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 Edición No. 064  [Miércoles Julio 17, 2002]

 

 

 
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Nota Editorial
Has lo que yo digo, pero no lo que yo hago

En un recorrido por varias naciones latinoamericanas y de paso por Buenos Aires, el subsecretario para América latina del Departamento de Estado, Otto Reich enumeró las condiciones que según él debía tener el próximo presidente argentino que debe ser elegido el 30 de marzo del próximo año.

A su juicio, el mandatario “ideal” para Washington debe:

· “Respetar el libre mercado”.

· “Respetar las libertades individuales”.

· “Respetar los derechos humanos”.

· “Respetar las oportunidades económicas verdaderas -no solo retóricas- para sus pueblos”.

· “No ser una amenaza para sus vecinos y tener buenas relaciones con ellos”.

· “No dar ningún apoyo al narcotráfico, al terrorismo internacional ni al crimen internacional”.

El perfil de candidato deseado por el gobierno de George Bush - modelo tipo para el resto de América Latina- es toda una alegoría al sarcasmo político. En otras palabras, la administración republicana dice a los gobiernos de Latinoamérica: “Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”.

No deja de ser irónico que los republicanos de la Casa Blanca pidan a los países de América Latina respeto por el libre mercado cuando ellos son precisamente los responsables de las políticas proteccionistas y los subsidios que han empobrecido a las empresas nacionales y al agro de la región.

¿Y cómo puede el gobierno republicano asociar las oportunidades económicas “verdaderas” de los pueblos con la imparable globalización económica que ellos mismos promueven en el mundo y que, en los hechos, significa un incremento en el poder de las mega corporaciones y una mayor desigualdad social de los pueblos?

¿Y cómo entender su exigencia de respeto a los derechos humanos cuando en su propia casa los derechos civiles de millones de inmigrantes están siendo cuestionados y, al mismo tiempo, en el orden mundial se niega a reconocer la Corte Penal Internacional que acaba de ser aprobada por las Naciones Unidas y que intenta juzgar los crímenes de guerra, masacres y las torturas que se promuevan en cualquier nación del planeta?

Finalmente, en este decálogo del buen presidente, se sugiere promover la ayuda y el buen entendimiento con los países vecinos. La invocatoria tiene que haber crispado los nervios a más de un argentino en estos momentos en que el gobierno de Washington, sabedor de la urgencia que tiene Argentina de una fuerte inyección de recursos para salir de la crisis en la que se debate, le niega auxilio y le impone condiciones verdaderamente leoninas para poder soltarle algunos dólares.

Teniendo en cuenta que en los próximos días llega a Argentina una misión especial del gobierno norteamericano para estudiar la posibilidad de dar una ayuda al empobrecido país, la sugerencia de Reich sonó a imposición para muchos políticos locales.

Cuando Reich concluyó su teoría del perfecto presidente latinoamericano, un periodista argentino practicando también el cinismo le preguntó al embajador por qué no había incluido la lucha contra la corrupción, haciendo alusión al escándalo financiero que conmueve a Wall Street.

La respuesta, por supuesto, no fue convincente.

Siempre se ha dicho que Estados Unidos nunca ha diseñado una política para América Latina. Ya es tiempo que lo haga. El hecho que no haya estrategias para la región no significa necesariamente que no se produzcan respuestas políticas de esos países.

Pese a los deseos de Estados Unidos, Chávez volvió a la presidencia en Venezuela, Evo Morales salió segundo en las elecciones de Bolivia y Lula se perfila cada vez más nítido en Brasil. Tal vez estas no son precisamente las respuestas que el presidente Bush espera de América Latina.

 
 
 
 
 
 
 
 

 

 

 

 

   
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