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Edición No. 078  [Miércoles Octubre 23, 2002]

 

 

 
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Opinión
Desbrozando el Camino
Christian Castro, Symphony Hall y una burla mayúscula

 - por Roberto Rodríguez

“Sólo a los hispanos nos hacen esta vaina”, era la primera manifestación de indignación que comenzaba a dejarse escuchar a lo largo y ancho de los pasillos del Symphony Hall de Boston. No era para menos.

Sucede que este domingo 20 se realizó allí el esperado concierto de los mexicanos Christian Castro y Pablo Montero.

La presentación, de acuerdo a los boletos y la publicidad que se le hizo, estaba programada para las 8:00 p.m. ¡Sí, así como suena, estaba!

Por tratarse de un prestigiado lugar como Symphony Hall, no creo que previo a la hora a que estaba programada la presentación, a nadie allí esa noche jamás pudo pasarle por la mente el acto de irresponsabilidad y burla mayúscula que le esperaba.

Al arribar a las 9:00 p.m. y todavía no se observa ninguna posibilidad de que el concierto se realizaría, los centenares de personas allí presentes comienzan a preocuparse y a preguntarse sin respuesta qué estaba pasando.

A todo esto, un equipo de personas se mueve de un lado a otro recabando nombre y dirección de los asistentes dizque para mantenerles informados de futuras presentaciones. La verdad que hay que tener la flema de un elefante para semejante descaro en medio de esa situación.

Como afectado por esa situación y debido a que no había un lugar identificado donde pudiera hacerse una reclamación a la empresa Arawak que aparecía como responsable del concierto, no quedó de otra que hacerlo con los “recogedores” de firmas.

Exactamente, aunque inicialmente tenía mis dudas de los reales propósitos de recabar firmas en ese lugar, después pudimos darnos cuenta de que ciertamente estaban ligados umbilicalmente con el evento.

En mi caso, tuve la experiencia de que tres de esas personas dieron versiones diferentes en torno al retraso. La primera la ofreció una persona en el Café del Symphony donde estaba una buena parte de la concurrencia concentrada y a quien posteriormente identificaría como Alexis Peña, uno de los ejecutivos de Arawak, la cual refería la presentación previa que hubo en el lugar, como causa del retraso y prometiendo que a las 9:00 comenzaba el concierto.

Las otras dos, obtenidas de dos de los “recogedores” de firmas, eran las de que: 1- Pablo Montero había llegado media hora antes del concierto. 2- que había problemas técnicos. Como ya la queja nuestra había sido dada porque entendíamos una burla lo que estaba sucediendo allí, el propio Alexis Peña, ya en medio del concierto, trató de darnos la explicación con el argumento de que la culpa no era de su compañía, sino del Symphony por la presentación previa que hubo. El asunto es que él mismo confesó que cuando rentó el local en mayo pasado fue con conocimiento de que esa actividad estaba en calendario.

Es decir que lo ocurrido es ciertamente lo que se ha dicho, había conocimiento de causa y por tanto, entendemos que la empresa Arawak, si quiere en algo salvar la imagen y la credibilidad para futuras presentaciones, debe una explicación pública a los cientos de personas que pagaron en su mayoría 65 dólares por el evento.

Creo que el concierto de dos artistas de la categoría de Christian Castro y Pablo Montero es una buena tarjeta de presentación para cualquier empresa, pero no hay duda de que lo ocurrido el domingo no deja mucha credibilidad para el futuro, particularmente cuando hay la agravante de que en el lugar fueron vistas merodeando esa noche conocidas aves de rapiña que en tiempos no tan lejanos tenían como norma de conducta este tipo de burla a los hispanos, y quienes siempre han pretendido manejar a esta comunidad como a pandilla de tontos útiles.

Como consecuencia, allí a ninguno de los responsables le importó que el día siguiente era lunes, que muchos de los allí presentes debían madrugar para cumplir son sus responsabilidades y que incluso había muchas jóvenes adolescentes en edad escolar.

Ya dentro de la sala pasada las 9:30 de la noche, sucede que no es hasta que comienza la barahúnda de la multitud enardecida que además de reclamar por el irrespeto, amenazaba con acciones no propias en un lugar como Symphony Hall. No era lo más aconsejable, pero la burla no era para menos.

A las 10:00 de la noche comienza el concierto, con Christian Castro, cuya calidad artística nadie puede cuestionar, pero opacada por el pésimo sonido. Un mal infernal que se dejaría sentir a todo lo largo del concierto. Para colmo, era notorio que en el caso de Pablo Montero, aunque tenía un grupo de mariachis atrás, muchas de sus canciones fueron interpretadas con pistas.

En tanto las cosas se aclaran, hay que decir que el prestigio y reputación que tan merecidamente se le ha reconocido a Symphony Hall, han quedado bastante deteriorados entre los hispanos que estuvimos allí el domingo.

En cuanto a los ejecutivos de Anawak, quédeles claro que aunque este tipo de vaina sólo se le hace a los hispanos, no deben olvidar que tienen, por lo menos, una explicación pendiente para los que asistimos al concierto.

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