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Edición No. 076  [Miércoles Octubre 09, 2002]

 

 

 
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Opinión
A las puertas de la Guerra del Petróleo
 - por Oscar Clemente
   Marroquín

Mucho se habla ahora de las causas de la obsesión que tiene el presidente George Bush respecto a Irak y Saddam Hussein, al grado de que algunos plantean la cuestión como una posible venganza personal del hijo que está tratando de cobrar la afrenta causada por un supuesto atentado contra la vida de su padre, instigado por el gobierno de Bagdad. Los analistas se sorprenden por el hecho de que hasta el tenebroso Osama Bin Laden pasó a segundo plano en menos de un año de la “Guerra contra el Terrorismo”, para ser sustituido por el Presidente iraquí cuya cabeza reclama mañana, tarde y noche el Presidente de la mayor potencia mundial.

Sin embargo, pareciera como si la obsesión personal del Presidente de Estados Unidos, a la que se trata de encontrar explicación razonable toda vez que el mundo está a las puertas de una guerra de imprevisibles consecuencias, fuera la causa única del conflicto y la verdad puede ser bien distinta. El caso es que, según expertos mundiales, hace ya un buen tiempo que el descubrimiento de nuevos yacimientos de petróleo se produce muy lentamente en comparación con el crecimiento de la demanda por ese vital producto y es sabido que en la región del Golfo Pérsico se encuentran las mayores reservas, por lo que el control de esa estratégica zona mundial se vuelve de vital importancia en la geopolítica actual.

En efecto, observadores optimistas creen que la producción mundial de petróleo alcanzará su pico máximo en el año 2037, es decir dentro de treinta y cinco años, tomando en cuenta el nivel de reservas mundiales probadas más las estimadas como probables y el crecimiento sostenido de la demanda. Los pesimistas, sin embargo, estiman que para el año 2015 puede producirse esa situación, tomando en cuenta que cada día es más difícil encontrar nuevos yacimientos y que la lucha de los grupos ambientalistas dificulta seriamente la posibilidad de explotar nuevos campos. En cualquiera de los dos escenarios, el control del Medio Oriente con sus enormes reservas de crudo se presenta como un factor crucial desde el punto de vista estratégico.

En ese contexto, el control político de Irak puede convertirse en un objetivo fundamental para la supervivencia de las grandes potencias mundiales que necesitan abastecer sus economías del vital energético. El riesgo, sin embargo, es grande porque un ataque a Irak puede traducirse en un endurecimiento de las posiciones en todo el mundo árabe y con ello se podría comprometer seriamente la paz mundial debido a la real y concreta posibilidad de que el conflicto se extienda a toda la región.

El caso es que atrás de la política visceral del Presidente de los Estados Unidos pueden estar grandes intereses económicos que aprovechan la obsesión personal que tiene el mandatario en el caso de Irak y que no es producto únicamente de la sensación de haber dejado inconcluso el trabajo tras la guerra del Golfo. Puede ser que el mandatario esté motivado, sobre todo, por el natural deseo de venganza del hijo que quiere reparar la afrenta causada a su padre con el atentado que estuvo apunto de costarle la vida, pero también existe la posibilidad de que esos sentimientos tan personales sean aprovechados y explotados por poderosos intereses que giran alrededor de la actual Casa Blanca y que tienen mucho que ver con el petróleo.

Por razones de política doméstica la guerra parece inevitable. Algunos piensan que más que Septiembre 11, es Noviembre 5 lo que determina las acciones actuales de belicismo en Norteamérica, porque es sabido que el gobierno necesita del factor sentimental para ganar los comicios y preparar la reelección dentro de dos años. Pero todo ello pueden ser, en el fondo, los elementos concomitantes alrededor del concepto básico de que estamos a las puertas de una auténtica Guerra del Petróleo.

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