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 Edición No. 065  [Miércoles Julio 24, 2002]

 

 

 
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Opinión
Nuevos presidentes en Colombia y Bolivia
 - por Isaac Bigio

El 6 y 7 de agosto Bolivia y Colombia tendrán nuevos presidentes. Ambos serán gobiernos que se enfrenten a significativas y radicalizadas oposiciones y su destino influirá al del continente.

Mientras las elecciones colombianas del 26 de mayo arrojaron un claro vencedor y Alvaro Uribe ha tenido más de 2 meses para preparar su futura gestión, los comicios bolivianos del 30 de junio no han dado un claro triunfador y aún no se tiene certeza quién será el nuevo mandatario y cuál será su coalición de gobierno.

En ambos países hay una tradicional alta abstención, fruto de una desconfianza en el sistema. Sin embargo, en Colombia Uribe ganó en primera vuelta con el 53% de los sufragios válidos, mientras que en Bolivia nadie ha llegado si quiera al cuarto de la votación.

Colombia y Bolivia han votado en direcciones opuestas. En los Andes del norte el descontento fue dirigido hacia un proceso de paz que era acusado de no rendir frutos y Alvaro Uribe ha irrumpido con un mandato claro en favor de imponer mano dura contra la guerrilla colombiana, la más antigua y fuerte del hemisferio.

En el altiplano andino lo que ha crecido es la insatisfacción hacia el modelo neo-liberal que el MNR y Sánchez de Lozada impusieron desde 1985. En la principal nación exportadora de cocaína ha ganado la derecha dura, en la que fuera la principal nación productora de coca quien más ha crecido en los comicios ha sido la izquierda dura.

Si Uribe y Morales llegaran esa misma semana a la presidencia de sus respectivos países se produciría un significativo choque. Morales está a la izquierda de Chávez y de Lula. Uribe, en cambio, está a la derecha de la mayor parte de los presidentes de la región. Mientras Uribe pide erradicar forzosamente la producción de la coca y propone la militarización para acabar con la guerrilla, Morales es un cocalero que quiere el libre cultivo y comercialización de dicha hoja, y que trabaja y quiere gobernar con líderes que anteriormente organizaron guerrillas. Mientras Uribe busca la ayuda militar norteamericana, Morales ha dirigido manifestaciones violentas contra la DEA y pide la expulsión de las tropas estadounidenses de su país.

Washington ha lanzado su veto contra un eventual gobierno de Evo. Uribe, por el contrario, aparece como el nuevo presidente más a tono con la nueva cruzada anti-terrorista pregonada por Bush desde el 11 de septiembre. Mientras la salida esencialmente militar se ha venido imponiendo en Afganistán y Palestina, y está ad portas de implementarse en Irak, ésta aún no se había venido desarrollando en relación a los 2 principales conflictos armados al sur de los EEUU (México y Colombia).

Uribe va a construir una de las administraciones más cercanas a la actual doctrina republicana estadounidense. El promete que potenciará a las fuerzas armadas y policiales colombianas, incrementando su número, armamento y presupuesto, y rodeándolas de un millón de informantes y de 200,000 guardias privados que deberán trabajar con ellos.

Mientras Colombia tendrá una administración fuerte, basada en una mayoría electoral y parlamentaria, y con fuerte apoyo de EEUU, el nuevo gobierno boliviano nacerá débil y jaqueado por movimientos sociales que se sienten fuertes.

Lo más probable es que Sánchez de Lozada vuelva a la presidencia, pero lo hará teniendo que buscar alianzas parlamentarias con fuerzas tradicionalmente enemigas, y teniendo al frente a un ascenso sindical acostumbrado a organizar bloqueos y huelgas radicalizadas. Sánchez deberá hacer concesiones frente a un grueso del electorado que quisiera que el gas (principal riqueza nacional legal) pase a manos públicas.

Uribe, por lo opuesto, va a continuar con el modelo de libre mercado y de privatizaciones, y la represión anti-terrorista será utilizada para consolidar dicho modelo.

La izquierda colombiana quedó tercera en las elecciones con poco más del 5%. Los sindicatos allí no son una fuerza mayoritaria. La guerrilla tiene peso en diversas regiones pero no cuenta con una masiva aprobación popular. En Bolivia la izquierda sale de su margina-lidad apareciendo a la cabeza de sindicatos muy fuertes y con una masiva base social, particularmente en las comunidades y las grandes urbes andinas.

Uribe apostará por sacar a Colombia de sus crisis eco-social mediante una administración muy dura que derrote a la subversión armada. En Bolivia, es posible que el nuevo presidente no acabe su mandato quinquenal y que el país pueda entrar en un estallido social. La oposición armada colombiana quisiera una revolución a la cubana, aunque en 40 años no ha podido hacerla. La oposición izquierdista boliviana puede llegar a producir un cuadro donde se repita una revolución espontánea como la ocurrida hace 50 Abriles.

Todo apunta a indicar que tanto Bolivia como Colombia tendrán presidentes afines, los mismos que contarán con el beneplácito de Washington y las instituciones internacionales afines. Sin embargo, ellos tendrán nuevos desafíos y si no logran consolidarse existe el peligro que se vuelva a situaciones como las de 1940s donde ambos países conocieron serios estallidos sociales.

El autor es ANALISTA INTERNACIONAL LONDON SCHOOL OF ECONOMICS & POLITICAL SCIENCES

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