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Edición No. 078  [Miércoles Octubre 23, 2002]

 

 

 
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Agotan en Colombia memorias de Gabo

William Restrepo esperó tranquilamente a que el mostrador se vaciara para pagar su libro; no debió arremolinarse como los demás, porque ya lo había dejado apartado.

De los casi 200 ejemplares de Vivir para contarla, primer tomo de las memorias de Gabriel García Márquez, que comercializó la librería Buchholz de la Avenida Chile entre las 20:00 y las 22:00 horas del martes pasado, la mayoría se vendió por encargo. Los clientes llegaban a comprarlos a la fija, sin necesidad de quitarles el celofán transparente para hojearlo.

Restrepo, un bogotano de 42 años, no fue el único. De los 60 mil ejemplares del libro que llegaron desde el martes a las librerías colombianas, la venta del 60 por ciento ya estaba asegurada por encargo previo, según Moisés Melo, gerente de proyectos especiales de Editorial Norma, grupo encargado de su publicación.

Otros lectores menos previsibles salieron de sus casas a altas horas de la noche. El edil Luis Guillermo Ramos vio en el noticiario que estaban vendiendo el libro y de inmediato se dirigió a la Librería Nacional del Centro Andino, en el norte de la ciudad, para comprar su ejemplar y se sentó a leerlo en una banca, frente a los escaparates del establecimiento, tapizados sólo con ejemplares de Vivir para contarla.

“Corrí porque he leído casi todas sus obras, vengo detrás de esa fascinación que transmite. De alguna forma ésta es una de las últimas obras de Gabo”, dijo Ramos. En los primeros 20 minutos de venta de las memorias del Nóbel colombiano, el establecimiento agotó los 82 libros de una caja.

En otras sucursales el fenómeno fue el mismo. El local ubicado en el Centro Comercial Unicentro, más al norte de la ciudad, reportó una multitud que no dejaba pasar a nadie. El abanico de lectores incluía estudiantes, amas de casa, padres de familia y políticos; es decir, de todo.

“Ay, yo quiero uno”, dijo María Paola apenas miró el libro, que según le contaron “es el mejor”.

Algunos libreros esperan agotar los ejemplares de lanzamiento antes del fin de semana. Otros son más prudentes, más por la piratería que por la calidad de la obra. “Yo le calculo tres días más antes de que uno lo empiece a encontrar en las calles, más barato, por las versiones piratas”, dice la dependienta de Buchholz.

A la entrada de las sucursales de Panamericana, una cadena de librerías de consumo masivo, los ejemplares de Vivir para contarla formaban una torre de libros, custodiada por la silueta recortada en cartón de García Márquez.

Para otras casas editoriales, como Grijalbo—Mondadori, que en España fue la encargada de publicar la obra, pero no en Colombia (privilegio que quedó en manos de Norma), el lanzamiento fue visto con cierta envidia. “Obviamente nos habría gustado ser nosotros los responsables de la publicación, pero estamos conscientes de que es algo que se negoció de mucho tiempo atrás”, reconoce Luisa Fernanda Berrocal, vocera de Grijalbo.

Para estas otras casas editoras, la preocupación ahora es que las memorias de Gabo absorban el mercado en detrimento de títulos de otros autores, como La ciudad de las bestias, de Isabel Allende, que representa para Grijalbo—Mondadori su número uno en ventas. [La Reforma, México]

 
 
 
 
 
 
 
 

 

 

 

 

   
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