Opinión
A las puertas de la Guerra del Petróleo
- por Oscar Clemente
MarroquínMucho se
habla ahora de las causas de la obsesión que tiene el
presidente George Bush respecto a Irak y Saddam Hussein, al
grado de que algunos plantean la cuestión como una posible
venganza personal del hijo que está tratando de cobrar la
afrenta causada por un supuesto atentado contra la vida de
su padre, instigado por el gobierno de Bagdad. Los analistas
se sorprenden por el hecho de que hasta el tenebroso Osama
Bin Laden pasó a segundo plano en menos de un año de la
“Guerra contra el Terrorismo”, para ser sustituido por el
Presidente iraquí cuya cabeza reclama mañana, tarde y noche
el Presidente de la mayor potencia mundial.
Sin embargo, pareciera como si la obsesión personal del
Presidente de Estados Unidos, a la que se trata de encontrar
explicación razonable toda vez que el mundo está a las
puertas de una guerra de imprevisibles consecuencias, fuera
la causa única del conflicto y la verdad puede ser bien
distinta. El caso es que, según expertos mundiales, hace ya
un buen tiempo que el descubrimiento de nuevos yacimientos
de petróleo se produce muy lentamente en comparación con el
crecimiento de la demanda por ese vital producto y es sabido
que en la región del Golfo Pérsico se encuentran las mayores
reservas, por lo que el control de esa estratégica zona
mundial se vuelve de vital importancia en la geopolítica
actual.
En efecto, observadores optimistas creen que la producción
mundial de petróleo alcanzará su pico máximo en el año 2037,
es decir dentro de treinta y cinco años, tomando en cuenta
el nivel de reservas mundiales probadas más las estimadas
como probables y el crecimiento sostenido de la demanda. Los
pesimistas, sin embargo, estiman que para el año 2015 puede
producirse esa situación, tomando en cuenta que cada día es
más difícil encontrar nuevos yacimientos y que la lucha de
los grupos ambientalistas dificulta seriamente la
posibilidad de explotar nuevos campos. En cualquiera de los
dos escenarios, el control del Medio Oriente con sus enormes
reservas de crudo se presenta como un factor crucial desde
el punto de vista estratégico.
En ese contexto, el control político de Irak puede
convertirse en un objetivo fundamental para la supervivencia
de las grandes potencias mundiales que necesitan abastecer
sus economías del vital energético. El riesgo, sin embargo,
es grande porque un ataque a Irak puede traducirse en un
endurecimiento de las posiciones en todo el mundo árabe y
con ello se podría comprometer seriamente la paz mundial
debido a la real y concreta posibilidad de que el conflicto
se extienda a toda la región.
El caso es que atrás de la política visceral del Presidente
de los Estados Unidos pueden estar grandes intereses
económicos que aprovechan la obsesión personal que tiene el
mandatario en el caso de Irak y que no es producto
únicamente de la sensación de haber dejado inconcluso el
trabajo tras la guerra del Golfo. Puede ser que el
mandatario esté motivado, sobre todo, por el natural deseo
de venganza del hijo que quiere reparar la afrenta causada a
su padre con el atentado que estuvo apunto de costarle la
vida, pero también existe la posibilidad de que esos
sentimientos tan personales sean aprovechados y explotados
por poderosos intereses que giran alrededor de la actual
Casa Blanca y que tienen mucho que ver con el petróleo.
Por razones de política doméstica la guerra parece
inevitable. Algunos piensan que más que Septiembre 11, es
Noviembre 5 lo que determina las acciones actuales de
belicismo en Norteamérica, porque es sabido que el gobierno
necesita del factor sentimental para ganar los comicios y
preparar la reelección dentro de dos años. Pero todo ello
pueden ser, en el fondo, los elementos concomitantes
alrededor del concepto básico de que estamos a las puertas
de una auténtica Guerra del Petróleo. |