Especial
Octubre y el encuentro de culturas
- por César Sánchez Beras
Cada año en octubre se hace
necesario la reflexión obligada sobre lo que ocurrió en la
América Morena. Cada año en octubre, el mundo americano
celebra una de las fechas más significativas para el mundo
occidental, la llegada de este mes rememora en las mentes de
los hispanohablantes aquella llegada del mundo europeo a lo
que sería la América que hoy nosotros habitamos.
Cuando la historia pasa fría revista a los acontecimientos
traumáticos de aquel 1492, lo hace muchas veces, mediatizada
por el dolor de las múltiples heridas que dejaran nuestros
antiguos colonizadores. A veces somos tan inflexibles en
nuestras valoraciones, que nos ciega la obnubilación por la
sangre derramada por nuestros primeros pobladores y queremos
negar cualquier aporte europeo a nuestra cultura indígena.
No negamos el exterminio voraz a que fueron sometidos
pueblos enteros, no justificamos la esclavitud del indio
paleada luego por otro error, como es la esclavitud del
negro, pero a quinientos años de aquella barbaridad
injustificable, se debe levantar el buen juicio e imponerse
la fraternidad por encima de encono y la desidia.
Una de las definiciones más ajustadas a la realidad
histórica de aquellos hechos es, que “en todo encuentro de
culturas, la cultura desarrollada se impone a la cultura con
menos desarrollo, ya sea por medios pacíficos o por medios
violentos”.
Lamentablemente en el caso del choque aborigen / europeo, no
podemos hablar de que España trajo civilización, pues las
culturas Mayas e Incas tenían tanto desarrollo social como
los europeos. No podemos tampoco hablar de que trajeron
cultura, pues la poesía, la arquitectura, la astronomía y
otras ramas del arte y de la ciencia, alcanzaron en las
razas precolombinas elevadísimo nivel. De suerte que tenemos
que concluir que exactamente hubo encuentro de culturas, en
donde una se impuso a la otra.
En el libro “ El Indio de Nuestra América” José Martí dice:
“... El indio americano hoy es forajido, renegado y hasta
ratero, pero cuando llegó la conquista ellos eran, reyes,
gobernantes, poetas y guerreros, ellos conocían la lengua de
las estrellas...” Estas hermosas palabras nacidas de una de
las almas más luminosas del continente americano, ilustran
de cuerpo entero la estatura étnica de los habitantes de la
América morena hacia 1492.
Los Mayas, pobladores de lo que es hoy Guatemala y México y
parte de la península de Yucatán, constituían un pueblo
altamente civilizado y con un grado de conocimiento,
superior a la mayoría de los pueblos europeos y el más
avanzado de sus comunes en América. Su complejidad social y
organizativa, su división de casta y progreso
arquitectónico, sólo era superada por su enorme fe en la
sangre de sus reyes y en la divinidad de sus muchos dioses.
La exactitud de los calendarios mayas, sus libros sagrados y
artísticos y su comunicación escrita sobre la base de
códices que luego fueron traducidos al español, testimonian
el conocimiento de un pueblo precolombino, que de tan
avanzado a veces raya en lo fantástico.
Por su parte los Incas, sucesores de la cultura maya, no se
quedaron atrás en aportar adelantos asombrosos para su
época. Su método de cultivo en la agricultura, su técnica
para la pesca, sus cientos de kilómetros de canales para la
irrigación de tierras sumamente distantes y su sistema de
correo, hacen del pueblo que gobernó Atahualpa, un ejemplo
digno del asombro.
Las ruinas de Macchu Pichu y los dibujos gigantescos sobre
el desierto de Nazca, donde ejerció su poderío el pueblo
Moche, son testigos centenarios de un pueblo que sobrevivió
en las condiciones más inhóspitas.
Todavía hoy con los avances tecnológicos en el campo de la
medicina moderna, se considera una maravilla científica, las
trepanaciones hechas por los médicos incas, trepanaciones
que tenían un grado de efectividad que en más del 50 por
ciento de los casos, los intervenidos sobrevivieron a tan
riesgosa operación.
La llegada del negro a las regiones americanas fue el
eslabón que conformó lo que sería el núcleo del mestizaje.
Una raza arrancada de sus tierras, por otra cultura movida
por la ambición. Un deseo como nunca antes fuera visto por
el oro y las riquezas, sin importar cuántas vidas quedaran
en el camino de la sangre y del caos, sin importar que
pueblos enteros vieran desaparecer culturas que fueron
construidas por años, sobre la base del arte y la belleza.
Pero por encima de la devastación de nuestra herencia
aborigen, por encima de la magnitud del exterminio por parte
de Europa, más allá del dolor que dejara la espada
inquisidora y la ambición colonizadora, por encima de todo
lo que fue o pudo ser, hoy se levanta una América morena,
una América descalza, una América que con los sueños de
Martí y la espada de Bolívar, se encamina hacia la
unificación de sus ideales, tejiendo todas las patrias como
herederos legítimos que somos de Mayas y Tainos, Aztecas y
Mandingas, Incas, Celtas y Europeos. |