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Edición No. 084  [Miércoles Diciembre 04, 2002]

 

 

 
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Opinión
Desbrozando el Camino
Que tapen el hoyo por el otro lado

 - por Roberto Rodríguez

La República Dominicana es una pequeña nación caribeña que comparte la isla Hispaniola con su vecino Haití, y que siempre anda como el Canguro: entre saltos y espantos. Cada amanecer los dominicanos, dentro y fuera del territorio, tienen un motivo de preocupación.

Dominicana tiene problemas ancestrales que han ido agudizándose de tal manera que ya la media isla sobrevive entre la incertidumbre y la amenaza continua de caos y de ingobernabilidad.

El eje motriz de esta situación, como todas las naciones de la región, es una crisis económica que no ha hecho otra cosa que recrudecer problemas atávicos que se agravan con una inversión de valores que arropa al país de pies a cabeza.

Es un proyecto de nación que debido a la irresponsabilidad histórica de la mayoría de gobernantes tiene una serie de problemas, entre los que se destaca el eléctrico, el que, hasta prueba en contrario, es el gran negocio de sinvergüenzas y cretinos —locales y extranjeros— que lo han convertido en fuente de enriquecimiento personal y grupal.

Y es que con la honrosa excepción de los siete meses que gobernó el profesor Juan Bosch en 1963 —desde su fundación como país en 1844—, la República Dominicana ha sido gobernada por indolentes egoistas, charlatanes, corruptos, lacayos, ladrones descarados, apátridas, demagogos y los menos se han comportado como ingenuos pendejos que creen que con lavarse las manos como Pilatos ya están liberados de responsabilidad.

Por causa de esta orda de gobernantes debemos presenciar hoy a una República Dominicana cuyos políticos han destruído sus propios medios de subsistencia, incluida la producción agrícola, y otros como bastardos y servidumbres entregaron nuestras riquezas mineras, bienes y servicios nacionales a capitales extranjeros.

Cada grupo en su oportunidad no ha hecho otra cosa que buscar cómo hacerse rico con el erario. A esos nada les ha importado nuestra suerte. Son los que le han dado puñaladas traperas al país y cínicamente los vemos llamando por asistencia para el herido.

Son esos, y nadie más, los que han convertido el país en escombros de una embarcación que ha zozobrado en las aguas del proceloso mar de la irresponsabilidad, el bandidaje, el latrocinio, la corrupción, la prevaricación, el tráfico de drogas y lavado de dinero a todos los niveles y en el como guarida convergen grupos de todos los estatus sociales, económicos y políticos.

Como parte de ese inmenso negocio que es el país, la frontera domínico-haitiana ha sido convertida en la gran industria del contrabando y los más insólitos negocios del bajo mundo, en el que participan muchas autoridades civiles y militares, granujas de todas layas.

Sabenos que esto no debería sorprender a nadie, pero en vista de que Estados Unidos se ha escandalizado de ese otro de sus monstruos engendrados y ha comenzado a retirar visado norteamericano a funcionarios, civiles y militares y a empresarios y banqueros, más una nueva amenaza que pende sobre nuestra soberanía, es algo que merece ponerle atención.

El asunto del visado importa un comino, porque total en nada ayuda a la solución de los problemas que han generado estos pillos —haitianos y dominicanos—, pero lo mismo no puede decirse de meternos 8 mil soldados para sellar las “filtraciones fronterizas”, a cambio de un regalo de 20 mil fusiles a nuestras Fuerzas Armadas, que de hecho mucho han tenido que ver con lo que motiva esta vergüenza.

Pero lo peor es que esta acción militar norteamericana —que no tiene nada que envidiar a las invasiones de 1916 y 1965—, si llegara a materializarse, nos está diciendo que nuestras Fuerzas Armadas no tienen razón de ser, porque su creación está basada precisamente en la protección de la Soberanía y si para esa mision hay que llevar soldados extranjeros, ¿cuál es el sentido?
Pero además, si lo que se ha dicho es que la presencia militar norteamericana sólo busca frenar la desconfianza que ha sembrado la corrupción en la frontera y por la seguridad norteamericana, ¿por qué no colocan sus tropas en la frontera estadounidense?

A última instancia, si lo que quieren, por la razón que sea, es tapar ese hoyo fronterizo, que lo hagan del lado haitiano con tropas de Naciones Unidas aportadas por Estados Unidos, Canadá y Francia, naciones que mucha responsabilidad tienen en la caricatura de país en que han convertido al vecino Haití.

Dejémonos de vaina, que ni tan pendejos somos como para que tarados funcionales jueguen con nuestra inteligencia.

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