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Edición No. 117  [Miércoles Agosto 06, 2003]

 

 

 
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¡Bienvenido a Boston, Sr. Cónsul dominicano!

 - por Isaías M. Ferreira

Quizás le resulte extraño que un desconocido muestre tanto júbilo ante su llegada, pero hace casi 3 años que lo esperábamos. Si sigue leyendo, comprenderá por qué.

Después de haber sido los hazmerreír de la comunidad hispana, y, literalmente, del mundo, por lo débil de la representación “diplomática” que nos ha tocado durante el actual gobierno, como dominicano abrigo la esperanza de que su llegada sea para dar nuevo y digno rumbo a una dependencia que en el mejor de los casos ha sido desastroza y en el peor, simplemente denigrante y vergonzante.

Llega usted justo cuando estamos hasta la “coronilla” de ineptitud, trompadas, zancadillas, “cabezadas”, escaramuzas baratas y juegos políticos que debieran ser transparentes a la comunidad toda, porque la función del cuerpo consular debe ser otra.

Por supuesto, mi entusiasmo de que el Excelentísimo Sr. Presidente, Ing. Agrónomo Hipólito Mejía Domínguez lo ha hecho bien esta vez, está basado en varias suposiciones. A saber:

Que viene usted a darnos prestigio y que no viene simplemente a jugar un papel político en que es más importante llenar un puesto, no importa que quien lo ocupe sea un patán, si “el tíguere es un político rejugao” (de acuerdo a los parámetros de los “enjabonados” que abundan en la política dominicana), que ejercer una función con altura, sabiduría, dignidad y decencia. Confiamos en que viene a lo último.

Que conoce usted a fondo su papel de diplomático y que entiende que, por su visibilidad, “el consulado debe ser ajeno a los vaivenes políticos, a la chismografía, a las mezquindades del politiqueo barato y de pacotilla”. Y por consiguiente, que el “Consulado no es un apéndice de la Seccional del partido”. O sea, que el Consulado debe ser apolítico... y si no, por lo menos debe aparentarlo.

Que si bien su deber es representar al ejecutivo y ser su vocero, usted entiende que sus funciones van más allá. Que ante todo debe representar al país con altura, vender su imagen y atraer turismo y a los empresarios para que inviertan en él; y que, sin interferir con las leyes del país anfitrión, debe actuar en defensa de los dominicanos, no importa su filiación política, raza, ni credo, y servirle con esmero y respeto, al igual que ser un foco de buena voluntad para con los naturales de todos los países que conforman la comunidad en que se desenvuelve.

Que es usted un líder con poder de decisión, que no le tiembla el pulso para tomarlas y está consciente de que el deber está por encima de las componendas que le granjeen la buena voluntad de subalternos hipersensibles y de los aventureros que de seguro se acercarán a usted para tratar de tomarle el pelo y salirse con las suyas.

Suponemos que habla usted inglés. Y si no, que se va a auxiliar de un buen vocero y una buena secretaria que lean, hablen y escriban el idioma a la perfección, aun no pertenezcan al partido oficial.

Según tenemos entendido, es usted un hombre de la entera confianza del Sr. Presidente. Como tal, suponemos que es usted un verdadero amigo de don Hipólito Mejía. Uno de los que no lo engañan ni permite que lo engañen, de los que no le ocultan nada, aun duela; que con honestidad quiere que él tenga éxito en su gestión gubernamental, no como los que abundan a su alrededor que sólo forman un anillo para que él no se percate de la realidad, y así poder ellos beneficiarse.

Sr. Cónsul, si su voluntad es triunfar en su nueva posición y no contaminarse con la ola espesa de aire maloliente y viciado que han dejado quienes le han precedido, tiene que armarse de firmeza, ponerse su careta protectora, acabar con la actitud de “business as usual” y trabajar como un condenado en el saneamiento de su entorno. Si, por el contrario, es usted un peón más de la reelección, lamentablemente debo decirle que fracasó antes de comenzar. Y esto así, irrespectivamente de si la reelección procede o no, por aquello de que la función del consulado debe ser más elevada que un simple firmar papeles y “cotorrear sin ton ni son” la línea política del momento. La imagen del consulado es la imagen del país... y eso debe respetarse, tanto, o más, que la bandera y el escudo.

Le auguramos éxito en sus funciones. Entendemos que su trabajo, por requerir la pericia de un CEO, la facilidad de palabra de un presentador de TV y la cautela, preparación y destreza de un profesional legal, no es fácil; por eso, contrario a como creen algunos señores —que por el hecho de ser activistas y residentes del área merecen ser cónsules— no todo el mundo podría ejercerlo con éxito. ¡Ser Cónsul no debe ser un relajo!

Como llega usted a predios desconocidos, es muy importante que aguce sus sentidos; por eso, sería bueno que no escuche “consejos” de los subalternos, pues a ellos no los ha llevado a ninguna parte preponderante... que antes de sentarse a la mesa, revise la silla, no sea que le hayan puesto garfios; que sacuda bien el mantel, y si es posible, lo cambie... y que revise bien la cama, no sea que en sus reales se haya posado una boa constrictor. Ah, y no se olvide de ir a la bañera, drenarla y sacar los tiburones... por su bien.

Esperamos que al término de su gestión, y mucho después en el futuro, podamos los habitantes de Nueva Inglaterra decir con orgullo: “el mejor Cónsul Dominicano en Boston de todos los tiempos, ha sido el Sr. Jacinto Díaz...”. Esa es la esperanza que abrigamos al darle la bienvenida con tanto júbilo. Perdone el haber sido tan crudo en mis planteamientos, pero las circunstancias lo requieren.

Suerte, Sr. Cónsul... créame, ¡la va a necesitar!

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