Opinión
Nuevos presidentes en Colombia y Bolivia
- por Isaac Bigio
El 6 y 7 de agosto Bolivia y
Colombia tendrán nuevos presidentes. Ambos serán gobiernos
que se enfrenten a significativas y radicalizadas
oposiciones y su destino influirá al del continente.
Mientras las elecciones colombianas del 26 de mayo arrojaron
un claro vencedor y Alvaro Uribe ha tenido más de 2 meses
para preparar su futura gestión, los comicios bolivianos del
30 de junio no han dado un claro triunfador y aún no se
tiene certeza quién será el nuevo mandatario y cuál será su
coalición de gobierno.
En ambos países hay una tradicional alta abstención, fruto
de una desconfianza en el sistema. Sin embargo, en Colombia
Uribe ganó en primera vuelta con el 53% de los sufragios
válidos, mientras que en Bolivia nadie ha llegado si quiera
al cuarto de la votación.
Colombia y Bolivia han votado en direcciones opuestas. En
los Andes del norte el descontento fue dirigido hacia un
proceso de paz que era acusado de no rendir frutos y Alvaro
Uribe ha irrumpido con un mandato claro en favor de imponer
mano dura contra la guerrilla colombiana, la más antigua y
fuerte del hemisferio.
En el altiplano andino lo que ha crecido es la
insatisfacción hacia el modelo neo-liberal que el MNR y
Sánchez de Lozada impusieron desde 1985. En la principal
nación exportadora de cocaína ha ganado la derecha dura, en
la que fuera la principal nación productora de coca quien
más ha crecido en los comicios ha sido la izquierda dura.
Si Uribe y Morales llegaran esa misma semana a la
presidencia de sus respectivos países se produciría un
significativo choque. Morales está a la izquierda de Chávez
y de Lula. Uribe, en cambio, está a la derecha de la mayor
parte de los presidentes de la región. Mientras Uribe pide
erradicar forzosamente la producción de la coca y propone la
militarización para acabar con la guerrilla, Morales es un
cocalero que quiere el libre cultivo y comercialización de
dicha hoja, y que trabaja y quiere gobernar con líderes que
anteriormente organizaron guerrillas. Mientras Uribe busca
la ayuda militar norteamericana, Morales ha dirigido
manifestaciones violentas contra la DEA y pide la expulsión
de las tropas estadounidenses de su país.
Washington ha lanzado su veto contra un eventual gobierno de
Evo. Uribe, por el contrario, aparece como el nuevo
presidente más a tono con la nueva cruzada anti-terrorista
pregonada por Bush desde el 11 de septiembre. Mientras la
salida esencialmente militar se ha venido imponiendo en
Afganistán y Palestina, y está ad portas de implementarse en
Irak, ésta aún no se había venido desarrollando en relación
a los 2 principales conflictos armados al sur de los EEUU
(México y Colombia).
Uribe va a construir una de las administraciones más
cercanas a la actual doctrina republicana estadounidense. El
promete que potenciará a las fuerzas armadas y policiales
colombianas, incrementando su número, armamento y
presupuesto, y rodeándolas de un millón de informantes y de
200,000 guardias privados que deberán trabajar con ellos.
Mientras Colombia tendrá una administración fuerte, basada
en una mayoría electoral y parlamentaria, y con fuerte apoyo
de EEUU, el nuevo gobierno boliviano nacerá débil y jaqueado
por movimientos sociales que se sienten fuertes.
Lo más probable es que Sánchez de Lozada vuelva a la
presidencia, pero lo hará teniendo que buscar alianzas
parlamentarias con fuerzas tradicionalmente enemigas, y
teniendo al frente a un ascenso sindical acostumbrado a
organizar bloqueos y huelgas radicalizadas. Sánchez deberá
hacer concesiones frente a un grueso del electorado que
quisiera que el gas (principal riqueza nacional legal) pase
a manos públicas.
Uribe, por lo opuesto, va a continuar con el modelo de libre
mercado y de privatizaciones, y la represión anti-terrorista
será utilizada para consolidar dicho modelo.
La izquierda colombiana quedó tercera en las elecciones con
poco más del 5%. Los sindicatos allí no son una fuerza
mayoritaria. La guerrilla tiene peso en diversas regiones
pero no cuenta con una masiva aprobación popular. En Bolivia
la izquierda sale de su margina-lidad apareciendo a la
cabeza de sindicatos muy fuertes y con una masiva base
social, particularmente en las comunidades y las grandes
urbes andinas.
Uribe apostará por sacar a Colombia de sus crisis eco-social
mediante una administración muy dura que derrote a la
subversión armada. En Bolivia, es posible que el nuevo
presidente no acabe su mandato quinquenal y que el país
pueda entrar en un estallido social. La oposición armada
colombiana quisiera una revolución a la cubana, aunque en 40
años no ha podido hacerla. La oposición izquierdista
boliviana puede llegar a producir un cuadro donde se repita
una revolución espontánea como la ocurrida hace 50 Abriles.
Todo apunta a indicar que tanto Bolivia como Colombia
tendrán presidentes afines, los mismos que contarán con el
beneplácito de Washington y las instituciones
internacionales afines. Sin embargo, ellos tendrán nuevos
desafíos y si no logran consolidarse existe el peligro que
se vuelva a situaciones como las de 1940s donde ambos países
conocieron serios estallidos sociales.
El autor es ANALISTA INTERNACIONAL LONDON SCHOOL OF
ECONOMICS & POLITICAL SCIENCES |