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Edición No. 077  [Miércoles Octubre 16, 2002]

 

 

 
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Cultural
“Ese bolero es mío, porque su letra soy yo”
 - por César Sánchez Beras

Si redujéramos la aventura carnal y pasional que es el bolero a una mera aproximación sintáctica, lo definiríamos como “... baile y ritmo binario nacido en España, en el último tercio del siglo XVIII...” (Diccionario Larousse ilustrado 2002.)

Otra fuente diría en su abreviación gramatical- lexicográfica “... Baile español cuya creación se le atribuye a Sebastián Cerezo, en 1780, y que para el área de Latinoamérica se refiere a la música ejecutada por un trío, de temas amorosos y que floreció en los decenios 1940-1950...” (Diccionario Ilustrado de Cultura Esencial, 1997.)

Pero como el arte siempre debe ser un reflejo de la cotidianidad, como las manifestaciones artísticas deben tener como asidero final, el engranaje humano y social que las creó, el arte y en este caso específico debe verse bajo el lente existencial de quienes las han creado, el hombre, la mujer, el amor, el sentimiento correspondido o no, el poeta desangrando en la bohemia y por que no, la desesperanza y la tragedia humana, que hace del dolor común, su barro poético y escritural.

Bolero a ritmo cubano
Muchos textos de etnólogos y melómanos aseguran que el bolero nació a finales del siglo XIX en Cuba, como un heredero del género español, pero con variantes y características propias. Hermanado con el Son, constituye el principal vehículo de acercamiento amoroso- erótico entre las parejas danzantes. De Cuba nos llegaría un gran cúmulo de cantantes y compositores de boleros. Cabe destacarse la aparición del Bárbaro del Ritmo, Bartolomé Moré, conocido como Benny Moré, quien siendo un músico empírico, su capacidad de afinación y excelente oído musical, lo llevaría a ser el buque insignia del bolero cubano.

“ Atiéndeme
quiero decirte algo
que quizás no espere
doloroso talvez.
escúchame
que aunque me duela el alma
yo necesito hablarte
y así lo haré...”

Bolero a ritmo mexicano
En la opinión de Violeta Torres Medina, investigadora de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia de México, el bolero llega primero a Yucatán, proveniente de Cuba. Para 1913 aparecería la primera partitura de este género musical en México y de ahí lo que se conoce como el bolero yucateco o bolero peninsular.

En la investigación de la catedrática mexicana se utilizó una amplia gama de metodología de investigación así como una cuantitativa documentación sobre el bolero. En su aporte final esta información concluye en que el Bolero Yucateco o Peninsular tiene tres etapas:
Antecedente y relación con Cuba.
Transición al Bolero Yucateco.
El surgimiento de los tríos.

Estructura del Bolero
El bolero (latinoamericano) es un género bailable y cantable que se diferencia de su homólogo español (del mismo nombre) del que solo se asemeja por tener el mismo nombre genérico. Entre los diferentes estilos de bolero, según su estructura musical, Podemos señalar el bolero de dos periodos de 16 compases, divididos por una pasaje instrumental (pasacalle) ejecutado por cuerdas de guitarras. El bolero tradicional español tiene un compás ¾ ; Pero en los últimos cien años la evolución melódica y percutiva del bolero fue fundamental, la incorporación de textos poéticos y de variaciones rítmicas, le han dado carácter universal o un tema puramente antillano.

“... Por que tu amor es mi espina
por la cuatro esquina
hablan de los dos
es un escándalo, dicen
y hasta me maldicen
por darte mi amor..”

El bolero como texto narrativo y poético
El amplio espectro amatorio del bolero traspasó los linderos de romance, desbordó sus antiguos límites impuesto por el Cabaret, por La Boite, por la Casa de Cita, donde escuchábamos desangrase en el Pick Up de la Phillips la voz de Julito (julitro) Dechamps con su “Por Borracho” Que te vaya bien” y “Quinto Patio”.

El género transgredió a los géneros y vimos como amasijo novelesco o engranaje poético títulos y situaciones robadas al pasado, a la magia del tiempo que perdimos en el ayer romántico de la América que habla español. Vimos como se saqueaban los altares de los amores más hondos, para llevar al texto discursivo nuestras más recónditas vísceras pasionales, nuestras malquerencias y nuestros desengaños.

Entonces los amantes simples vimos llegar del brazo del Realismos Mágicos de autores propios y extraños, los espacios que pensábamos superados. De suerte que llegaron de golpe entre muchas novelas: “ Solo cenizas hallarás”, luego “ Arráncame la vida” “ Humos en los ojos” y “ Por nada del mundo”.

“ Como fue,
no sé decirte como fue
no sé explicarte que pasó
pero de ti me enamoré...”

El bolero es quizás el género musical mas representativo a nivel mundial de lo que es la música latinoamericana, no importa su procedencia, pues a fin de cuentas las artes no son de quienes las conciben, sino de quienes la hacen suya, de quienes le aportan en raíz y en identidad, lo que no puede darle el academicista o el investigador. El arte debe tener un reflejo directo en las vidas que lo alientan, deben verse representado en las almas de quienes no encuentran otra forma de expresión que ser auténticos, desangrados, de esos que ven pasar en la estrofa de un bolero o en la melodía de una guitarra, el mundo de fantasía que ellos solo concibieron en la imaginación permitida por la magia de la música.

De ahí que el bolero nuestro sea tan existencial, tan en carne viva. Porque los autores no solo pusieron en el bolero el amor no correspondido, no solo pusieron las cuitas de un amor ajeno, no solo pusieron la pena honda de no saberse amado por ser pobre, sino que en el bolero trasiega un mundo de desesperanza que buscó en el fondo de la botella, la alquimia necesaria que convirtiera tequila en resignación, Brugal en hombría, Ron Jaca en “cojones” para jugarse la vida. De ahí que el poeta culto y el poeta popular hicieran de un mismo cauce, el lecho por donde corra el río que nos une y nos separa.

Eso y más es el bolero, el dueño indiscutible del salón, el parnaso de tragedias personales, donde se alzaron las voces y las letras de los nuestros, de los que no tuvieron que asistir a las clases de estética ni de preceptiva literaria para saber, con conocimiento de causa, que donde hay un amor incomprendido, que donde un corazón palpita a dúo con otro corazón que lo alucina, esta cupido vestido de armonía, con su traje rojo de bolero antillano.

Por eso en cada casa del que amó y del que ama, por cada libro de Borges hay un LP de Agustín Lara, Por cada libro de Cervantes, hay un cassette de Marcos Antonio, por cada pintura de Bidó, hay un LP de Toña la Negra y de María Luisa Landín. Y sobre todo que por cada recuerdo del ayer que se nos fue, se arriesga desde un baúl viejo o de un moderno CD player, la identidad musical que nos legaran: Bienvenido Granda, Cesar Portillo de la Luz, José Alfredo Jiménez, José Antonio Méndez, Leo Marini, Mario de Jesús, Luis Calaf, El trío Los Panchos, Pepe Sánchez, Consuelo Velásquez, Armando Manzanero, Rubén Fuentes, Plácido Galindo, Alberto Beltrán, Chucho Avellanet, Felipe Pirela, Lope Balaguer, Lucho Gatica, Vicky Carr, Nat King Cole, Charles Aznavours , Roberto Ledesma, Rafael Hernández, Pedro Flores, Rafael Colón, Marcelino Plácido, Mario Clavell, Gilberto Monrroig, Luis Miguel y con ellos, con los que están y con los que faltan, con todos los que desde la noche de bohemia, se jugaron la vida con su corazón de vellonera “ A traguitos cortos, eso si, pero continuos.

 
 
 
 
 
 
 
 

 

 

 

 

   
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