Opinión
Desbrozando el Camino
Christian Castro, Symphony Hall y una
burla mayúscula
- por Roberto Rodríguez
“Sólo a los hispanos nos hacen
esta vaina”, era la primera manifestación de indignación que
comenzaba a dejarse escuchar a lo largo y ancho de los
pasillos del Symphony Hall de Boston. No era para menos.
Sucede que este domingo 20 se realizó allí el esperado
concierto de los mexicanos Christian Castro y Pablo Montero.
La presentación, de acuerdo a los boletos y la publicidad
que se le hizo, estaba programada para las 8:00 p.m. ¡Sí,
así como suena, estaba!
Por tratarse de un prestigiado lugar como Symphony Hall, no
creo que previo a la hora a que estaba programada la
presentación, a nadie allí esa noche jamás pudo pasarle por
la mente el acto de irresponsabilidad y burla mayúscula que
le esperaba.
Al arribar a las 9:00 p.m. y todavía no se observa ninguna
posibilidad de que el concierto se realizaría, los
centenares de personas allí presentes comienzan a
preocuparse y a preguntarse sin respuesta qué estaba
pasando.
A todo esto, un equipo de personas se mueve de un lado a
otro recabando nombre y dirección de los asistentes dizque
para mantenerles informados de futuras presentaciones. La
verdad que hay que tener la flema de un elefante para
semejante descaro en medio de esa situación.
Como afectado por esa situación y debido a que no había un
lugar identificado donde pudiera hacerse una reclamación a
la empresa Arawak que aparecía como responsable del
concierto, no quedó de otra que hacerlo con los
“recogedores” de firmas.
Exactamente, aunque inicialmente tenía mis dudas de los
reales propósitos de recabar firmas en ese lugar, después
pudimos darnos cuenta de que ciertamente estaban ligados
umbilicalmente con el evento.
En mi caso, tuve la experiencia de que tres de esas personas
dieron versiones diferentes en torno al retraso. La primera
la ofreció una persona en el Café del Symphony donde estaba
una buena parte de la concurrencia concentrada y a quien
posteriormente identificaría como Alexis Peña, uno de los
ejecutivos de Arawak, la cual refería la presentación previa
que hubo en el lugar, como causa del retraso y prometiendo
que a las 9:00 comenzaba el concierto.
Las otras dos, obtenidas de dos de los “recogedores” de
firmas, eran las de que: 1- Pablo Montero había llegado
media hora antes del concierto. 2- que había problemas
técnicos. Como ya la queja nuestra había sido dada porque
entendíamos una burla lo que estaba sucediendo allí, el
propio Alexis Peña, ya en medio del concierto, trató de
darnos la explicación con el argumento de que la culpa no
era de su compañía, sino del Symphony por la presentación
previa que hubo. El asunto es que él mismo confesó que
cuando rentó el local en mayo pasado fue con conocimiento de
que esa actividad estaba en calendario.
Es decir que lo ocurrido es ciertamente lo que se ha dicho,
había conocimiento de causa y por tanto, entendemos que la
empresa Arawak, si quiere en algo salvar la imagen y la
credibilidad para futuras presentaciones, debe una
explicación pública a los cientos de personas que pagaron en
su mayoría 65 dólares por el evento.
Creo que el concierto de dos artistas de la categoría de
Christian Castro y Pablo Montero es una buena tarjeta de
presentación para cualquier empresa, pero no hay duda de que
lo ocurrido el domingo no deja mucha credibilidad para el
futuro, particularmente cuando hay la agravante de que en el
lugar fueron vistas merodeando esa noche conocidas aves de
rapiña que en tiempos no tan lejanos tenían como norma de
conducta este tipo de burla a los hispanos, y quienes
siempre han pretendido manejar a esta comunidad como a
pandilla de tontos útiles.
Como consecuencia, allí a ninguno de los responsables le
importó que el día siguiente era lunes, que muchos de los
allí presentes debían madrugar para cumplir son sus
responsabilidades y que incluso había muchas jóvenes
adolescentes en edad escolar.
Ya dentro de la sala pasada las 9:30 de la noche, sucede que
no es hasta que comienza la barahúnda de la multitud
enardecida que además de reclamar por el irrespeto,
amenazaba con acciones no propias en un lugar como Symphony
Hall. No era lo más aconsejable, pero la burla no era para
menos.
A las 10:00 de la noche comienza el concierto, con Christian
Castro, cuya calidad artística nadie puede cuestionar, pero
opacada por el pésimo sonido. Un mal infernal que se dejaría
sentir a todo lo largo del concierto. Para colmo, era
notorio que en el caso de Pablo Montero, aunque tenía un
grupo de mariachis atrás, muchas de sus canciones fueron
interpretadas con pistas.
En tanto las cosas se aclaran, hay que decir que el
prestigio y reputación que tan merecidamente se le ha
reconocido a Symphony Hall, han quedado bastante
deteriorados entre los hispanos que estuvimos allí el
domingo.
En cuanto a los ejecutivos de Anawak, quédeles claro que
aunque este tipo de vaina sólo se le hace a los hispanos, no
deben olvidar que tienen, por lo menos, una explicación
pendiente para los que asistimos al concierto. |