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Edición No. 077  [Miércoles Octubre 16, 2002]

 

 

 
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Editorial
Nóbel de la Paz:
Un premio y una crítica

Siempre se ha dicho que los premios Nobel tienen un alto contenido político. El de este año, no deja lugar a dudas.

La elección del ex presidente Jimmy Carter para recibir el premio Nobel de la Paz ha sido una formidable crítica a actual mandatario de Estados Unidos. El galardón, que se hizo público el mismo día en que el Congreso anunció que autorizaba al gobierno el uso de la fuerza militar para invadir Irak, fue un ataque directo de los miembros de la Academia Noruega a la forma en que George Bush está conduciendo la política exterior norteamericana, especialmente en el Medio Oriente.
Y no hubo nada de sutil en el mensaje. En su comunicado, el comité señala: “En una situación actualmente marcada por la amenaza del uso del poder, Carter ha puesto en pie el principio que los conflictos, deben ser resueltos por la mediación y cooperación internacional, basados en el derecho internacional, el respeto de los derechos humanos y el desarrollo económico”.

Y, para que no queden dudas hacia dónde iba dirigido el golpe, el presidente del comité del Nobel, Gunnar Berge lo dijo con todas las letras: “Este premio debería interpretarse como una crítica a la línea que tomado la actual administración y a todos los que siguen la misma línea de los Estados Unidos”.

Carter, aunque declinó hacer comentarios sobre los planes de Bush contra Irak, se encargó de lanzar otro certero golpe a sus propios compañeros del Partido Demócrata cuando dijo que él no hubiera votado para autorizar al presidente el uso de la fuerza.

Comparados con la figura de Carter, ¡Qué pequeños resultan los actuales miembros del Congreso! En un debate en el que se jugaba la paz mundial, los demócratas no supieron decirle NO a la obstinación militarista del presidente Bush. A pesar que muchos no estaban convencidos que la guerra es el mejor camino, ellos se dejaron intimidar por la presión de sus colegas republicanos y el temor de ser acusados de poco patriotas. ¡Y justo a las puertas de unas elecciones en donde se juegan la reelección!

Un columnista del New York Times sintetizó en una frase lo que muchos americanos piensan sobre la actuación de los líderes demócratas en el Congreso: “Eso no es patriotismo, es abdicación”.

Jimmy Carter ha sido nominado en varias ocasiones para el Nobel de la Paz. Si el comité de Oslo se lo entregó este año es porque quiso señalar un ejemplo a seguir para los políticos contemporáneos, especialmente, los de la primera potencia del mundo.

Jimmy Cartes ha sido el único presidente de Estados Unidos que no envió hombres a una guerra. Durante sus 4 años como presidente y luego, en estas dos décadas que han pasado desde que abandonó el cargo, él ha hecho una contribución fundamental a la paz del mundo. Su intervención en el acuerdo de paz de Camp David entre Egipto e Israel, así como en otros conflictos internacionales de Medio Oriente y América Latina en los que participó para salvaguardar los derechos humanos y la democracia, lo hacen más que merecedor del importante premio.

El coraje y compromiso que ha mostrado Carter en su labor en favor de las causas justas de la humanidad se distinguen aún más frente a los intereses espurios que dominan la conducta de tantos políticos y jefes de estado de nuestros tiempos.

Ojalá el presidente Bush haya recibo el mensaje y atienda los reclamos de los miles de pacifistas que en esta nación y en distintos puntos del planeta le reclaman que no emprenda una guerra que a esta altura de los hechos se percibe no solo como un agravio a los principios del derecho internacional sino también al sentido común.

 
 
 
 
 
 
 
 

 

 

 

 

   
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