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Edición No. 078  [Miércoles Octubre 23, 2002]

 

 

 
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Nota Editorial
El francotirador, la NRA y la guerra contra el terror

“Nos negamos a vivir con miedo”, dijo el presidente George Bush en el Congreso argumentando su próxima guerra contra Irak y el terrorismo internacional.

Esas palabras deben sonar a sarcasmo para los vecinos de Maryland y Virginia que desde hace más de tres semanas viven sumidos en el terror desde que el francotirador de Washington comenzó su macabro juego. En las calles, caminan en zigzag para evitar una bala asesina, en las escuelas los niños no tienen recreo y las gasolineras están rodeadas de barricadas como en las ciudades que viven en estado de sitio.

Con el personal y los aparatos técnicos más sofisticados que existen, la policía no ha podido hasta el momento dar una sóla pista que permita identificar al asesino.

Nadie puede negar que en Estados Unidos hay una cultura de violencia. Lo vemos en las películas, en las series de televisión y hasta en la música. Estamos acostumbrados – y a todo se acostumbra el ser humano- a los asesinatos en masa, a los alterados adolescentes que disparan contra sus maestros y compañeros, a los tiroteos en los barrios.

¡Qué vulnerable nos parece el país desde el 11 de septiembre!.

Pero ahora, el sentido de inseguridad se acrecienta aún más. Como nunca antes, se hace claro que el terror no viene únicamente de afuera, sino que está en casa. Cualquier vecino puede ser un loco asesino o un monstruo que mata por deporte o juego.

A raíz del anónimo francotirador de Washington y la impunidad en la que opera, surge un tema que merece nuestra reflexión. Se trata del pavoroso silencio de los políticos ante un hecho que se desprende del caso y debería ser claramente denunciado por todos los que tienen algo de moral: la venta de armas y sus consecuencias sociales.

La facilidad con que se compran armas en Estados Unidos le permite a cualquier persona adulta, adolescente o alterado mental adquirir rifles de asalto, pistolas con silenciador, balas y hasta miras telescópicas. Cada día resulta más claro que la actual legislación sobre armas es un factor clave para entender la sucesión de hechos violentos que vienen ocurriendo desde hace años en el país. Esta relación entre violencia y control de armas, es evidente para todos menos para la poderosa Asociación Nacional del Rifle (NRA) y la red de políticos que los protegen.

Mientras la complicidad de algunos y la ignorancia de otros permita evadir el debate sobre el control de armas, las muertes y masacres de ciudadanos inocentes continuarán en Washington y en otras ciudades del país.

Desde que inició su gestión, el presidente Bush ha invertido todos sus esfuerzos a terminar con los enemigos externos de los Estados Unidos. Y, nadie le puede negar ese derecho después del los ataques del 11 de septiembre. Pero, es importante que el primer mandatario no olvide la seguridad interna. Y, gran parte de la solución de ese problema pasa por cambiar las leyes que reglamentan la venta de armas. Sin duda, esta es una tarea difícil para la actual administración, ya que los principales opositores a estos cambios son los miembros de la NRA, muchos de los cuales han financiado las campañas presidenciales de la familia Bush.

Con todas las molestias que esto representa para él, es necesario que el presidente tome más pronto que tarde las medidas que se necesitan para combatir la violencia interna. De lo contrario, se acrecentarán las críticas, no exentas de ironía, que ya comienzan a expandirse entre los columnistas de los principales medios de prensa del país, quienes se preguntan: “¿Cómo es posible que el gobierno salga victorioso de una guerra tan compleja y difícil como es la lucha contra el terrorismo mundial, cuando no puede cazar a un francotirador que opera a escasos metros de la Casa Blanca?”.

 
 
 
 
 
 
 
 

 

 

 

 

   
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