Opinión
Dezbrozando el Camino
Mucha paja y poco trigo en el dial
hispano
Mucha paja molida y poco trigo es la tónica que hoy
caracteriza a la radio hispana local, un medio con virtudes
innatas que deberían aprovecharse mejor para beneficio de
nuestra colectividad.
Cuando uno piensa en radio, piensa en música; ése es el
producto que el auditor promedio espera encontrar en una
emisora. Desgraciadamente una buena parte de la que hoy se
escucha no creo que tenga merecidamente ese título.
El segundo es la noticia, que a diferencia de la ofrecida
por los medios escritos, debería tener el profesionalismo
radial que demanda una población que como la nuestra está
ávida de un buen servicio que se corresponda con la
población numérica y la capacidad económica que acumula en
el mercado.
El resto está referido a la entretención, a “acompañar” a
los radioescuchas que requieren de este importante servicio
para amenizar su jornada, en especial amas de casa,
trabajadores y personas que ejecutan tareas en lugares en
los que sólo tienen la posibilidad de escuchar una
comunicación radial.
En ese esquema es donde las cosas peor andan. Es donde
evidentemente sobra la cháchara, que prolifera y se
manifiesta con la peregrina idea de que para entretener hay
que hablar mucho, no importa de qué o de quién.
Se cree, erróneamente, que el receptor está hambriento de
llenar sus vacíos con todo lo que se le ocurre y le viene en
gana al “locutor (a)” que se halla detrás (¿o delante?) del
micrófono, dueño y señor del tiempo propio y del ajeno, y
amo de un redil de auditores a quienes piensa haber
capturados con el sólo hechizo de su voz y de su
atrevimiento, fruto esto de su ignorancia.
La cosa no funciona así y ese pensamiento simplista ha
cundido hasta el punto en que ya casi no vale cambiarse de
radio porque todas siguen la misma distorsionada onda
actual, muchas pajas y piedras, y cuando no, es que la
llamada música que se toca es por igual una agresión al buen
juicio, valores y conceptos de creatividad. Donde se
explotan los más bajos instintos del ser humano. Siendo
honrado, en esto debo apartar a Eduardo Guerrero de la Rumba
1330 y a Rafael Jacobo, productor de Sábado Espectacular de
la N 1110.
Lo demás es todo un conjunto de radios con una línea
uniforme en la que prolifera la cháchara, o lo que es peor,
la intención de adjudicar a los/as programeros/as el papel
de psicólogo, médico, consejero matrimonial, humorista y
hasta galán, ya que no falta el chinchoso que coquetea con
sus oyentes en el aire. Para que no vayamos mas lejos, aquí
hay una estación que se promueve como la emisora de “las
mamis de Massachusetts”. Mientras en otra, hay uno de esos
adefesios de la mañana —con perdón de Santiago Matías que
esta vez pienso que está desperdiciando su talento—, en el
que se escucha a una joven que no hay duda de que la voz
le-trina. Sí, le-trina la voz y del tercero... ni qué decir.
¡Eso da pena. ¡Cuanta negación a la profesionalidad!
De otro lado, cabe preguntarse, con absoluta legitimidad,
¿cuántos de las damas y caballeros de la radio tienen
conciencia de lo que hacen y la influencia de alienación que
propician en una población como la nuestra que, por causa
del nivel de ignorancia que acusa o la ingenuidad que le
caracteriza, tiene en cambio una impresionante capacidad de
absorción igualada sólo a la aspiradora?
Por desgracia, la modalidad de hoy es atiborrar al auditor
con el máximo de palabrería posible, marco en el que ni
siquiera falta la más diversa gama de embaucadores de toda
laya, incluida la de “asistencia médica” en la cual algún
“profesional” se atribuye la tremenda responsabilidad de
entregar “recetas hertzianas” a personas que sufren
enfermedades serias, que requieren diagnóstico y tratamiento
hospitalarios.
Sin que haga falta el análisis de profundidad, lo que al
parecer se ha extraviado es la capacidad de la radio para
combinar con gracia y altura, la programación musical, el
material informativo, que casi ni existe, y los llamados
“talk show”, que son muy malos. Por el contrario, la radio
—con ligeriiiiisimas excepciones— en Massachusetts ha sido
convertida en una amplia letrina hertziana.
En esta situación debe entenderse que para recuperar el
terreno perdido se requieren buenos profesionales,
periodistas competentes y creativos que, aplicando los
conocimientos y los ideales captados en el transcurso de la
carrera, pongan fin a las vulgaridades y eleven el nivel de
un medio que es esencialmente grato, familiar e
indispensable como instrumento de comunicación social y
crecimiento cultural de cualquier colectividad.
¡Uf! parece que me quedé dormido y me ha despertado el
exceso de cháchara y ruido que produce la chatarra en la
programación de la mayoría de las emisoras hispanas locales.
Una chatarra que se hará imposible superar, mientras el
criterio de muchos de los dueños de estaciones y programas
radiales que transmiten en español sea evaluar a los
locutores y programeros por su capacidad de venta.
Así las cosas, sólo queda un lamento...¡Nos jodimos! |