Especial
Salem, Massachusetts
Una historia de brujas, infamia,
sangre y halloween
- por Roberto Rodríguez
SALEM, Massachusetts.- Esta,
la llamada “Ciudad de las Brujas” (Witch City) y conocida
más que nada a causa de los infamantes juicios que tuvieron
lugar en 1692, es una pequeña ciudad enclavada a 25
kilómetros al norte de Boston que anualmente es frecuentada
por más de un millón de visitantes que se desplazan desde
las más grandes ciudades y los más apartados rincones de la
nación y el mundo.
Aunque no se puede desconocer la belleza turística de la
ciudad, bañada por las aguas del océano y arrullada por los
gritos de las gaviotas, hay que decir que en cada visitante
vibra la inquietud y la intriga por conocer los lugares
cuidadosamente conservados que 410 años atrás sirvieron de
escenarios a una de las más controversiales orgías de sangre
y cuyas motivaciones reales han dado lugar a incontables
investigaciones.
La vinculación de esos hechos con la práctica de la
hechicería es lo que mejor hace entender el que precisamente
sea octubre —en cuyo último día se celebra Halloween— cuando
las visitas se incrementan convirtiendo cada día a la ciudad
en un hormiguero humano y el tráfico vehicular en un
pandemonium.
Entre las tantas investigaciones hechas acerca de esos
hechos, una de ellas concluye en que la matanza fue una obra
macabra de los ingleses que tenían en Nueva Inglaterra en
ese momento la “zona de mayor dominio de los puritanos,
cabeza de puente y avanzada del insurgente capitalismo” y
que trajo como consecuencia la acusación de brujas a más de
400 personas —en su mayoría de clase baja, edad adulta,
marginadas, solteronas o viudas— y de las cuales más de
treinta fueron ahorcadas en 1692.
El suceso de las brujas de Salem se resume así: el ministro
de la comunidad, reverendo Samuel Parris, fanático y
mediocre, quien vivió en las Antillas, trajo, para el
servicio de su familia, una esclava nacida en Barbados, hija
de negro e indígena, llamada Tituba, quien consiguió como
marido a un aborigen norteamericano. Obviamente, Tituba
hablaba su lengua antillana, tan incomprensible para los
parroquianos de Salem como sus prácticas religiosas
afroantillanas, tal vez el vudú.
La hija de 9 años y la sobrina, de 12, del reverendo Parris
se interesaron en los relatos y prácticas de Tituba y
organizaron “sesiones” con sus amigas en edad y categoría.
El hecho es que hubo un contagio rápido en el pueblo con
esas actividades al tiempo que se desataba el pánico ante
las “asechanzas del diablo” y aumento de las explosiones de
histeria de las posesas.
La hija y sobrina de Parris acusaron a Tituba, luego que el
médico de la población dictaminara que las víctimas de la
histeria juvenil femenina estaban embrujadas. Y aquí fue que
ardió Troya.
Esto dio lugar a la creación de tribunales de emergencia,
delaciones, torturas, encarcelamientos masivos de hombres,
mujeres y niños. Ante las torturas y tormentos, todos
confesaban ser brujos, incluso Tituba.
Las personas acusadas —entre ellas muchos niños—, fueron
sometidas a horribles actos de promiscuidad, encadenadas a
cepos en un pequeño local. La niña Sarah Carrier, quien
confesó ser bruja desde los seis años de edad, al responder
a la pregunta de cuántos años tenía, contestó: mi hermano
Richard dice que cumpliré ocho en noviembre próximo.
En esos juicios se utilizó los argumentos más insólitos,
siempre que fueran capaces de perjudicar a cualquiera: que
el diablo usaba a los malos para dañar a los buenos, y para
defender a sus agentes creaba espectros de ellos, de modo
que mientras los malos atacaban, se veían sus imágenes en
otras partes efectuando labores inocentes.
Es así como en una audiencia celebrada a principios de marzo
de 1693, Tituba confesó que era bruja y que su espectro
había atacado a Ann Putman con un cuchillo. Añadió además
que ella era sólo una de las tantas brujas del pueblo y que
un hombre alto de Boston le había enseñado un libro en donde
figuraban todas las brujas de la colonia.
Así comenzó en Salem la cacería de brujas. Ann Putman y su
madre acusaron de infanticidio a Rebecca Nurse, mujer de 71
años, mientras Susanna Martin era acusada de embrujar los
bueyes de su vecino a raíz de una riña entre ambos.
El reverendo George Burroughs, antiguo ministro del pueblo,
fue señalado como jefe de las brujas y el capital John Alden
fue identificado como el hombre alto de Boston. El reverendo
fue ahorcado el 19 de agosto y a Giles Cory de 80 años que
se negó a declarar sobre este caso, lo aplastaron con
grandes piedras. Como sólo se ejecutaba a quienes no
confesaban, Tituba se salvó y luego fue vendida por los
Parris.
En 7 meses fueron ejecutados 7 hombres, 13 mujeres, se
arrestó a 200 personas y 200 mas ya habían sido acusadas por
la niña Parris. Ninguna de las víctimas fue quemada en la
hoguera como se cree en la actualidad. Cuatro años después
de los juicios de Salem, los jurados firmaron una confesión
de error y suplicaron clemencia. Ann Putman dijo 14 años más
tarde que había obrado engañada por Satanás.
En este caso, debido a que los jueces se basaban en los
testimonios de gente que aseguraba haber conocido la verdad
por medio de fantasmas y espectros, el veredicto distaba
mucho de ser imparcial. Además, los acusados pertenecían a
clases sociales poco favorecidas. Tituba, por ejemplo, era
una esclava y carecía de los derechos otorgados a cualquier
otro habitante de Salem. En situación parecida se encontraba
la mendiga de hábitos masculinos, la libertina que vivía en
pecado con su amante, el ex funcionario y el soldado
forastero.
La opinión publica sólo se conmovió cuando la locura
generalizada alcanzó las capas mas altas de la sociedad,
incluyendo al presidente de la Universidad de Harvard que se
vio involucrado en las acusaciones. Mas tarde, el gobernador
William Phips perdonó a todos los sospechosos de brujería
que aún no habían sido ejecutados y exoneró a todos los
muertos, 18 meses después de iniciada la feroz cacería.
Con el paso de los años, se ofrecieron disculpas y se
indemnizó a las familias que fueron víctimas. Historiadores
y sociólogos analizaron este complejo episodio de la
historia de Estados Unidos para que podamos comprender los
problemas de esa época, y mejor cernir los hechos
posteriores con mayor claridad, dejando establecido el
remarcable paralelismo que se observa entre los juicios por
brujería de Salem, y la caza de brujas moderna del Senador
Martí, en los años 1950. |