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 Edición No. 066  [Miércoles Julio 31, 2002]

 

 

 
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Opinión
Perspectiva
CDBG: Comemos Todos, o no come nadie

 - por Angel Rafael Rivera

El mío que me lo den con fros-ting, cubierto con whip cream, una frambuesa y un chorrito de syrup, ¡por favor! Me refiero, por supuesto, al pedazo de pastel que me toca.

Ahora que las organizaciones hispanas están exigiendo su trozo de bizcocho, resulta que hay oposición de parte de aquellos que se empalagaron por años con la misma torta. Pues tengo noticias para ustedes: Llegó el momento de compartir o de perderlo todo.

Al alcalde Sullivan se le llenó el cuarto di agua con el presupuesto de este año del Subsidio para el Desarrollo Comunitario (CDBG). El presupuesto ha pasado de mano en mano, engavetado por el Concejo Municipal, vuelto a revisar y de vuelta al Ejecutivo para su reconsideración.

Resulta que la administración del recién electo alcalde, en su propuesta para la distribución de esos fondos sometida ante la consideración del Concejo Municipal a principios de junio, dejó a fuera a una docena de organizaciones hispanas, la mayoría con actividades culturales en sus agendas.
Pero aunque Sullivan había anunciado que no concedería fondos a instituciones culturales, es importante reconocer que todos estos grupos contribuyen de una u otra forma al mejoramiento de la calidad de vida. Las niñas del Taller Borinqueño, por ejemplo, han participado en la limpieza de graffiti.

Sin embargo Sullivan, para debilitar la crítica, prometió darle un dinerito, sacado de debajo de la manga, a las organizaciones que él mismo dejó afuera. El dinero que utilizaría apareció de repente de unos fondos que la administración pasada no usó y que corrían el riesgo de perderlo si no se hacía algo con ellos. Buena estrategia, pero revestida de puro paternalismo con el propósito de venderle su imagen de “proveedor” a la comunidad.
Ahora Marcos Devers, presidente del Concejo, está cabildeando fuertemente para que se conceda la distribución de la ínfima cantidad de $49 mil, de los más de $4 millones que contiene el CDBG, a muchos de los grupos –culturales y deportivos– que Sullivan desestimó en su propuesta. La oferta de Devers, sin embargo, añade a otras dieciséis organizaciones al presupuesto, de las cuales menos de la mitad son hispanas.

Y, aunque no somos ciegos para no darnos cuenta del uso del CDBG como balón político, lo cierto es que por largos años entidades como Los Tres Santos, un festival religioso italiano (solo para mencionar uno), han estado recibiendo enormes sumas de dinero para sus actividades. Ahora que recién comenzamos los hispanos a exigir la parte ese delicioso pastel que nos corresponde, entonces se armó el reperpero.

Los fondos del CDBG los provee el gobierno federal a través del Departamento de la Vivienda para facilitar vivienda decente, un ambiente de vida satisfactorio y expandir las oportunidades económicas principalmente para personas de ingresos bajos y moderados. Los proyectos culturales no pueden obtener beneficios del CDBG. Esa es la verdad. Pero desde que se creó en 1975 muchos oficiales públicos han abusado de estos fondos utilizándolos como su propio barril de tocino en menoscabo de las clases pobres para quienes se estableció el programa.

Según el Centro para el Desarrollo Comunitario en Washington, los oficiales públicos prefieren sustituir los ingresos de impuestos generales por sus fondos CDBG, para cubrir gastos relacionados con funciones regulares del municipio tales como calles, encintados, cunetas, aceras y policías.

En Lawrence se usa el CDBG para propósitos políticos, para asegurarse los votos en las próximas elecciones, y a los pobres... ¡qué se los lleve el diablo!

Y, es cierto que se está exigiendo que se comparta el pastel con algunas organizaciones cuyas actividades pudieran no caer dentro de los propósitos del CDBG, pero estamos hablando de pequeñísimas cantidades (un 3%) donadas a grupos pobres, que en nada afecta negativamente a la comunidad.

Jamás se había elevado la voz de protesta de algunos concejales contra el mal uso de estos fondos como hasta ahora; ahora que los hispanos exigen lo suyo. Incluso hay concejales que sugieren devolver el dinero al gobierno federal, claro, antes de dárselo a los hispanos. ¡Cuánta hipocresía!

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