Opinión
Complejo de cowboy
- por Jorge Ramos Avalos
A los norteamericanos les
encanta la imagen –el mito– del cowboy que entra a un pueblo
hostil montado a caballo y que somete a los malos, él
solito, gracias a su valentía, astucia y rapidez para
manejar el revólver. Esta imagen se repite no sólo en los
‘westerns’ de Hollywood, sino en los periódicos y noticieros
de este tercer milenio.
Nunca falta el día en que nos enteramos de que Estados
Unidos actuó solo en alguna crisis internacional y sin el
apoyo de otros países del mundo. Por eso acusan
frecuentemente al gobierno estadounidense de ser
unilateralista. Las críticas vienen sobre todo de la Unión
Europea –que experimenta exitosamente con la noción de
actuar en conjunto y en consenso– y de los países menos
desarrollados en África, Asia y América Latina cuando el
gigante del norte impone su voluntad.
Actualmente hay al menos tres temas en los que Estados
Unidos ha actuado como el cowboy de la película y que tiene
echando humo al resto del mundo:
1) El primero es la negativa norteamericana a apoyar la
recientemente creada Corte Penal Internacional; la excusa es
que no quieren que sus soldados en misiones internacionales,
como en Bosnia, sean acusados injustamente de violación a
los derechos humanos. La realidad es que a Estados Unidos
nunca le ha gustado que la ONU se meta con su soberanía y,
menos aún, con su ejército.
2) El segundo tema es la triste decisión norteamericana de
no firmar el Protocolo de Kyoto, un plan internacional para
reducir las emisiones tóxicas al medio ambiente. Imperfecto,
es cierto, pero es el único que existe.
3) Y el tercer motivo de discordia y enojo son los subsidios
multimillonarios que Estados Unidos otorga a sus productores
de granos y otros alimentos; esa competencia desleal
repercute negativamente en la subsistencia de millones de
familias campesinas alrededor del orbe.
Hay más ejemplos, pero no me quiero alargar
innecesariamente. Ya entienden el punto. Estados Unidos,
cuando le conviene, actúa solo. Como un vaquero del viejo
oeste. Es el complejo de cowboy.
Lo que pasa es que los norteamericanos están acostumbrados a
tomar muchas decisiones unilaterales… y luego que el mundo
se atenga a las consecuencias. Sobre todo tras el fin de la
guerra fría, Estados Unidos se siente y actúa como la única
superpotencia del planeta. Le ganó la batalla a los
soviéticos y demostró que era su sistema –y no el comunismo–
el que podía exportarse al resto del orbe. Los imperios
romano, británico u otomano nunca tuvieron el alcance de la
actual hegemonía norteamericana.
Dinesh D’Souza, en un extraordinario y controversial libro,
argumenta que la interacción de tres factores –ciencia,
democracia y capitalismo– ha producido la riqueza y
fortaleza de la civilización occidental y, en particular, de
Estados Unidos. Pero va más allá. En el libro “What’s so
Great About America” (traducido como Las Virtudes de la
Prosperidad), D’Souza identifica el elemento que ha hecho de
Estados Unidos una nación única en el mundo: la
autodeterminación de cada uno de sus habitantes.
“En Estados Unidos tú puedes escribir el guión de tu propia
vida”, asegura D’Souza, un inmigrante hindú que trabajó como
analista político durante la presidencia de Ronald Reagan.
“La noción de que uno es el arquitecto de su propio destino
es una idea increíblemente poderosa y que está detrás del
atractivo que tiene Estados Unidos en el mundo”.
En otras palabras, en Estados Unidos uno puede reinventarse:
un obrero muerto de hambre en América Latina puede
convertirse aquí en el dueño de casa, coche y un pequeño
negocio; un desempleado en África puede terminar dirigiendo
una corporación multinacional; una mujer, obligada a casarse
en la India o Afganistán con el hombre que su familia desee,
puede escoger aquí con plena libertad vivir en amasiato con
el amor de su vida; un niño de escasos recursos y, en la
práctica, huérfano de padre –como Bill Clinton– puede ir a
las mejores universidades (como Harvard y Oxford) y
convertirse en presidente de la nación.
Aquí, parece, casi todo es posible. ¿Qué otro país puede
decir lo mismo? Esa es la tesis de D’Souza.
Este es un país de inmigrantes y de descendientes de
inmigrantes donde todos vivimos en carne propia o conocemos
a alguien que empezó desde abajo y triunfó en el mundo de
los negocios, la política, la ciencia, las artes o el
espectáculo. Y esa convicción de que uno, solo, puede
rehacer su vida y salir adelante, es la esencia del complejo
de cowboy y de este país.
Lo mejor –y lo peor– de Estados Unidos está en esa actitud
de llanero solitario.
Ha creado, sí, la nación más rica y poderosa de la historia
en sólo 226 años. Pero en la arrogancia de creer que esta
manera de actuar –unilateral, aislada, sin buscar consensos–
es la única válida en un mundo tan complejo como el nuestro
está, sin duda, su mayor debilidad.
Ojalá que el cowboy esté bien agarrado al caballo. |