Desbrozando el
camino
Los
halcones no sabían que Dios es panadero
- por
Roberto
Rodríguez
Hoy las campanas doblan por
la sangre nuestra que corre en Iraq cada día, por causa de
una guerra cuyas reales motivaciones han sido muy mal
disimuladas y sus promotores todavía no saben explicar.
“En otra ocasión sigo con el tema porque —quiera Dios que me
equivoque— estoy convencido de que faltará tiempo, tinta y
papel para escribir de esta, que será la guerra de nunca
acabar”.
Con ese párrafo terminaba esta columna en su entrega de la
edición 100 de Siglo21, correspondiente al miércoles 19 de
abril de este mismo año. Hacía referencia a la guerra de
Iraq. Obsérvese que la entrega salió días antes de que el
presidente Bush diera por “terminada” la guerra.
No sé si el mensaje se entendió entonces. Lo que sí quedó
claro es que a raíz de esa publicación hubo gente que vio el
señalamiento como una herejía a lo que consideraban
“sacrosantas prédicas” del presidente estadounidense y sus
halcones acerca del conflicto.
Igualmente decíamos que: “Lo más doloroso de todo esto es
saber que la impotencia obliga a tener que esperar lo peor.
La hecatombe a que conduce la inminente infinidad de esta
guerra para que la sinrazón de los halcones y sus pichones
entiendan el error que han cometido y por el que nuestros
soldados son los primeros en pagar —y después la nación
toda—, el precio de esta acción inútil y descabellada”.
Hoy las campanas doblan por la sangre nuestra que corre en
Iraq cada día, por causa de una guerra cuyas reales
motivaciones han sido muy mal disimuladas y sus promotores
todavía no saben explicar.
Aunque sin dejar de reconocer que en principio consiguieron
confundir a una buena parte de la opinión pública nacional e
internacional mediante el recurso de la tergiversación y la
complicidad de las grandes corporaciones periodísticas, hoy
las cosas comienzan a ponerse en una mejor perspectiva para
aquellos que les interese entender.
Los apostatas que se negaron a escuchar la voz de la
humanidad —cuando ésta se pronunció contra la guerra aquel
histórico 15 de enero—, ya comienzan a pagar su precio
político. Desconocieron que esa de la humanidad es la
verdadera voz de Dios. Ignoraron que Dios es panadero, que
en la mañana riega el pan y en la tarde cobra su dinero. Si
no pregúntele a Tony Blair que ya salió adelante y con
ventaja por el camino del descrédito.
Mientras tanto, familiares de soldados de Estados Unidos
estacionados en Iraq ya han iniciado a encabezar la
oposición a la ocupación de ese país, enfrentados a una
”muerte por goteo” de dos efectivos por día y la
probabilidad de un mayor despliegue, en lugar de una
retirada. El grupo Military Families Speak Out (Familiares
de Militares Alzan su Voz), fundado el pasado noviembre,
incluye ahora a más de 600 familias.
Con esa actitud es como reaccionan al desafío “Bring ‘em on”
(Que me los traigan) del presidente George W. Bush a la
resistencia armada iraquí, y familiares y los grupos
Veteranos por la Paz y Soldado Ciudadano lanzaron la
contraofensiva ”Bring them home now” (Tráiganlos a casa ya),
para poner fin a la presencia militar estadounidense en
Iraq.
Es que de la misma forma que el público estadounidense apoyó
mayoritariamente el ataque armado, por igual crece la
negativa a respaldar una guerra cuya legitimidad está cada
vez más cuestionada -incluso desde dentro de Washington-, y
que fue rechazada desde el principio por un amplio
movimiento pacifista internacional.
Es decir, que lo que afirmábamos hace cuatro meses de que la
de Iraq era la guerra de nunca acabar, comienza ya a
sentirse en aquellos sectores que en su momento apoyaron la
guerra, pero no entendieron las implicaciones que traería el
conflicto.
Todo porque esta situación que hoy viven los halcones de la
Casa Blanca es muy común cuando la ignorancia y la
arrogancia se juntan. Es que esa alianza tiende a confundir
la fuerza de la razón con la razón de la fuerza. Siendo así,
es natural que la prudencia y la inteligencia se vayan de
vacaciones
Por eso no puede permitirse que la “muerte por goteo” se
prolongue por mas tiempo con dos y tres soldados cayendo
cada día en Iraq. Hay que salirle al frente a los halcones
mediante un grito tan poderoso que sea capaz de destaparles
los oídos y abrirles los sentidos:
¡Tráiganlos a casa ya! |