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Edición No. 075  [Miércoles Octubre 02, 2002]

 

 

 
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En Boston
Hipólito Mejía: "Me gusta el cargo"

 - por Roberto Rodríguez y Radhamés Peguero

BOSTON, Mass.— Con una vehemente exhortación a sus compatriotas a integrarse y participar activamente en el proceso político norteamericano, el presidente dominicano Hipólito Mejía cumplió un amplio programa de actividades en Nueva Inglaterra, donde —como se esperaba— a su paso dejó flotando a sus anchas el controversial fantasma de la reelección presidencial.

El Presidente Mejía también aprovechó para exhibir lo que dice sentir de los miles de dominicanos que residen en el exterior, destacando que el aporte de esos compatriotas “ha sido, fue, es y debe ser significativo en beneficio del país y de su familia”.

Aseguró que cada uno de esos dominicanos se ha convertido en “la esperanza de muchos de sus familiares y cada uno de ustedes debe ser la esperanza de sus hijos”, por lo que les sugirió aprovechar la oportunidad que les brinda esta sociedad para educar a sus vástagos.

El mandatario dominicano habló la noche del domingo en un amplio salón del Sweesôtel del centro de Boston abarrotado de quisqueyanos que pagaron 50 dólares para cenar junto al jefe de Estado, donde además hubo delegaciones oficiales de varios países latinoamericanos, entre ellos Colombia, Venezuela y Haití.

El Presidente Mejía insistió en que los dominicanos deben enseñar a sus hijos “el amor a la dominicanidad y a este gran país” (Estados Unidos), señalando que la época de “exhibir un nacionalismo trasnochado es pura fantasía”.

Dijo que la capacidad, la formación, el empeño y la lógica permitidos por esta sociedad, es el mejor legado histórico que pueden dejar a sus hijos, destacando que la presencia de cientos de dominicanos que hoy trabajan como profesores en universidades norteamericanas es la mejor prueba de ello.

Poniendo como ejemplo al doctor Rafael Lantigua, destacado médico dominicano del Presbiterian Medical Center de Nueva York y profesor de la escuela de medicina de la Universidad de Columbia, quien le acompañó en su recorrido, dijo que como éste son muchos los compatriotas que “en el orden humano, profesional y de dominicanidad ponen en grande el nombre de la República Dominicana”.

Participar en política
Al exhortar a los dominicanos a participar de manera militante en la actividad política de Estados Unidos, el mandatario quisqueyano dijo que pueden hacerlo en el partido que quieran, siempre pensando que esa es una buena oportunidad de progresar.

Recordó que los fallecidos dirigentes perredeístas, el ex presidente Antonio Guzmán y el líder máximo de la organización, José Francisco Peña Gómez siempre le dijeron que la colonia dominicana en Estados Unidos “vale mucho” porque había venido a sacrificarse.

Destacó que esa valía se crece cuando “yo veo a Soriano (Alfonso, el pelotero de los Yankees) un cocolito de San Pedro de Macorís acabando en la ciudad de Nueva York, o a Manny (Ramírez) o Pedro (Martínez) aquí en Boston, a quienes definió como “orgullo de la dominicanidad”, al igual que otros como Sammy Sosa.

Sin embargo, consideró llegado el momento de que los dominicanos comiencen a sentirse orgullosos de su representación política, como Marcos Devers, quien se llevó una gran ovación de la asistencia por ser el primer quisqueyano en haber desempeñado la posición de alcalde de la ciudad de Lawrence, donde ahora es el presidente del Concejo Municipal.
Igualmente hizo referencia a otros dominicanos, destacando que resulta muy confortable cuando ha tenido la oportunidad de escuchar al ex Presidente Bill Clinton, a su esposa Hillary o al mismo Presidente Bush decirle que la colonia quisqueyana “es excelente y que se sienten orgullosos y contentos” de su trabajo.

El Presidente Mejía fue reiterativo en su exhortación a sus compatriotas a participar en la política norteamericana, advirtiendo que para alcanzar objetivos lo primero que debe haber es acuerdos “porque la unidad es una palabra mágica”.
Precisó que se hace necesario buscar la integración de la familia dominicana y latinoamericana para “seguir creciendo y tomándole peldaños importantes a la política norteamericana” dentro de un marco de unidad y de absoluto respeto.

El fantasma reeleccionista
Aunque como siempre cauteloso cuando se trata de ponerse en evidencia en los planes políticos con mira a los comicios del 2004, el Presidente Mejía dejó establecido que “el cargo me gusta” y eso, junto al susurro continuo de quienes pública y privadamente le atizan la idea de la reelección, más un anuncio hecho en Boston por el mandatario, conducen a los más conspicuos analistas a la conclusión de que la maquinaria del continuismo está siendo engrasada y afinada para echarla a andar en el momento preciso.

La primera aparición de la figura de la reelección durante la actividad se hizo presente en una recesión previa que un grupo de comerciantes, encabezado por Belkis Pepín, dedicó al mandatario en un salón aparte del mismo hotel, y donde William Soto Medina, coordinador federal del sector empresarial que le apoyó en las pasadas elecciones, puso a disposición del mandatario el equipo de trabajo para lo que él dispusiera en el futuro inmediato.

Aunque no hizo comentarios en ese momento, el Presidente esbozó una sonrisa de satisfacción que luego confirmó en el discurso del acto central, donde dejó saber que el cargo “me gusta” y anunció el nombramiento de “Representantes del Presidente” en aquellas ciudades norteamericanas donde la comunidad dominicana sea significativa, los cuales estarán coordinados por el ex cónsul de Nueva York, Luis Eludis Pérez, un hombre de la entera confianza del mandatario.

Quienes conocen de los métodos de trabajo del Presidente Mejía, sostienen que esos “Representantes del Presidente” serán los encargados de coordinar y ejecutar todas aquellas acciones que políticamente puedan ser capitalizadas, sin necesidad de involucrar de manera directa las sedes consulares y sus funcionarios en un activismo que busca evitar que se le interprete como utilización de los recursos del Estado en la promoción de la reelección.

La expresión de “el cargo me gusta” que usó el Presidente, inmediatamente puso a flotar en la mente de los cientos de parroquianos que llenaban el salón el polémico fantasma de la reelección, una figura política que en un segundo período es aceptada por la mayoría de los dominicanos que están convencidos de que un mandato de cuatro años no es suficiente para desarrollar un plan de gobierno que mínimamente pueda atender las inmediatas necesidades del país.

Sobre todo cuando la experiencia ha probado que en dominicana la sucesión de los gobiernos tradicionalmente ha anulado la continuidad de los planes de desarrollo del Estado, precisamente porque los tres principales partidos parecen dispuestos a todo, menos a ponerse de acuerdos a ejecutar planes inconclusos dejados por la administración previa.

La noche del domingo, aunque el Presidente simplemente se limitó a expresar un sentir acerca del cargo, es innegable que todo el que estaba allí con un mínimo de conocimiento político, salió convencido de que allí se estaba engrasando una maquinaria política que si no es para allanarle el camino a la reelección, dejaría en el Presidente Mejía la decisión final de quién podría ser el próximo presidente de la República Dominicana.

Nombramientos
El nombramiento de Representantes del Presidente de la República en las ciudades norteamericanas donde hay una creciente comunidad dominicana, fue anunciado por el jefe de Estado, diciendo que esos funcionarios tendrán a su cargo la responsabilidad de ser los “vasos comunicantes” de sus compatriotas en Estados Unidos y el Poder Ejecutivo.

Indicó Mejía que esos representantes suyos tendrán la misión de canalizar cualquier problema y de aquellas cosas que le conciernen a los dominicanos, pero que muchas veces son difíciles porque en los países subdesarrollados “no hay instituciones y cualquier pelafustán le tranca el juego a cualquiera”, un hecho que consideró lamentable, pero real.

Refirió que en naciones como Estados Unidos “los papeles se llenan y caminan”, cosas que no ocurren en los países subdesarrollados, aunque dejó sentada su convicción de que se está avanzando y que todo tiene su origen en la falta de educación que acusa el país.

Aunque no dejó establecido el nombre que dará al cargo en que nombrará al coordinador de esos representantes, adelantó que el escogido ha sido el ex cónsul de Nueva York, Luis Eludis Pérez.
Puntualizó Mejía que independientemente de las funciones de los cónsules, esos Representantes del Presidente servirán de contactos permanentes entre su persona y la comunidad dominicana en Estados Unidos.

En cuanto a los cónsules, los exhortó a cumplir con el trabajo por el que cobran, haciendo uso de un dicho dominicano de que “ya la pava no pone donde ponía”, y poniéndose él mismo el ejemplo de que “fui al Palacio Nacional a trabajar 15 y 18 horas diarias, no a jugar muñecas ni Internet”.

Destacó que los nombramientos de los Representantes del Presidente tienen el objetivo, más que nada, de cumplir con partes “esenciales e importantes que son requerimientos rutinarios” de la comunidad dominicana en Estados Unidos, dejando establecido que no tiene duda de que los escollos que hasta ahora hayan podido existir para atender a esta comunidad “los vamos a superar”.

Entre las situaciones que atañen a los dominicanos en el exterior, el Presidente Mejía hizo referencia a la necesidad de viviendas, destacando que hay disponibles todas las que se puedan demandar, pero aclarando que para adquirirlas “hay que pagar algo, porque la época de regalo se acabó”.

Dijo que en los dos años de su gobierno, el Estado ha construido cerca de 23 mil viviendas, precisando que todo el que quiera una “tiene que cantearse (pagar inicial) con 52 mil pesos” dominicanos, unos dos mil 700 dólares.

Puntualizó que llegó a la presidencia de la República con un concepto claro de la equidad, en el entendido de que los planes del gobierno deben ser por igual para todos los dominicanos, y que por ello decidió que aquellas personas que por alguna razón adquirieron más de una vivienda construida por el Estado, tienen la obligación de quedarse con una que deben pagar, y devolver las demás.

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