Nota Editorial
Has
lo que yo digo, pero no lo que yo hago
En un recorrido por varias
naciones latinoamericanas y de paso por Buenos Aires, el
subsecretario para América latina del Departamento de
Estado, Otto Reich enumeró las condiciones que según él
debía tener el próximo presidente argentino que debe ser
elegido el 30 de marzo del próximo año.
A su juicio, el mandatario “ideal” para Washington debe:
· “Respetar el libre mercado”.
· “Respetar las libertades individuales”.
· “Respetar los derechos humanos”.
· “Respetar las oportunidades económicas verdaderas -no solo
retóricas- para sus pueblos”.
· “No ser una amenaza para sus vecinos y tener buenas
relaciones con ellos”.
· “No dar ningún apoyo al narcotráfico, al terrorismo
internacional ni al crimen internacional”.
El perfil de candidato deseado por el gobierno de George
Bush - modelo tipo para el resto de América Latina- es toda
una alegoría al sarcasmo político. En otras palabras, la
administración republicana dice a los gobiernos de
Latinoamérica: “Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”.
No deja de ser irónico que los republicanos de la Casa
Blanca pidan a los países de América Latina respeto por el
libre mercado cuando ellos son precisamente los responsables
de las políticas proteccionistas y los subsidios que han
empobrecido a las empresas nacionales y al agro de la
región.
¿Y cómo puede el gobierno republicano asociar las
oportunidades económicas “verdaderas” de los pueblos con la
imparable globalización económica que ellos mismos promueven
en el mundo y que, en los hechos, significa un incremento en
el poder de las mega corporaciones y una mayor desigualdad
social de los pueblos?
¿Y cómo entender su exigencia de respeto a los derechos
humanos cuando en su propia casa los derechos civiles de
millones de inmigrantes están siendo cuestionados y, al
mismo tiempo, en el orden mundial se niega a reconocer la
Corte Penal Internacional que acaba de ser aprobada por las
Naciones Unidas y que intenta juzgar los crímenes de guerra,
masacres y las torturas que se promuevan en cualquier nación
del planeta?
Finalmente, en este decálogo del buen presidente, se sugiere
promover la ayuda y el buen entendimiento con los países
vecinos. La invocatoria tiene que haber crispado los nervios
a más de un argentino en estos momentos en que el gobierno
de Washington, sabedor de la urgencia que tiene Argentina de
una fuerte inyección de recursos para salir de la crisis en
la que se debate, le niega auxilio y le impone condiciones
verdaderamente leoninas para poder soltarle algunos dólares.
Teniendo en cuenta que en los próximos días llega a
Argentina una misión especial del gobierno norteamericano
para estudiar la posibilidad de dar una ayuda al empobrecido
país, la sugerencia de Reich sonó a imposición para muchos
políticos locales.
Cuando Reich concluyó su teoría del perfecto presidente
latinoamericano, un periodista argentino practicando también
el cinismo le preguntó al embajador por qué no había
incluido la lucha contra la corrupción, haciendo alusión al
escándalo financiero que conmueve a Wall Street.
La respuesta, por supuesto, no fue convincente.
Siempre se ha dicho que Estados Unidos nunca ha diseñado una
política para América Latina. Ya es tiempo que lo haga. El
hecho que no haya estrategias para la región no significa
necesariamente que no se produzcan respuestas políticas de
esos países.
Pese a los deseos de Estados Unidos, Chávez volvió a la
presidencia en Venezuela, Evo Morales salió segundo en las
elecciones de Bolivia y Lula se perfila cada vez más nítido
en Brasil. Tal vez estas no son precisamente las respuestas
que el presidente Bush espera de América Latina. |