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¡Bienvenido a Boston, Sr. Cónsul
dominicano!
- por Isaías M. Ferreira
Quizás le resulte extraño que
un desconocido muestre tanto júbilo ante su llegada, pero
hace casi 3 años que lo esperábamos. Si sigue leyendo,
comprenderá por qué.
Después de haber sido los hazmerreír de la comunidad
hispana, y, literalmente, del mundo, por lo débil de la
representación “diplomática” que nos ha tocado durante el
actual gobierno, como dominicano abrigo la esperanza de que
su llegada sea para dar nuevo y digno rumbo a una
dependencia que en el mejor de los casos ha sido desastroza
y en el peor, simplemente denigrante y vergonzante.
Llega usted justo cuando estamos hasta la “coronilla” de
ineptitud, trompadas, zancadillas, “cabezadas”, escaramuzas
baratas y juegos políticos que debieran ser transparentes a
la comunidad toda, porque la función del cuerpo consular
debe ser otra.
Por supuesto, mi entusiasmo de que el Excelentísimo Sr.
Presidente, Ing. Agrónomo Hipólito Mejía Domínguez lo ha
hecho bien esta vez, está basado en varias suposiciones. A
saber:
Que viene usted a darnos prestigio y que no viene
simplemente a jugar un papel político en que es más
importante llenar un puesto, no importa que quien lo ocupe
sea un patán, si “el tíguere es un político rejugao” (de
acuerdo a los parámetros de los “enjabonados” que abundan en
la política dominicana), que ejercer una función con altura,
sabiduría, dignidad y decencia. Confiamos en que viene a lo
último.
Que conoce usted a fondo su papel de diplomático y que
entiende que, por su visibilidad, “el consulado debe ser
ajeno a los vaivenes políticos, a la chismografía, a las
mezquindades del politiqueo barato y de pacotilla”. Y por
consiguiente, que el “Consulado no es un apéndice de la
Seccional del partido”. O sea, que el Consulado debe ser
apolítico... y si no, por lo menos debe aparentarlo.
Que si bien su deber es representar al ejecutivo y ser su
vocero, usted entiende que sus funciones van más allá. Que
ante todo debe representar al país con altura, vender su
imagen y atraer turismo y a los empresarios para que
inviertan en él; y que, sin interferir con las leyes del
país anfitrión, debe actuar en defensa de los dominicanos,
no importa su filiación política, raza, ni credo, y servirle
con esmero y respeto, al igual que ser un foco de buena
voluntad para con los naturales de todos los países que
conforman la comunidad en que se desenvuelve.
Que es usted un líder con poder de decisión, que no le
tiembla el pulso para tomarlas y está consciente de que el
deber está por encima de las componendas que le granjeen la
buena voluntad de subalternos hipersensibles y de los
aventureros que de seguro se acercarán a usted para tratar
de tomarle el pelo y salirse con las suyas.
Suponemos que habla usted inglés. Y si no, que se va a
auxiliar de un buen vocero y una buena secretaria que lean,
hablen y escriban el idioma a la perfección, aun no
pertenezcan al partido oficial.
Según tenemos entendido, es usted un hombre de la entera
confianza del Sr. Presidente. Como tal, suponemos que es
usted un verdadero amigo de don Hipólito Mejía. Uno de los
que no lo engañan ni permite que lo engañen, de los que no
le ocultan nada, aun duela; que con honestidad quiere que él
tenga éxito en su gestión gubernamental, no como los que
abundan a su alrededor que sólo forman un anillo para que él
no se percate de la realidad, y así poder ellos
beneficiarse.
Sr. Cónsul, si su voluntad es triunfar en su nueva posición
y no contaminarse con la ola espesa de aire maloliente y
viciado que han dejado quienes le han precedido, tiene que
armarse de firmeza, ponerse su careta protectora, acabar con
la actitud de “business as usual” y trabajar como un
condenado en el saneamiento de su entorno. Si, por el
contrario, es usted un peón más de la reelección,
lamentablemente debo decirle que fracasó antes de comenzar.
Y esto así, irrespectivamente de si la reelección procede o
no, por aquello de que la función del consulado debe ser más
elevada que un simple firmar papeles y “cotorrear sin ton ni
son” la línea política del momento. La imagen del consulado
es la imagen del país... y eso debe respetarse, tanto, o
más, que la bandera y el escudo.
Le auguramos éxito en sus funciones. Entendemos que su
trabajo, por requerir la pericia de un CEO, la facilidad de
palabra de un presentador de TV y la cautela, preparación y
destreza de un profesional legal, no es fácil; por eso,
contrario a como creen algunos señores —que por el hecho de
ser activistas y residentes del área merecen ser cónsules—
no todo el mundo podría ejercerlo con éxito. ¡Ser Cónsul no
debe ser un relajo!
Como llega usted a predios desconocidos, es muy importante
que aguce sus sentidos; por eso, sería bueno que no escuche
“consejos” de los subalternos, pues a ellos no los ha
llevado a ninguna parte preponderante... que antes de
sentarse a la mesa, revise la silla, no sea que le hayan
puesto garfios; que sacuda bien el mantel, y si es posible,
lo cambie... y que revise bien la cama, no sea que en sus
reales se haya posado una boa constrictor. Ah, y no se
olvide de ir a la bañera, drenarla y sacar los tiburones...
por su bien.
Esperamos que al término de su gestión, y mucho después en
el futuro, podamos los habitantes de Nueva Inglaterra decir
con orgullo: “el mejor Cónsul Dominicano en Boston de todos
los tiempos, ha sido el Sr. Jacinto Díaz...”. Esa es la
esperanza que abrigamos al darle la bienvenida con tanto
júbilo. Perdone el haber sido tan crudo en mis
planteamientos, pero las circunstancias lo requieren.
Suerte, Sr. Cónsul... créame, ¡la va a necesitar! |