Opinión
El Balaguer que yo conocí
- por Alberto Guerrero
Las palabras arriba citadas,
al igual que estas otras: “Cada dos mil años surge un hombre
así. Helo ahí: El Mesías”, fueron pronunciadas en diferentes
épocas por Joaquín Balaguer Ricardo. La primera fue la
respuesta del líder a un periodista poco después que
Balaguer regresó al poder tras estar ocho años fuera de él.
Era su sexto mandato. En aquellos momentos, el reportero en
cuestión preguntó a Balaguer si la actitud de su nuevo
mandato - marcado por una clara apertura democrática y
respeto a los derechos humanos - se debía a que los
dominicanos tenían un gobernante que pensaba y actuaba
diferente. La interrogante era obligada, ya que era notoria
la diferencia, por lo menos en esos aspectos, si se
comparaban con sus previos doce años de sangre y dolor, así
como al poco grado de institucionalidad que hasta entonces
habíamos logrado.
La segunda frase la pronunció Balaguer muchos años y la dio
en el marco de un mitin y en presencia del entonces
presidente Rafael Leonidas Trujillo Molina, comparando la
figura del tirano con Jesús de Nazaret.
Ciertamente todo régimen político, es en cierta forma,
producto de la circunstancia y del momento histórico en el
que esté ejerciendo su mandato y, en consonancia con ese
período histórico debe actuar. La respuesta que Balaguer dio
a ese periodista, además de ser correcta, reflejaba su falta
de arrepentimiento en el gobierno que hizo durante doce años
de dolor en los que causó tanto sufrimiento a los
dominicanos.
Joaquín Balaguer, donde quiera que esté, debe estar riéndose
con la muela de atrás por haber logrado todo lo que se
propuso en su extensa y larga vida política, y probablemente
una de las cosas que más le haga regocijarse es haber
logrado borrar la memoria histórica, la memoria nacional, a
un considerable segmento del pueblo dominicano y, en
apariencia, a los distintos medios informativos de nuestra
querida media isla.
Los “desmemoriados” le han presentado a la juventud
dominicana y a todos los que leen, ven y oyen informaciones
de un Joaquín Balaguer paladín de la democracia dominicana,
reconci-liador; eje de equilibrio en el quehacer político y
una caterva de etcétera más.
La verdad debe ser dicha. Balaguer fue lo contrario de lo
que se ha afirmado.
No se puede negar que en sus distintos mandatos se
realizaron importantes obras de infraestructura, de acceso a
una basta población de agua potable, así como también agua
disponible para regar zonas agrícolas. Todo esto es verdad,
pero al mismo tiempo fue una retranca, un estorbo para el
desarrollo de nuestra democracia. En su periodo de gobierno
del 1977-1978 lo que destacó a Balaguer fue su claro apoyo a
todos los desmanes que se cometieron bajo sus mandatos.
Balaguer sólo tuvo una obsesión en su vida y fue mantener el
poder a costa de lo que fuere. Esa era su razón de vivir. De
ahí su indiferencia absoluta ante tantos crímenes políticos,
desapariciones; deportaciones; corrupción; violaciones de
los derechos y control judicial. Balaguer fue el pichón de
dictador que despreció e ignoró en todo momento las
instituciones; en fin, el hombre batuta y constitución y de
ñapa, pelele, pues en una ocasión de crisis en uno de sus
gobiernos, puso él su cargo presidencial a disposición del
entonces presidente del “Norte Revuelto y Brutal”.
Balaguer hizo muy suya la famosa expresión de Luis XIV: “El
estado soy yo”.
Ese fue el Joaquín Balaguer que yo conocí.
La muerte de Joaquín Balaguer es salud para la nación
dominicana porque ahora forzosamente se definirá el panorama
político y con el tiempo veremos que aquello que él era un
equilibrio, era pura cháchara.
De las contadas críticas a la figura política de Balaguer
que han aparecido en algunos periódicos dominicanos, me
llamó la atención una que publicó Ultima Hora dos días
después de su muerte, escrita por Colombo. Atrajo mi
atención, no sólo por lo poco extensa de su texto, sino por
la verdad que lo distinguía. Decía:
“UUUFFFFF…!!. Ahora sí que se abran las ventanas y entre,
libre y transparente, la brisa fresca del futuro”. |