Opinión
Desbrozando el camino
¿Es nuevo el escándalo de los curas?
- por Roberto Rodríguez
El espacio de la columna de
esta semana se lo cedo a Donnely Domínguez, un lector que me
ha pedido que me arme de valor y le publique estas
inquietudes que, en mi caso, podría no compartir del todo,
pero le respeto su derecho a expresarse. Ahí van:
“Vivimos en una época en la que ya nada nos debe aterrar,
pues los cambios vertiginosos en el desarrollo de la
humanidad han hecho más comunes y respetables los
comportamientos sexuales de los hombres (y de las mujeres
por supuesto), por lo tanto, ‘salir del armario’ ya no es
noticia.
Lo que forma el tierrero no son los actos “malos” de la
gente “buena” sino el impacto amarillista que se le quiere
dar a los hechos por parte de ciertos periodistas y
periódicos ávidos de noticias comerciales.
Para muestra un botón: en días pasados se dio el escándalo
del cura español que se declaró abiertamente homosexual.
Creo que este no es el primer clérigo –de esa y otras
religiones— con este tipo de inclinaciones ni tampoco será
el último, como para que los altos prelados de esas iglesias
se rasguen las vestiduras.
En el caso de los católicos ya suficiente tienen con lo de
los curas pedófilos, lo cual degeneró en una denuncia
mundial, un jalón de orejas del Sumo Pontífice y la ya
aceptada renuncia del cardenal Bernard Law de Boston.
Si hacemos una retrospectiva histórica nos damos cuenta que
el homosexualismo ha sido un comportamiento natural desde
que el hombre apareció sobre la faz de la tierra, lo que de
ninguna manera significa que haya que compartir esa
conducta, sobre todo si no se simpatiza con ella, aclaración
que tiene como especiales destinatarios los asesinos de
reputaciones que llevan anotaciones.
Siguiendo por el mismo carril, digamos entonces que en la
antigua Roma, los mancebos se los inventaron los señores de
alta alcurnia como el método anticonceptivo preferido.
En la edad media, donde la religión era más importante que
la política, los acontecimientos de entonces favorecían al
homosexualismo. La mejor muestra es que las cruzadas dejaron
muchas mujeres solas cruzadas de piernas que me imagino no
tenían mas alternativa que buscar consuelo en los clérigos o
en las cortesanas mientras que en el frente de batalla los
hombres a su vez buscaban diversión a costillas de sus
congéneres. Se me ocurre que para éstos hombres eran muy
divertidos los sitios a las grandes ciudades que duraban
meses y hasta años. ¿Qué hacían mientras esperaban que se
rindieran los otros?
Recordemos que no había mujeres, revistas Playboy, TV ni
Internet. En periodos cuando no había guerras, eran muy
comunes los bacanales cortesanos de todos contra todos, sin
límite de tiempo ni árbitros, por lo que tocaba echar mano
de cuanta desviación se conocía con el fin de pasarla rico.
Obviamente en esa época el clero ocupaba los primeros
lugares después del rey y su gran poder les daba “licencia”
para hacer lo que quisieran. Hasta se inventaron la
inquisición que permitió dar rienda suelta a todos sus
instintos homosexuales.
En la época del Renacimiento, con sólo mencionar el nombre
de los Borgia, todos temblaban. Sus historias de
envenenadores, conspiradores, promiscuidad, homosexualismo,
asesinatos y demás actividades prohibidas, harían palidecer
de envidia a nuestros contemporáneos depravados.
Los Borgia tuvieron hasta Papa propio, y no fue una pera en
dulce a pesar de su alta investidura. Dicen las malas
lenguas que este prelado le jalaba a todo.
Tampoco se salvaban, ni estaban exentas, las monjas del
desenfreno homosexual. Eran muy famosas unas monjitas que
las bautizaron como las hermanas de la orden de Las
Lesbianitas Descalzas.
En épocas contemporáneas, los cambios culturales, el
advenimiento del modernismo y los cambios tecnológicos
permitieron que se fueran derrumbando muchos tabúes y las
costumbres sociales y sexuales sufrieran un desenfreno total
que se puede comprobar con el grito de independencia que dio
la juventud a finales de la década del 60 donde a nivel
mundial se crearon nuevos estereotipos, por ejemplo: el
hipismo en el festival de Woodstock con su consigna “Love
and peace”. A partir de ahí todo es permitido, menos que se
metan con uno.
En una palabra: dejemos tranquilos a los curas “volteados”.
En mi caso recuerdo que cuando era niño en mi pueblo vi
voltearse un camión con 100.000 huevos y eso no fue ninguna
noticia.
¿Qué de nuevo tiene que se voltee un cura que sólo tiene
dos?
Roberto, si me dejas, te prometo volver pronto.
Atentamente, Donnely Domínguez. |