Suplemento:
Festival Dominicano de Boston
Guión para un
festival
Santo Domingo es una fiesta
- por César Sánchez Beras
Introducción musical: Tres
ramas y una raíz
(Crispín Fernández)
La República Dominicana es una nación fascinante cuyo origen
se remonta mucho tiempo atrás, al descubrimiento y conquista
del almirante de la mar océana, Don Cristóbal Colón.
Con la llegada de la presencia española, se inicia el
encuentro de culturas más importante de los últimos 500
años, y ese encuentro dio origen al sincretismo cultural y
musical que constituye en la actualidad, el patrimonio de
todos los dominicanos. Es una de las herencias
socioculturales más relevantes del llamado Nuevo Mundo.
Desde que Don Fray Bartolomé de las Casas hiciera sus
crónicas de Indias, está comprobado que el dominicano baila
y baila con gusto, baila y baila acompañado o solo, baila
con o sin música, baila sus penas o sus sueños, el
dominicano baila por amor a bailar.
(Tema: Spain Tomatito y Michael Camilo)
Pero, ¿desde cuándo baila el dominicano?
En su libro Historia General y Natural de las Indias, don
Fernández de Oviedo proclama: “Tienen estas gentes una
manera muy singular de celebrar sus fiestas, la cual ellos
llaman areitos, tal parece que bailaran desde el vientre de
sus madres...”
La palabra areito significa música y fue la expresión más
avanzada de todas las manifestaciones culturales indígenas.
El pueblo taíno entonaba fiesta s con aires heroicos para
conmemorar sucesos bélicos, funerales y liturgias. El areito
era una expresión musical de cantos y danzas, el cual
constituyó el vehículo cultural de las tribus taínas,
ciguayas y macorijes. Todo lo que conocemos de estas
crónicas indígenas son recreaciones, puesto que el
exterminio de los nativos no dejó lugar a la continuidad
histórica.
El 27 de diciembre de 1507, mediante leyes de Burgos, fue
prohibido el areito, lo cual constituye el primer atropello
cultural contra un grupo étnico en América.
Aun y con estas disposiciones en contra de la cultura
indígena, es relevante la crónica de Fernández de Oviedo, en
donde se reseñan dos grandes areitos: El primero realizado
por la india Anacaona, en honor a Fray Nicolás de Ovando y
el segundo, hecho por el cacique Bohechio, en donde bailaron
sus 30 esposas.
(Tema: Areito por Juan Luis Guerra)
Después de 23 años de la conquista española, llega el primer
contingente de raza negra. Esclavos desprendidos de sus
tierras y costumbres cual si fueran animales. Gente con
expresiones culturales y musicales distintas a la de los
indios, gentes con vocablos extraños para decir sus
realidades, gentes con dioses y temores extraños al criollo,
pero gentes, gentes sanas, gentes que llegaron para formar
de una desgracia común, un destino idéntico en su búsqueda
incansable por la esperanza.
Llegaron de distintas plazas, con distintas lenguas con
iguales rabias, llegaron con los puños crispados y con una
oración indefinible a Yemallá y Changó, con un rezo guerrero
a Belié y a Ochún, llegaron hablando en Bantú, en Congo y en
Carabalí y como nadie entendía sus quejas, tuvieron que
hablar con sus tambores, con los gritos roncos de la selva,
la misma que ellos trajeron en sus dioses y que la ambición
europea ató con su ignorancia y sus cadenas.
(Tema africano: De preferencia Bantú o Congolés)
La mayoría de los dominicanos está de acuerdo en que la
música nuestra es de origen multirracial, que es una rama de
tres raíces étnicas, conformada por la presencia española,
taina y africana.
La presencia española es evidente en la literatura que
acompaña nuestros ritmos, con sus versos octosílabos y sus
rimas consonantes. La presencia taina se percibe en los
sonidos e instrumentación de la güira, la maraca y la
flauta. La presencia africana es total en los cantos
responsoriales y la instrumentación en base percusiones,
donde se golpean madera y cueros, como para revivir la selva
que se le negó al esclavo.
Una gran variedad de ritmos autóctonos constituye el
patrimonio étnico de los dominicanos, como totalidad de
razas. Salves, Ga-Gá, convites, palos, atabales y todas
derivaciones regionales.
En el caso particular de los palos o atabales, los
instrumentos y el nombre del género músico bailable, varían
mucho de una región a otra. Generalmente los instrumentos
son membráfonos de una sola cara, es decir que se tocan o
percuten de un solo lado. Sus medidas oscilan entre 1.20 y
1.60 metros y sus nombres pueden ser: Canuto, Cañuto,
Quijombo, Quilongo, Cañón, Bambulá y Palos Catá.
Como expresión músico cultural, los palos, congos, salves,
atabales, Ga-Gá y muchos otros, conforman la más genuina
manifestación de la herencia afro caribeña y la vinculación
armónica con el pasado indígena, europeo y africano, que
conforma nuestra identidad.
(Tema musical: Ga-Gá)
Hasta aquí la historia muestra como hemos bailado en la
búsqueda de nosotros mismos. Cuando éramos negros o indios,
cuando queríamos ser europeos sin saber que hacer con la
abuela esclava que teníamos en el traspatio. Con la bemba y
la ñata que nos recordaba el pasado africano sempiterno.
Pero nos hicimos libres en aquel bautizo de febrero, nos
nacieron las ganas de llamarnos de otro modo, de bailar por
otros sueños, de seguir unidos a los ancestros, pero
creándonos en la búsqueda diaria y así, bailando con la
historia, nos hicimos pueblo.
Nosotros tenemos una historia recién hecha para explicarnos
como nación y como pueblo que baila sus hazañas. Dentro de
todos esos ritmos y bailes, inventamos ese abrazo sensual
que le permite al hombre enamorar y coquetear a la mujer.
Ese que en la parte sur es zapateo obligado y que todos
conocemos como mangulina.
( Tema: Bartolina por Cuco Valoy)
Así como en lo político y social nuestro país necesitó de
una mano que lo aglutinara, en lo musical, necesitábamos un
líder, un guía, un elemento totalizantes, un duende que
amarrara tres pasados para construir un presente armonioso.
Y parimos entre todos ese duende, con sangre de tres venas y
boca de una clase, nació este niño inquieto que llamamos
merengue.
(Tema: Compadre Pedro Juan)
Por definición, el merengue es una música típica bailable de
la Republica Dominicana, que consta de 4 partes: Paseo,
Merengue, Jaleo y Coda.
El Paseo es la parte instrumental para ponerse de acuerdo la
pareja, el Jaleo es la introducción del merengue, el
Merengue es el baile en desarrollo y la Coda es el
estribillo o coro.
Musicalmente es una pieza binaria que puede ser tocada por
distintos instrumentos dependiendo de ellos el nombre que a
veces se le adjudica.
Dependiendo de la región puede ser Perico Ripiao rural o
Perico Ripiao urbano, y de acuerdo a la percusión puede ser,
Pambiche, Pambiche Lento, Pambichino, Merengue a lo Maco,
Merecumbé, Bole-mengue, Bachatarengue, Merengue House,
Merenrap, etc.
Aunque en sus inicios fue mal visto e incluso se prohibió
por ley, él ha sido el único elemento de la cultura
dominicana capaz de meter bajo la casa de la diversidad
todos los ritmos, bailes y aspiraciones de nuestro pueblo y
evidenciarlo como una posición de clase que se baila y
disfruta.
El merengue ha sido el duende que unió al indio, al negro y
al europeo. Que juntó Zarandunga, Tumba, Sarambo, Guarapo,
Callao, Fandango, Mangulina, Carabiné, Ga-Gá y Pri-Pri, para
que podamos ser el pueblo que más baila en el mundo.
Otros elementos notables de nuestro ritmo son, la llegada
del acordeón procedente de Alemania en el año 1874, con el
cual se empobrecía musicalmente nuestra música, pero
ganábamos un instrumento nuevo y la intervención militar
norteamericana de 1916, lo cual motivó a Toño Abreu y a Ñico
Lora a inventar el Pambiche puertoplateño, ritmo que
intentaba acomodar al ritmo, a los bailamalos del norte.
(Tema: Pambiche lento)
El bolero es el discurso del corazón enamorado, la
sensualidad hecha música, el deseo que se baila, el placer
que se arriesga en la cintura, la ternura que se baila entre
dos. El son es la caña de azúcar que se muele en las
caderas, el humano trapiche de clave y de bongo, diciéndonos
en sol que somos hijos fraternos del caribe. De la unión de
estos ritmos nació la nueva expresión músico bailable de los
dominicanos. El fenómeno musical de las últimas 4 décadas,
el ambiente marginal que huele a patio, el callejón de la
desesperanza, el altar que ritualiza la diosa vellonera, la
música de amargue, el disco de guardia cobrao, la queja
milonguera por donde se desangran millones de personas y un
país, es la princesa descalza, la reina del submundo, la
bachata.
(Tema: Penas, por Luis Segura)
El dominicano baila y baila bien. El dominicano baila y
baila mucho. No importa el origen del baile ni la
procedencia de la música. Bailamos tangos y mazurcas, valses
y joropos. Pasamos de lo culto a lo popular y de lo clásico
a lo folclórico. Porque lo bueno no tiene etiqueta, porque
lo bello no tiene estereotipo, porque lo grande no tiene
fronteras, porque lo humano nos pertenece a todos.
(Temas: Fusión de las piezas “Cuando te beso” de Juan Luis
Guerra y “Baila en la calle” de Luis Díaz). |