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 Edición No. 064  [Miércoles Julio 17, 2002]

 

 

 
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¿Los Demócratas tejiendo la soga?
La renuncia de Grossman abre interrogantes

 - por Roberto Rodriguez

BOSTON.- El retiro de la candidatura de Steve Grossman a la nominación para la gobernación de Massachusetts por el Partido Demócrata ha generado muy pocas expectativas en los demás aspirantes por esa organización en cuanto a obtener el beneficio de los votos de sus seguidores en las primarias comiciales, pero sí ha dejado abiertas algunas interrogantes.

Contrario a lo que se le atribuye haber dicho a Napoleón de que “para ganar una guerra se necesitan tres cosas: dinero, dinero y más dinero”, Steve Grossman se ha visto precisado a renunciar a sus aspiraciones debido a que aunque tenía un relativamente sólido respaldo económico, su candidatura jamás impactó en los seguidores del Partido Demócrata, aunque a la vez hay que reconocer que no era la que se encontraba en peores condiciones entre los cinco aspirantes.

Es verdad que un 9 por ciento de posibilidades dentro de los potenciales votantes demócratas no tiene gran significado, pero la interrogante por qué no renunciaron primero aquellos candidatos se encuentra electoralmente en peor situación.

Una encuesta de 600 votantes democráticos conducidos por su campaña la semana pasada demostró que Grossman apenas acumulaba un 9 por ciento, frente a 28 por ciento para O’Brien, a 20 por ciento para el Reich, 8 por ciento para Birmingham y a 5 por ciento para Tolman.

Hay que aceptar que ante una robusta candidatura como la de Shannon O’Brien que hasta ahora acumula el respaldo de un 28 por ciento de los posibles votantes demócratas, los analistas entienden que la decisión de Grossman ha sido “atinada y oportuna”, aunque no dejan de reconocer que podría ser parte de un plan dirigido a garantizar la integridad del partido más allá de las primarias.

Steve Grossman, de 56 años y de origen ruso, pese a la influencia que pudo haber tenido a lo interno del partido por haber desempeñado la presidencia del Comité Estatal y el Nacional, poseer respaldo económico, ser reconocido hasta por su contrario como un “buen demócrata” y un renovador consuetudinario, inexplicablemente su candidatura se atascó, pero de ninguna manera a los niveles de otros, que era por donde debieron comenzar las renuncias.

La retirada de Grossman deja ahora la competencia demócrata, además de O’Brien, en las candidaturas de Robert Reich, Warren Tolman y Birmingham.

Al renunciante se le reconoce como un hombre entregado a la continua renovación, y que es probable que ello le llevara a comportarse como un hombre del partido, al cual pone por encima de los intereses particulares, por lo que probablemente ni siquiera se le escuche hacer juicio en torno a las causas colaterales que afectaron el impacto de su candidatura.

Entonces, si se plantea la hipótesis de que no es el peor de los cinco candidatos, ni el que se encontraba en la situación más desfavorable, se supone que la renuncia de Grossman es la llave que abre la puerta por donde saldrán otros candidatos demócratas cuyos números no alientan ninguna esperanza.

De ocurrir esa situación, se plantearían entonces las negociaciones, porque si bien un 9 por ciento de Grossman no tiene mayor significado, otra cosa sería el 23 por ciento que agruparían los tres candidatos minoritarios para inclinar la balanza en las primarias en favor del aspirante que sea favorecido con el apoyo.

Aunque de inmediato Grossman ha dicho que no tiene decidido apoyar a ninguno de los candidatos, la estrategia podría ser un metamensaje dirigido a los demás candidatos minoritarios a que renuncien y entonces desde fuera producir una alianza que decida la elección del candidato demócrata a la gobernación.

Se plantea así la cosa, tomando en consideración que Steve Grossman no era el más malo de los candidatos ni el que en número ni apoyo económico estaba en la peor situación, pero sí hay que dejar establecido que es un hombre de partido.

Para hacer el juicio debe considerarse que el renunciante ha sido presidente estatal y nacional del Partido Demócrata y ese hecho le permite tener una visión mejor terminada en torno al que considera debe ser el candidato de la organización en la presente coyuntura política.

Más que nada si se toma en cuenta que cómo marchan las cosas políticamente en torno al Partido Republicano, es probable que los demócratas comiencen a dar pasos en dirección a evitar en lo posible el desperdicio de recurso, energía, votos y candidatos para las elecciones de medio tiempo de noviembre próximo.

Si así fuera, debe quedar claro entonces que los demócratas pudieran estar tejiendo la soga con la que se proponen amarrar la mayoría en ambas cámaras legislativas y las gobernaciones estatales, avalados y motivados por los escándalos financieros que han comenzado a resquebrajar la popularidad de la administración republicana y del mismo presidente Bush.

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