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Edición No. 085  [Miércoles Diciembre 11, 2002]

 

 

 
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Opinión
Desbrozando el Camino
Amiga Carmen, el fascismo acecha a Venezuela

 - por Roberto Rodríguez

Hay que evitar al precio que sea que a Venezuela terminen empujándola a la extrema situación donde la violencia se convierta en la última y única posibilidad de desenlace.

Ese comentario lo hice a una angustiada joven pero vieja amiga venezolana con quien hablaba en días pasados acerca de la crisis a que ha sido llevado su país. Carmen está preocupada y razón no le falta. Lo que menos desea alguien que ame a su patria es verla en semejante situación.

La angustia de Carmen sólo es comparable a la que normalmente produce en algún momento el nacimiento de una criatura que todo saben que puede ser hembra o puede ser varón. La diferencia en el caso de Venezuela es que ni siquiera los propiciadores de la situación conocen lo que podrían estar engendrando.

Mi amiga, en medio de su angustia, trata de ser justa cuando enjuicia la realidad. Confiesa estar decepcionada. Que Chávez tiene mucho de respon-sabilidad en lo que está sucediendo en Venezuela, pero a la vez pasa a la oposición por el mismo rasero.

Dice ella que los opositores han sido torpes —y eso es verdad— hasta el extremo de ni siquiera disimular la mala fe que se anida en sus acciones, como quedó demostrado con el desmantelamiento de la institucionalidad del país que pusieron en marcha a raíz del efímero golpe de Estado de abril.

Justo por tener el mismo concepto que Carmen acerca de los opositores de Chávez es que en una entrega anterior advertíamos sobre la necesidad de no permitir que a la tierra de Bolívar la convirtieran –al igual que a Chile en 1973 y hasta los siguientes 16 años- en laboratorio de sangre, dolor y lágrimas.
Otra es que mi amiga Carmen tiene la necesidad de entender la realidad socio-política de su país. Pero sobre todo hacerlo consciente de que la nación es blanco selectivo de una labor de zapa mucho más urgente que cualquier otra del Continente, y que parte de ella es una escalada fascista mediática que si prospera tendrá consecuencias devastadoras.

Si no supiéramos de lo que fueron capaces en los pasados 40 años los nuevos “luchadores por la democracia” que se gasta Venezuela, podría hablarse sin temor al yerro de que todo no pasará de un ejercicio del “derecho al pataleo” que asiste a todo perdedor.

Pero no es así. La oposición no comprende –ni le interesa comprender- que aún en el caso que ella fuera mayoría -lo que no es cierto- una regla fundamental del juego democrático es que los líderes son electos para un período predefinido y que si uno quisiera nuevos líderes, se debería esperar hasta la elección para el próximo período constitucional. Hasta la actualidad, la oposición constantemente rehúsa reconocer esta regla básica, lo que hace virtualmente imposible el diálogo.

Mi amiga Carmen, y con ella todo venezolano de bien debe reflexionar en que el de Chávez es un gobierno legítimamente elegido y que la opinión de Venezuela no está determinada por un millón de marchantes y mariachis que lleven los conspiradores a una manifestación.

La opinión de Venezuela la sostienen 24 millones de habitantes que son los que en definitiva tienen la última palabra. 24 millones por los que no puede hablar un grupito insignificante a cuenta y riesgo de destruir la institucionalidad en aras de garantizarse sus intereses y privilegios particulares y grupales, que de ninguna manera son los mejores para el país, según prueba la experiencia. Matar al tío para quedarse con la sobrina no justifica el crimen.

A esa conducta no escapa la de unos medios de comunicación virulentos que en su misión en contra de Chávez no han parado mientes en cuanto a los oscuros y bastardos intereses a los que conscientemente están sirviendo.

El efecto del trabajo de esos medios es algo que no pasó desapercibido en mi conversación con Carmen. Ella, además de víctima de la angustia, también lo es de la campaña psicológica que se lleva a cabo a toda máquina, ya no sólo en Venezuela, sino internacional, especial aquí donde muchos medios hispanos de comunicación -especialmente televisivos- son implacables en la manipulación y el irrespeto a la inteligencia de la gente.

Junto a ese accionar, se percibe la aplicación de la Regla de Transfusión: la cual se basa en el principio de que es más fácil reforzar una idea que cambiarla. Para ello se acude a motivaciones y formas de actuar que se encuentran en el substrato más o menos inconsciente de la población, donde el racismo, fascismo y estereotipos clasistas operan por la libre.

¡Justo lo que –para dolor de todo buen latinoamericano- está sucediendo en tu querida Venezuela, amiga Carmen!

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