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Edición No. 079  [Miércoles Octubre 30, 2002]

 

 

 
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Opinión
Dezbrozando el Camino
Mucha paja y poco trigo en el dial hispano

Mucha paja molida y poco trigo es la tónica que hoy caracteriza a la radio hispana local, un medio con virtudes innatas que deberían aprovecharse mejor para beneficio de nuestra colectividad.

Cuando uno piensa en radio, piensa en música; ése es el producto que el auditor promedio espera encontrar en una emisora. Desgraciadamente una buena parte de la que hoy se escucha no creo que tenga merecidamente ese título.

El segundo es la noticia, que a diferencia de la ofrecida por los medios escritos, debería tener el profesionalismo radial que demanda una población que como la nuestra está ávida de un buen servicio que se corresponda con la población numérica y la capacidad económica que acumula en el mercado.
El resto está referido a la entretención, a “acompañar” a los radioescuchas que requieren de este importante servicio para amenizar su jornada, en especial amas de casa, trabajadores y personas que ejecutan tareas en lugares en los que sólo tienen la posibilidad de escuchar una comunicación radial.

En ese esquema es donde las cosas peor andan. Es donde evidentemente sobra la cháchara, que prolifera y se manifiesta con la peregrina idea de que para entretener hay que hablar mucho, no importa de qué o de quién.

Se cree, erróneamente, que el receptor está hambriento de llenar sus vacíos con todo lo que se le ocurre y le viene en gana al “locutor (a)” que se halla detrás (¿o delante?) del micrófono, dueño y señor del tiempo propio y del ajeno, y amo de un redil de auditores a quienes piensa haber capturados con el sólo hechizo de su voz y de su atrevimiento, fruto esto de su ignorancia.

La cosa no funciona así y ese pensamiento simplista ha cundido hasta el punto en que ya casi no vale cambiarse de radio porque todas siguen la misma distorsionada onda actual, muchas pajas y piedras, y cuando no, es que la llamada música que se toca es por igual una agresión al buen juicio, valores y conceptos de creatividad. Donde se explotan los más bajos instintos del ser humano. Siendo honrado, en esto debo apartar a Eduardo Guerrero de la Rumba 1330 y a Rafael Jacobo, productor de Sábado Espectacular de la N 1110.

Lo demás es todo un conjunto de radios con una línea uniforme en la que prolifera la cháchara, o lo que es peor, la intención de adjudicar a los/as programeros/as el papel de psicólogo, médico, consejero matrimonial, humorista y hasta galán, ya que no falta el chinchoso que coquetea con sus oyentes en el aire. Para que no vayamos mas lejos, aquí hay una estación que se promueve como la emisora de “las mamis de Massachusetts”. Mientras en otra, hay uno de esos adefesios de la mañana —con perdón de Santiago Matías que esta vez pienso que está desperdiciando su talento—, en el que se escucha a una joven que no hay duda de que la voz le-trina. Sí, le-trina la voz y del tercero... ni qué decir. ¡Eso da pena. ¡Cuanta negación a la profesionalidad!

De otro lado, cabe preguntarse, con absoluta legitimidad, ¿cuántos de las damas y caballeros de la radio tienen conciencia de lo que hacen y la influencia de alienación que propician en una población como la nuestra que, por causa del nivel de ignorancia que acusa o la ingenuidad que le caracteriza, tiene en cambio una impresionante capacidad de absorción igualada sólo a la aspiradora?

Por desgracia, la modalidad de hoy es atiborrar al auditor con el máximo de palabrería posible, marco en el que ni siquiera falta la más diversa gama de embaucadores de toda laya, incluida la de “asistencia médica” en la cual algún “profesional” se atribuye la tremenda responsabilidad de entregar “recetas hertzianas” a personas que sufren enfermedades serias, que requieren diagnóstico y tratamiento hospitalarios.

Sin que haga falta el análisis de profundidad, lo que al parecer se ha extraviado es la capacidad de la radio para combinar con gracia y altura, la programación musical, el material informativo, que casi ni existe, y los llamados “talk show”, que son muy malos. Por el contrario, la radio —con ligeriiiiisimas excepciones— en Massachusetts ha sido convertida en una amplia letrina hertziana.

En esta situación debe entenderse que para recuperar el terreno perdido se requieren buenos profesionales, periodistas competentes y creativos que, aplicando los conocimientos y los ideales captados en el transcurso de la carrera, pongan fin a las vulgaridades y eleven el nivel de un medio que es esencialmente grato, familiar e indispensable como instrumento de comunicación social y crecimiento cultural de cualquier colectividad.

¡Uf! parece que me quedé dormido y me ha despertado el exceso de cháchara y ruido que produce la chatarra en la programación de la mayoría de las emisoras hispanas locales.

Una chatarra que se hará imposible superar, mientras el criterio de muchos de los dueños de estaciones y programas radiales que transmiten en español sea evaluar a los locutores y programeros por su capacidad de venta.

Así las cosas, sólo queda un lamento...¡Nos jodimos!

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