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Edición No. 121  [Miércoles Septiembre 03, 2003]

 

 

 
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Desbrozando el camino
Los halcones no sabían que Dios es panadero
 - por Roberto Rodríguez

Hoy las campanas doblan por la sangre nuestra que corre en Iraq cada día, por causa de una guerra cuyas reales motivaciones han sido muy mal disimuladas y sus promotores todavía no saben explicar.

“En otra ocasión sigo con el tema porque —quiera Dios que me equivoque— estoy convencido de que faltará tiempo, tinta y papel para escribir de esta, que será la guerra de nunca acabar”.

Con ese párrafo terminaba esta columna en su entrega de la edición 100 de Siglo21, correspondiente al miércoles 19 de abril de este mismo año. Hacía referencia a la guerra de Iraq. Obsérvese que la entrega salió días antes de que el presidente Bush diera por “terminada” la guerra.

No sé si el mensaje se entendió entonces. Lo que sí quedó claro es que a raíz de esa publicación hubo gente que vio el señalamiento como una herejía a lo que consideraban “sacrosantas prédicas” del presidente estadounidense y sus halcones acerca del conflicto.

Igualmente decíamos que: “Lo más doloroso de todo esto es saber que la impotencia obliga a tener que esperar lo peor. La hecatombe a que conduce la inminente infinidad de esta guerra para que la sinrazón de los halcones y sus pichones entiendan el error que han cometido y por el que nuestros soldados son los primeros en pagar —y después la nación toda—, el precio de esta acción inútil y descabellada”.

Hoy las campanas doblan por la sangre nuestra que corre en Iraq cada día, por causa de una guerra cuyas reales motivaciones han sido muy mal disimuladas y sus promotores todavía no saben explicar.

Aunque sin dejar de reconocer que en principio consiguieron confundir a una buena parte de la opinión pública nacional e internacional mediante el recurso de la tergiversación y la complicidad de las grandes corporaciones periodísticas, hoy las cosas comienzan a ponerse en una mejor perspectiva para aquellos que les interese entender.

Los apostatas que se negaron a escuchar la voz de la humanidad —cuando ésta se pronunció contra la guerra aquel histórico 15 de enero—, ya comienzan a pagar su precio político. Desconocieron que esa de la humanidad es la verdadera voz de Dios. Ignoraron que Dios es panadero, que en la mañana riega el pan y en la tarde cobra su dinero. Si no pregúntele a Tony Blair que ya salió adelante y con ventaja por el camino del descrédito.
Mientras tanto, familiares de soldados de Estados Unidos estacionados en Iraq ya han iniciado a encabezar la oposición a la ocupación de ese país, enfrentados a una ”muerte por goteo” de dos efectivos por día y la probabilidad de un mayor despliegue, en lugar de una retirada. El grupo Military Families Speak Out (Familiares de Militares Alzan su Voz), fundado el pasado noviembre, incluye ahora a más de 600 familias.
Con esa actitud es como reaccionan al desafío “Bring ‘em on” (Que me los traigan) del presidente George W. Bush a la resistencia armada iraquí, y familiares y los grupos Veteranos por la Paz y Soldado Ciudadano lanzaron la contraofensiva ”Bring them home now” (Tráiganlos a casa ya), para poner fin a la presencia militar estadounidense en Iraq.

Es que de la misma forma que el público estadounidense apoyó mayoritariamente el ataque armado, por igual crece la negativa a respaldar una guerra cuya legitimidad está cada vez más cuestionada -incluso desde dentro de Washington-, y que fue rechazada desde el principio por un amplio movimiento pacifista internacional.

Es decir, que lo que afirmábamos hace cuatro meses de que la de Iraq era la guerra de nunca acabar, comienza ya a sentirse en aquellos sectores que en su momento apoyaron la guerra, pero no entendieron las implicaciones que traería el conflicto.

Todo porque esta situación que hoy viven los halcones de la Casa Blanca es muy común cuando la ignorancia y la arrogancia se juntan. Es que esa alianza tiende a confundir la fuerza de la razón con la razón de la fuerza. Siendo así, es natural que la prudencia y la inteligencia se vayan de vacaciones

Por eso no puede permitirse que la “muerte por goteo” se prolongue por mas tiempo con dos y tres soldados cayendo cada día en Iraq. Hay que salirle al frente a los halcones mediante un grito tan poderoso que sea capaz de destaparles los oídos y abrirles los sentidos:
¡Tráiganlos a casa ya!

Desbrozando el camino
Los halcones no sabían que Dios es panadero
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