Desbrozando el
camino
¿Fue
el 11 de setiembre dirigido desde una cueva de Afganistán?
-
por Roberto
Rodríguez
Lo mismo se cuestiona en
torno al empeño de las autoridades de coartar a los medios
de comunicación para que se abstengan de publicar versiones
que no sean las que ofrezcan las autoridades, cuando ya han
señalado que el ataque vino del exterior. ¿Qué se pretende
ocultar?
Hace dos años el mundo fue sacudido por los actos
terroristas que el 11 de setiembre costaron a Estados Unidos
cerca de tres mil vidas inocentes y un golpe económico del
que todavía no logra reponerse.
Muchas cosas sucedidas antes, durante y después de ésos
aconte-cimiento han generado una oscura nebulosa que —no se
puede negar— han sembrado dudas en torno a quiénes son los
verdaderos responsables o cómplices de esos hechos.
La fecha no puede ser mas oportuna para hacer una sugerencia
a quienes están interesados en conocer una incisiva
investigación periodística en torno a las intríngulis que
encadenan el 9/11 con muchos acontecimientos que de manera
oficial nadie se ha interesado explicar.
Preciso ahora estoy leyendo el libro “11 de septiembre 2001:
La terrible impostura” que escribe el periodista francés
Thierry Meyssan, el cual, además lleva el subtítulo: “Ningún
avión se estrelló en el Pentágono”. El mismo exhibe en
portada una foto inédita de los siguientes minutos del
impacto del aparato en la edificación militar.
La obra se concentra en exclusiva a confrontar documentos
oficiales y versiones de funcionarios en torno a esos
hechos. Lo mismo hace analogías entre antecedentes
conductuales de gobernantes de Estados Unidos en diferentes
épocas y circunstancias.
Tras descartar, hasta que se presenten pruebas convincentes,
el autor cuestiona la versión del avión que se estrelló en
el Pentágono, y para ello nada mejor que la fotografía
tomada por un particular desde un edificio cercano en el
momento que llegan los bomberos a la escena.
Después de confrontar una serie de testimonios y hacer
observaciones, el autor concluye que el impacto del
Pentágono “podría corresponder al disparo de un misil de
última generación del tipo AGM, provisto de una carga hueca
y una punta de uranio empobrecido del tipo BLU, guiado por
GPS. Este tipo de aparato tiene la apariencia de un pequeño
avión caza, puede ser guiado con la precisión suficiente
[...] y provoca –independientemente de su efecto de
perforación— un incendio instantáneo que emite un calor de
más de 2000 grados Celsius”.
Lo mismo se cuestiona en torno al empeño de las autoridades
de coartar a los medios de comunicación para que se
abstengan de publicar versiones que no sean las que ofrezcan
las autoridades, cuando ya han señalado que el ataque vino
del exterior. ¿Qué se pretende ocultar?
De igual forma sucede con la sorprendente coincidencia de
que Bush se encontraba en una escuela de Florida y pudo ver
el momento en que el primer avión se estrella en una de las
torres a través de una pantalla de televisión instalada en
el centro de seguridad que se había levantado en el plantel
con motivo de su visita.
Tanto la deficiencia de los controladores aéreos y la
displicencia de los organismos de defensa aérea, así como la
forma de caída de las torres, llevan al autor a plantear la
posibilidad de que las torres fueron dinamitadas en su base,
razón por la se desplomaron hacia abajo y no de forma
horizontal.
Meyssan hace interesante referencia a la existencia en el
edificio 7 del complejo de World Trader Center, de una
instalación en dos pisos de una dependencia de la Agencia
Central de Inteligencia (CIA) que momento después de
estrellarse los aviones, comenzó a arder —de forma
inexplicable—, y no paró hasta que se desplomó también.
Según la versión, esa agencia fue instalada allí después de
la Guerra Fría y su función era realizar espionajes
financieros que, de acuerdo al autor, disgustaban a jerarca
militares del Departamento de Defensa y el FBI.
Pero aún mas, partiendo de un plan de acción diseñado por la
CIA en la década de los 60’s para justificar un ataque
contra Cuba, y cuyos documentos aparecen en el libro, el
autor confronta las dos realidades y pone el dedo en la
llaga dejando abierta la posibilidad de que alguien dentro
del gobierno norteamericano tenía conocimiento de los hechos
del 11 de setiembre.
La hipótesis se plantea partiendo de que no hay manera de
explicar cómo los “kamikazes” tuvieron acceso a los códigos
de comunicación de los organismos de inteligencia como para
supuestamente dislocar al Departamento de Defensa que dirige
la seguridad nacional.
En ese sentido Meyssan refiere que los terro-ristas
disponían de apoyo logísticos de equipos de tierra,
instalaron dos balizas que guiaron a los aviones hacia las
torres, limitaron la tragedia humana previniendo a los
ocupantes y dinamitaron tres edificios bajo la mirada de
servicios de información tan atentos como pasivos.
¿Una operación así pudo ser concebida y dirigida desde una
cueva de Afganistán y realizada por un puñado de
fundamentalista islámico? Si lee el libro usted podría
encontrar respuesta a esta pregunta que hace el autor. |