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Edición No. 069  [Miércoles Agosto 21, 2002]

 

 

 
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Opinión
Desbrozando el Camino
La huelga del béisbol en las grandes Ligas

 - por Roberto Rodríguez

Aunque no con mucho convencimiento, escribo esta entrega lleno de esperanza de que la huelga del béisbol de Grandes Ligas no se materializará.
Pese a que a la publicación de ésta ya habremos entrado a la cuenta regresiva para arribar al día de plazo, el 31 de agosto, ha de esperarse que el buen juicio se anide en la mente de peloteros y dueños de equipos.

Esto, partiendo de que se hace necesario que ambas partes arriben a la conclusión de que una acción huelgaria en estas circunstancias sería una puñalada mortal al deporte tradición de Estados Unidos. Matarían con ella la gallina de los huevos de oro.

Los seguidores del béisbol anímicamente no estamos en condiciones de pagar por la intransigencia de las partes, a quienes por lo visto sólo les importa sus intereses.

Esta huelga que se ha estado anunciado hay que entenderla como el resultado de las conveniencias particulares de peloteros y dueños de equipos, a quienes muy poco les importar la opinión de quienes, de alguna forma, pagamos los pingües beneficios que unos y otros sacan de lo que ha dejado de ser un deporte para convertirlo en una exitosa máquina de hacer dinero.

Y digo que es el resultado de sus conveniencias particulares, porque desde tiempo muy atrás se ha estado advirtiendo sobre los efectos negativos que tendría la escala ascendente de los salarios de los peloteros, agravado ahora con el uso desmedido que algunos dueños de equipos están dando a los millones que se ganan para comprar estrellas de manera escandalosa.

Es cierto que esa inversión beneficia la calidad del juego, pero a la vez hay que aceptar que le quita sentido a la competencia. Y es que, sin regatearle nada a nadie, hay salarios en el béisbol que definitivamente resultan exageradamente descomunales.

Como ejemplo podríamos hablar del salario de Alex Rodríguez, cuya calidad nadie le regatea, ¡pero por Dios! Hablar de un contrato de 252 millones de dólares por diez años, es otra cosa. Si partimos de que en cada temporada se juega un promedio de 162 juegos —si no se va a las finales— es lo mismo que decir que su significado es de la friolera de 155 mil dólares por partido que si lo promediamos a 2 horas y media por cada juego, el salario final es de más de mil dólares por minuto. Claro, que ahí no se incluye una serie de bonos y beneficios que tienen los peloteros por diversos conceptos y cuya suma no se contabilizan. Entiéndase que lo de Alex es sólo un ejemplo. ¡Nada más!

Además, de ninguna manera debe entenderse que estamos de acuerdo con los dueños de equipos. Con esos es que menos, sobre todo si sabemos que no tienen más “talento” que el dinero y mucho sentido de la oportunidad.

Lo que hace reflexionar sobre esta realidad es que aún con todos esos beneficios que obtienen las partes, ninguna de ellas se ha interesado prevenir juiciosamente estas situaciones de huelgas. Para nada toman en cuenta al que le da verdadero sentido al béisbol, tanto económica como emocionalmente. Si alguien quiere saber de quién estoy hablando, que dirija una miradita hacia los estadios donde no es abundante la asistencia de público y podrá darse cuenta que allí la cosa no es lo mismo ni se escribe igual.

Por ello cada vez que en el béisbol de Grandes Ligas se habla de huelga, de inmediato me llega al recuerdo que en 1979, trabajando para el periódico El Caribe y la televisión TeleAntillas en Dominicana, tuve la oportunidad de entrevistar a ese superbo del béisbol (como diría Juan Báez) Mickey Mantle, quien visitó el país en la ocasión para asistir a un torneo de golf en Puerto Plata dedicado al astro Juan Marichal.

Para ese entonces nos comentaba Mantle sobre su preocupación por la suerte que esperaba al béisbol si no se buscaban fórmulas que pusieran algún control a lo que ya se veía venir con los salarios de los peloteros.

Mirando la realidad de hoy, en ese momento la inquietud de Mantle parecía algo sin sentido, si se toma en cuenta que para entonces — si mal no recuerdo—, apenas Nolan Ryan era el único pelotero de las Grandes Ligas ganando un millón de dólares.

Debo dejar claro que cada quien puede ganarse todo el dinero del mundo a su mejor manera, y si es honradamente mucho mejor. ¡Pero caramba! De ahí a llegar al abuso es otra cosa.

Finalmente creo que si el 31 de este mes hay huelga en el béisbol de Grandes Ligas, de las tres partes envueltas (una de las cuales no tiene ni voz ni voto aunque sea el paganini), a quienes más les dolerá es a los peloteros y a los dueños de equipos.
La tesis es simple, los seguidores del béisbol de Grandes Ligas no estamos dispuestos a que nos sigan cogiendo de pendejos.

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