Nota Editorial
La Justicia vs los Derechos Humanos
De un solo martillazo, la
Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos condenó
recientemente a millones de trabajadores indocumentados a
trabajar sometidos al maltrato y los abusos de las empresas
y patronos inescrupulosos que se aprovechan de su situación
legal.
El veredicto determinó que los trabajadores indocumentados
en este país no gozan ante la ley de las mismas protecciones
que los empleados estadounidenses legales aún cuando son
despedidos injustamente de sus puestos de trabajo.
La sentencia se emitió durante el juicio en el que estaban
involucrados la fábrica de Plástico Hoffman y la Junta
Nacional de Relaciones Laborales (NLRB). Esta agencia,
solicitaba a los tribunales que la empresa le pagara al
trabajador mexicano José Castro, 67 mil dólares en salarios
atrasados.
Castro, indocumentado, había sido despedido de la empresa
californiana cuando trataba de organizar un sindicato.
Los jueces se pronunciaron en contra de obligar a la empresa
a pagarle a Castro, alegando que esa decisión violaría las
leyes migratorias del país. Amparándose en el cumplimiento
de esta legislación, los jueces olvidaron la ley suprema de
toda sociedad: la protección del ser humano, más allá de su
condición social o ciudadana.
Gracias a este dictamen, los trabajadores indocumentados no
podrán ser defendidos ni representados por las uniones
sindicales y más que nunca, quedarán expuestos a todo tipo
de vejaciones por parte de sus empleadores, que ahora
cuentan con un precedente legal para perpetuar sus
injusticias.
La vergonzosa decisión de los 9 jueces de la Suprema Corte –
5 votaron a favor y 4 en contra- parece ignorar a los 11
millones de trabajadores indocumentados que existen en
Estados Unidos, muchos de los cuales realizan el trabajo
sucio que los trabajadores americanos no quieren realizar en
las fábricas y centros laborales mal pagadas, insalubres y
de alto riesgo que hay en el país.
A pesar que son ilegales, estos inmigrantes indocumentados
cumplen sus labores con sacrificio y dedicación,
contribuyendo a la riqueza de las empresas en las que
trabajan y por ende, del país en el que viven.
Las organizaciones defensoras de los derechos humanos han
alzado su voz en contra de esta injusta y retrógrada
legislación. También el senador demócrata Edward Kennedy se
ha comprometido en empujar una ley que anule el veredicto de
los jueces.
Por su parte, el Departamento de Trabajo ya se pronunció
públicamente respecto al caso y envió un mensaje claro y
rotundo a los empleadores: las leyes se harán cumplir
vigorosamente para proteger a todos los trabajadores
inmigrantes, incluyendo a los ilegales, de cualquier forma
de abuso y explotación, tal como lo establecen las normas
vigentes.
Felizmente, la última palabra aún no está dicha. |