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Edición No. 117  [Miércoles Agosto 06, 2003]

 

 

 
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Suplemento:
Festival Dominicano de Boston

Guión para un festival
Santo Domingo es una fiesta

 - por César Sánchez Beras

Introducción musical: Tres ramas y una raíz
(Crispín Fernández)

La República Dominicana es una nación fascinante cuyo origen se remonta mucho tiempo atrás, al descubrimiento y conquista del almirante de la mar océana, Don Cristóbal Colón.

Con la llegada de la presencia española, se inicia el encuentro de culturas más importante de los últimos 500 años, y ese encuentro dio origen al sincretismo cultural y musical que constituye en la actualidad, el patrimonio de todos los dominicanos. Es una de las herencias socioculturales más relevantes del llamado Nuevo Mundo.

Desde que Don Fray Bartolomé de las Casas hiciera sus crónicas de Indias, está comprobado que el dominicano baila y baila con gusto, baila y baila acompañado o solo, baila con o sin música, baila sus penas o sus sueños, el dominicano baila por amor a bailar.

(Tema: Spain Tomatito y Michael Camilo)
Pero, ¿desde cuándo baila el dominicano?
En su libro Historia General y Natural de las Indias, don Fernández de Oviedo proclama: “Tienen estas gentes una manera muy singular de celebrar sus fiestas, la cual ellos llaman areitos, tal parece que bailaran desde el vientre de sus madres...”

La palabra areito significa música y fue la expresión más avanzada de todas las manifestaciones culturales indígenas. El pueblo taíno entonaba fiesta s con aires heroicos para conmemorar sucesos bélicos, funerales y liturgias. El areito era una expresión musical de cantos y danzas, el cual constituyó el vehículo cultural de las tribus taínas, ciguayas y macorijes. Todo lo que conocemos de estas crónicas indígenas son recreaciones, puesto que el exterminio de los nativos no dejó lugar a la continuidad histórica.

El 27 de diciembre de 1507, mediante leyes de Burgos, fue prohibido el areito, lo cual constituye el primer atropello cultural contra un grupo étnico en América.

Aun y con estas disposiciones en contra de la cultura indígena, es relevante la crónica de Fernández de Oviedo, en donde se reseñan dos grandes areitos: El primero realizado por la india Anacaona, en honor a Fray Nicolás de Ovando y el segundo, hecho por el cacique Bohechio, en donde bailaron sus 30 esposas.

(Tema: Areito por Juan Luis Guerra)
Después de 23 años de la conquista española, llega el primer contingente de raza negra. Esclavos desprendidos de sus tierras y costumbres cual si fueran animales. Gente con expresiones culturales y musicales distintas a la de los indios, gentes con vocablos extraños para decir sus realidades, gentes con dioses y temores extraños al criollo, pero gentes, gentes sanas, gentes que llegaron para formar de una desgracia común, un destino idéntico en su búsqueda incansable por la esperanza.

Llegaron de distintas plazas, con distintas lenguas con iguales rabias, llegaron con los puños crispados y con una oración indefinible a Yemallá y Changó, con un rezo guerrero a Belié y a Ochún, llegaron hablando en Bantú, en Congo y en Carabalí y como nadie entendía sus quejas, tuvieron que hablar con sus tambores, con los gritos roncos de la selva, la misma que ellos trajeron en sus dioses y que la ambición europea ató con su ignorancia y sus cadenas.

(Tema africano: De preferencia Bantú o Congolés)
La mayoría de los dominicanos está de acuerdo en que la música nuestra es de origen multirracial, que es una rama de tres raíces étnicas, conformada por la presencia española, taina y africana.

La presencia española es evidente en la literatura que acompaña nuestros ritmos, con sus versos octosílabos y sus rimas consonantes. La presencia taina se percibe en los sonidos e instrumentación de la güira, la maraca y la flauta. La presencia africana es total en los cantos responsoriales y la instrumentación en base percusiones, donde se golpean madera y cueros, como para revivir la selva que se le negó al esclavo.

Una gran variedad de ritmos autóctonos constituye el patrimonio étnico de los dominicanos, como totalidad de razas. Salves, Ga-Gá, convites, palos, atabales y todas derivaciones regionales.

En el caso particular de los palos o atabales, los instrumentos y el nombre del género músico bailable, varían mucho de una región a otra. Generalmente los instrumentos son membráfonos de una sola cara, es decir que se tocan o percuten de un solo lado. Sus medidas oscilan entre 1.20 y 1.60 metros y sus nombres pueden ser: Canuto, Cañuto, Quijombo, Quilongo, Cañón, Bambulá y Palos Catá.

Como expresión músico cultural, los palos, congos, salves, atabales, Ga-Gá y muchos otros, conforman la más genuina manifestación de la herencia afro caribeña y la vinculación armónica con el pasado indígena, europeo y africano, que conforma nuestra identidad.

(Tema musical: Ga-Gá)
Hasta aquí la historia muestra como hemos bailado en la búsqueda de nosotros mismos. Cuando éramos negros o indios, cuando queríamos ser europeos sin saber que hacer con la abuela esclava que teníamos en el traspatio. Con la bemba y la ñata que nos recordaba el pasado africano sempiterno.

Pero nos hicimos libres en aquel bautizo de febrero, nos nacieron las ganas de llamarnos de otro modo, de bailar por otros sueños, de seguir unidos a los ancestros, pero creándonos en la búsqueda diaria y así, bailando con la historia, nos hicimos pueblo.
Nosotros tenemos una historia recién hecha para explicarnos como nación y como pueblo que baila sus hazañas. Dentro de todos esos ritmos y bailes, inventamos ese abrazo sensual que le permite al hombre enamorar y coquetear a la mujer. Ese que en la parte sur es zapateo obligado y que todos conocemos como mangulina.

( Tema: Bartolina por Cuco Valoy)
Así como en lo político y social nuestro país necesitó de una mano que lo aglutinara, en lo musical, necesitábamos un líder, un guía, un elemento totalizantes, un duende que amarrara tres pasados para construir un presente armonioso. Y parimos entre todos ese duende, con sangre de tres venas y boca de una clase, nació este niño inquieto que llamamos merengue.

(Tema: Compadre Pedro Juan)
Por definición, el merengue es una música típica bailable de la Republica Dominicana, que consta de 4 partes: Paseo, Merengue, Jaleo y Coda.

El Paseo es la parte instrumental para ponerse de acuerdo la pareja, el Jaleo es la introducción del merengue, el Merengue es el baile en desarrollo y la Coda es el estribillo o coro.

Musicalmente es una pieza binaria que puede ser tocada por distintos instrumentos dependiendo de ellos el nombre que a veces se le adjudica.
Dependiendo de la región puede ser Perico Ripiao rural o Perico Ripiao urbano, y de acuerdo a la percusión puede ser, Pambiche, Pambiche Lento, Pambichino, Merengue a lo Maco, Merecumbé, Bole-mengue, Bachatarengue, Merengue House, Merenrap, etc.

Aunque en sus inicios fue mal visto e incluso se prohibió por ley, él ha sido el único elemento de la cultura dominicana capaz de meter bajo la casa de la diversidad todos los ritmos, bailes y aspiraciones de nuestro pueblo y evidenciarlo como una posición de clase que se baila y disfruta.

El merengue ha sido el duende que unió al indio, al negro y al europeo. Que juntó Zarandunga, Tumba, Sarambo, Guarapo, Callao, Fandango, Mangulina, Carabiné, Ga-Gá y Pri-Pri, para que podamos ser el pueblo que más baila en el mundo.

Otros elementos notables de nuestro ritmo son, la llegada del acordeón procedente de Alemania en el año 1874, con el cual se empobrecía musicalmente nuestra música, pero ganábamos un instrumento nuevo y la intervención militar norteamericana de 1916, lo cual motivó a Toño Abreu y a Ñico Lora a inventar el Pambiche puertoplateño, ritmo que intentaba acomodar al ritmo, a los bailamalos del norte.

(Tema: Pambiche lento)
El bolero es el discurso del corazón enamorado, la sensualidad hecha música, el deseo que se baila, el placer que se arriesga en la cintura, la ternura que se baila entre dos. El son es la caña de azúcar que se muele en las caderas, el humano trapiche de clave y de bongo, diciéndonos en sol que somos hijos fraternos del caribe. De la unión de estos ritmos nació la nueva expresión músico bailable de los dominicanos. El fenómeno musical de las últimas 4 décadas, el ambiente marginal que huele a patio, el callejón de la desesperanza, el altar que ritualiza la diosa vellonera, la música de amargue, el disco de guardia cobrao, la queja milonguera por donde se desangran millones de personas y un país, es la princesa descalza, la reina del submundo, la bachata.

(Tema: Penas, por Luis Segura)
El dominicano baila y baila bien. El dominicano baila y baila mucho. No importa el origen del baile ni la procedencia de la música. Bailamos tangos y mazurcas, valses y joropos. Pasamos de lo culto a lo popular y de lo clásico a lo folclórico. Porque lo bueno no tiene etiqueta, porque lo bello no tiene estereotipo, porque lo grande no tiene fronteras, porque lo humano nos pertenece a todos.

(Temas: Fusión de las piezas “Cuando te beso” de Juan Luis Guerra y “Baila en la calle” de Luis Díaz).

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   Beras
 
 
 
 

 

 

 

 


  
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