved
This is my life
They call me La Lupe
Two sides of La Lupe Queen of soul
The queen in does her own thing
Definitivamente La Yiyiyi
La Lupe en Madrid
Stop I’m free again
La Samaritana( colección de canciones religiosas
Un encuentro con Curet Alonso
La Lupey el alma venezolana. |