Regional
¿Los
Demócratas tejiendo la soga?
La renuncia de Grossman abre
interrogantes
- por Roberto Rodriguez
BOSTON.- El retiro de la
candidatura de Steve Grossman a la nominación para la
gobernación de Massachusetts por el Partido Demócrata ha
generado muy pocas expectativas en los demás aspirantes por
esa organización en cuanto a obtener el beneficio de los
votos de sus seguidores en las primarias comiciales, pero sí
ha dejado abiertas algunas interrogantes.
Contrario a lo que se le atribuye haber dicho a Napoleón de
que “para ganar una guerra se necesitan tres cosas: dinero,
dinero y más dinero”, Steve Grossman se ha visto precisado a
renunciar a sus aspiraciones debido a que aunque tenía un
relativamente sólido respaldo económico, su candidatura
jamás impactó en los seguidores del Partido Demócrata,
aunque a la vez hay que reconocer que no era la que se
encontraba en peores condiciones entre los cinco aspirantes.
Es verdad que un 9 por ciento de posibilidades dentro de los
potenciales votantes demócratas no tiene gran significado,
pero la interrogante por qué no renunciaron primero aquellos
candidatos se encuentra electoralmente en peor situación.
Una encuesta de 600 votantes democráticos conducidos por su
campaña la semana pasada demostró que Grossman apenas
acumulaba un 9 por ciento, frente a 28 por ciento para
O’Brien, a 20 por ciento para el Reich, 8 por ciento para
Birmingham y a 5 por ciento para Tolman.
Hay que aceptar que ante una robusta candidatura como la de
Shannon O’Brien que hasta ahora acumula el respaldo de un 28
por ciento de los posibles votantes demócratas, los
analistas entienden que la decisión de Grossman ha sido
“atinada y oportuna”, aunque no dejan de reconocer que
podría ser parte de un plan dirigido a garantizar la
integridad del partido más allá de las primarias.
Steve Grossman, de 56 años y de origen ruso, pese a la
influencia que pudo haber tenido a lo interno del partido
por haber desempeñado la presidencia del Comité Estatal y el
Nacional, poseer respaldo económico, ser reconocido hasta
por su contrario como un “buen demócrata” y un renovador
consuetudinario, inexplicablemente su candidatura se atascó,
pero de ninguna manera a los niveles de otros, que era por
donde debieron comenzar las renuncias.
La retirada de Grossman deja ahora la competencia demócrata,
además de O’Brien, en las candidaturas de Robert Reich,
Warren Tolman y Birmingham.
Al renunciante se le reconoce como un hombre entregado a la
continua renovación, y que es probable que ello le llevara a
comportarse como un hombre del partido, al cual pone por
encima de los intereses particulares, por lo que
probablemente ni siquiera se le escuche hacer juicio en
torno a las causas colaterales que afectaron el impacto de
su candidatura.
Entonces, si se plantea la hipótesis de que no es el peor de
los cinco candidatos, ni el que se encontraba en la
situación más desfavorable, se supone que la renuncia de
Grossman es la llave que abre la puerta por donde saldrán
otros candidatos demócratas cuyos números no alientan
ninguna esperanza.
De ocurrir esa situación, se plantearían entonces las
negociaciones, porque si bien un 9 por ciento de Grossman no
tiene mayor significado, otra cosa sería el 23 por ciento
que agruparían los tres candidatos minoritarios para
inclinar la balanza en las primarias en favor del aspirante
que sea favorecido con el apoyo.
Aunque de inmediato Grossman ha dicho que no tiene decidido
apoyar a ninguno de los candidatos, la estrategia podría ser
un metamensaje dirigido a los demás candidatos minoritarios
a que renuncien y entonces desde fuera producir una alianza
que decida la elección del candidato demócrata a la
gobernación.
Se plantea así la cosa, tomando en consideración que Steve
Grossman no era el más malo de los candidatos ni el que en
número ni apoyo económico estaba en la peor situación, pero
sí hay que dejar establecido que es un hombre de partido.
Para hacer el juicio debe considerarse que el renunciante ha
sido presidente estatal y nacional del Partido Demócrata y
ese hecho le permite tener una visión mejor terminada en
torno al que considera debe ser el candidato de la
organización en la presente coyuntura política.
Más que nada si se toma en cuenta que cómo marchan las cosas
políticamente en torno al Partido Republicano, es probable
que los demócratas comiencen a dar pasos en dirección a
evitar en lo posible el desperdicio de recurso, energía,
votos y candidatos para las elecciones de medio tiempo de
noviembre próximo.
Si así fuera, debe quedar claro entonces que los demócratas
pudieran estar tejiendo la soga con la que se proponen
amarrar la mayoría en ambas cámaras legislativas y las
gobernaciones estatales, avalados y motivados por los
escándalos financieros que han comenzado a resquebrajar la
popularidad de la administración republicana y del mismo
presidente Bush. |