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 Edición No. 065  [Miércoles Julio 24, 2002]

 

 

 
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Opinión
El Balaguer que yo conocí
 - por Alberto Guerrero

Las palabras arriba citadas, al igual que estas otras: “Cada dos mil años surge un hombre así. Helo ahí: El Mesías”, fueron pronunciadas en diferentes épocas por Joaquín Balaguer Ricardo. La primera fue la respuesta del líder a un periodista poco después que Balaguer regresó al poder tras estar ocho años fuera de él. Era su sexto mandato. En aquellos momentos, el reportero en cuestión preguntó a Balaguer si la actitud de su nuevo mandato - marcado por una clara apertura democrática y respeto a los derechos humanos - se debía a que los dominicanos tenían un gobernante que pensaba y actuaba diferente. La interrogante era obligada, ya que era notoria la diferencia, por lo menos en esos aspectos, si se comparaban con sus previos doce años de sangre y dolor, así como al poco grado de institucionalidad que hasta entonces habíamos logrado.

La segunda frase la pronunció Balaguer muchos años y la dio en el marco de un mitin y en presencia del entonces presidente Rafael Leonidas Trujillo Molina, comparando la figura del tirano con Jesús de Nazaret.

Ciertamente todo régimen político, es en cierta forma, producto de la circunstancia y del momento histórico en el que esté ejerciendo su mandato y, en consonancia con ese período histórico debe actuar. La respuesta que Balaguer dio a ese periodista, además de ser correcta, reflejaba su falta de arrepentimiento en el gobierno que hizo durante doce años de dolor en los que causó tanto sufrimiento a los dominicanos.

Joaquín Balaguer, donde quiera que esté, debe estar riéndose con la muela de atrás por haber logrado todo lo que se propuso en su extensa y larga vida política, y probablemente una de las cosas que más le haga regocijarse es haber logrado borrar la memoria histórica, la memoria nacional, a un considerable segmento del pueblo dominicano y, en apariencia, a los distintos medios informativos de nuestra querida media isla.

 Los “desmemoriados” le han presentado a la juventud dominicana y a todos los que leen, ven y oyen informaciones de un Joaquín Balaguer paladín de la democracia dominicana, reconci-liador; eje de equilibrio en el quehacer político y una caterva de etcétera más.

 La verdad debe ser dicha. Balaguer fue lo contrario de lo que se ha afirmado.

 No se puede negar que en sus distintos mandatos se realizaron importantes obras de infraestructura, de acceso a una basta población de agua potable, así como también agua disponible para regar zonas agrícolas. Todo esto es verdad, pero al mismo tiempo fue una retranca, un estorbo para el desarrollo de nuestra democracia. En su periodo de gobierno del 1977-1978 lo que destacó a Balaguer fue su claro apoyo a todos los desmanes que se cometieron bajo sus mandatos.

Balaguer sólo tuvo una obsesión en su vida y fue mantener el poder a costa de lo que fuere. Esa era su razón de vivir. De ahí su indiferencia absoluta ante tantos crímenes políticos, desapariciones; deportaciones; corrupción; violaciones de los derechos y control judicial. Balaguer fue el pichón de dictador que despreció e ignoró en todo momento las instituciones; en fin, el hombre batuta y constitución y de ñapa, pelele, pues en una ocasión de crisis en uno de sus gobiernos, puso él su cargo presidencial a disposición del entonces presidente del “Norte Revuelto y Brutal”.

Balaguer hizo muy suya la famosa expresión de Luis XIV: “El estado soy yo”.

Ese fue el Joaquín Balaguer que yo conocí.

La muerte de Joaquín Balaguer es salud para la nación dominicana porque ahora forzosamente se definirá el panorama político y con el tiempo veremos que aquello que él era un equilibrio, era pura cháchara.

De las contadas críticas a la figura política de Balaguer que han aparecido en algunos periódicos dominicanos, me llamó la atención una que publicó Ultima Hora dos días después de su muerte, escrita por Colombo. Atrajo mi atención, no sólo por lo poco extensa de su texto, sino por la verdad que lo distinguía. Decía:

“UUUFFFFF…!!. Ahora sí que se abran las ventanas y entre, libre y transparente, la brisa fresca del futuro”.

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