Nota Editorial
Amnistía y justicia para todos
Desde la última amnistía
general concedida por el presidente Ronald Reagan en 1986,
los rumores de otra concesión similar no habían sido tan
fuertes como hasta ahora. La misma es esperada con ansiedad
por los cientos de miles de inmigrantes indocumentados que
no pudieron calificar por residencia legal en esa época y
los millones que llegaron después.
Aunque no ha sido oficialmente anunciado se comenta que el
presidente George W. Bush está estudiando los términos de la
misma. De hacerse realidad, muchos indocumentados podrían
obtener residencia legal y después de cinco años aplicar por
la naturalización.
La situación de los inmigrantes, aún los legales, se vio
negativamente afectada a raíz de los trágicos sucesos del 11
de septiembre. Entre el público en general existe la errónea
percepción de que todos los inmigrantes son malos y no
deberían tener derechos.
Para los indocumentados la vulnerabilidad es aún mayor.
Muchas organizaciones que apoyan a los inmigrantes han
estado luchando por la obtención de una amnistía para los
inmigrantes indocumentados desde antes del 9/11 y se había
logrado cierto progreso. Se debe reavivar la llama.
Dirigentes de grupos organizados a nivel de las comunidades
y grupos obreros y religiosos de muchas ciudades principales
en los Estados Unidos, incluyendo Boston, se contactaron en
la primavera del 2000 con este objetivo. Esto dio origen a
una campaña llamada “Un Millón de Voces por la
Legalización.” De allí surgió la idea de reunir un millón de
tarjetas postales con esta petición y hacérselas llegar al
presidente Bush.
Sería un acto de justicia que el presidente accediera,
aunque lo hiciera por fines políticos más que humanitarios.
Porque por más de 20 años, millones de trabajadores han
laborado casi como esclavos, percibiendo sueldos, mínimos,
sin seguro de salud, sin prestaciones sociales y bajo el
constante temor de la deportación.
Ocho millones de inmigrantes indocumentados viven
actualmente en los Estados Unidos. Legalización y amnistía
son temas muy controversiales en inmigración pero Bush ha
continuado las discusiones porque del millón de voces hay
miles que ya se están dejando oír.
Propuestas de varios lugares del país se harán llegar a
Washington el próximo 3 de octubre y el día siguiente
caravanas de varias ciudades, incluyendo Boston, viajarán a
Nueva York para participar en una demostración masiva. Los
Angeles, Huston y Miami son las otras ciudades que llevarán
caravanas a esa ciudad. Agencias comunitarias locales tienen
información acerca de esta actividad así como también sobre
la recolección de firmas o postales.
Las personas indocumentadas deben contactar esas mismas
agencias comunitarias para enterarse del proceso de
legalización una vez sea aprobada la amnistía.
Por supuesto, grupos opositores claman que la amnistía es
como un premio a las personas que han violado las leyes de
inmigración y que favorecen la legalización de posibles
terroristas. Pero las amnistías han tenido opositores desde
épocas anteriores a los actos terroristas que se han vivido
en el país. La xenofobia siempre ha existido y paliativos se
han sugerido siempre.
Por ejemplo, desde 1995 la oficina de Registro de Vehículos
de Massachussets no concede licencias de conducir a personas
indocumentadas por no tener un número de seguro social.
Recientemente, esta oficina, junto con la Coalición de
Manejo Seguro, ha formulado un proyecto de ley auspiciado
por el representante de Estado Eugene O’ Flaherty para dotar
a los indocumentados de Massachusetts con una identificación
como contribuyentes (ITIN) que les permitiría obtener una
licencia de conducir luego de pasar los exámenes requeridos.
Otros estados ya han experimentado con este sistema.
Pero algunas personas indocumentadas están pensando dos
veces antes de dar ese paso ya que el mismo revelaría su
estado ilegal. Y es que todo inmigrante indocumentado vive
con el temor de ser deportado aunque no haya cometido
ninguna falta. El ITIN es menos que una solución parcial.
La amnistía es la única manera de obtener un estado de
legalidad que muchos ya lo tienen bien ganado. Como ha dicho
Richard Gephardt, Demócrata de Missouri, si la persona ha
vivido en este país por un mínimo de cinco años, ha
trabajado, y ha respetado todas las leyes tiene la
oportunidad de participar en lo que llamamos la
“legalización merecida”.
Estados Unidos es un país de inmigrantes. Con excepción de
los indios nativos, todo el mundo ha venido de otro lugar.
Como olas de inmigración anteriores los Latinos
indocumentados vienen buscando trabajo y representan mano de
obra barata. El sector industrial ha sobrevivido por ellos.
La economía del país se ha ayudado con los inmigrantes
ilegales, que en su gran mayoría son procedentes de países
Latinos.
Se entiende que el gobierno debe tomar medidas contra el
terrorismo pero no aterrorizar a los Hispanos indocumentados
sino ayudarlos a incorporarse legalmente al sistema y seguir
contribuyendo con el engrandecimiento del país como lo han
hecho hasta ahora. |