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Edición No. 099  [Miércoles Abril 2, 2003]

 

 

 
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Cultural
Cronopiando
 - por Koldo

También hay profetas en su tierra.
De esto da fe la meritoria critica que realizó el conocido comentarista dominicano Koldo sobre el poeta César Sánchez Beras, apreciado amigo y colaborador de Siglo21. El artículo que publicamos a continuación apareció en la edición del pasado domingo del diario El Nacional, de Santo Domingo.

Parece que no va a ser ahora que al poeta dominicano César Sánchez Beras, residente en Boston, se le reconozca la exquisita calidad de su poesía. Son demasiado mezquinos los egos que viven en el medio como para regalarse y permitirnos la generosidad de distinguir la labor de este delicado orfebre de la más musical de todas las palabras, que hace más de diez años decidió emigrar a Estados Unidos en busca de un mejor destino y que a contrapelo de cualquier circunstancia sigue entretejiendo sonoros pentagramas con la destreza y hondura que sus Trovas del Mar demuestran.

Si su nombre no aparece en los catálogos de la ilustre y lustrada rima nacional atribúyase a las escasas dotes de César Sánchez como relacionador público de su propio obra... y es que siempre ha vivido demasiado ocupado en la poesía como para aplaudirse los guiños del espejo.
Del libro de su autoría Trovas del Mar, publicado hace un año, traigo a la columna un par de ejemplos de su hermoso hacer.

Me moriré en Noviembre
Bien podría ser este noviembre/ la luna está en menguante y es propicia/ para arrancar del sueño un nombre de mujer/ degollar el demonio que se bebe el ensueño/ el viejo minotauro que se roba las huellas/ para que no se encuentren de nuevo los amantes/
yo que aún tengo el poema/ que nació de tu vientre/una tarde de azogue, espumas y jolgorios/ que todavía no tengo el paso de la luz/ la estatura doliente del cántaro sediento/yo que sólo he tocado/ el duende que proclama la lluvia de tu estío/ me gustaría morirme besándote en noviembre

Alguien enterró un pájaro en mi pecho
Alguien concibió un pájaro de canto alucinado/ y lo enterró en mi pecho desnudo de regresos/ desde entonces transito con sus alas enormes/ con sus breves latidos aullándome los párpados/ alguien concibió un pájaro con flores en las uñas/ sobrevolando mares con alas de ceniza/ desde entonces yo corro desnudo entre las sombras/ arrancándome plumas del fondo de la rabia.
Alguien fuera de mí/ alguien que no conozco/ construye a diario mundos de pájaros y soles/ le regala a sus alas praderas y montañas/ les afila las uñas, ensancha sus pupilas/ pero sólo puedo ordenarle los rumbos/ yo sólo tengo el viento que sostienen sus alas.

La niña de los puentes
¿Quién es esa que enamora mis pasos desde la última esquina de su miedo y la angustia/ que se cruza de brazos encima de los puentes/ que le miente al recuerdo de todos los amantes/ besándose a sí misma/ abrazada a su sombra?
¿Quién es esa que entierra en voz de Safo sus límpidos navíos/ la que esconde los vientos en su trenza amarilla/ náufraga del goce irredento y sublime/ con cabellos que crujen como címbalo en llamas?
Esa piedra lunar/ crepúsculo de fuego/ cayena luminosa y pezones de lilas/ la que lleva mi rostro en sus manos pequeñas/ mientras corre desnuda por las puertas del sueño.

 

 

 

 


  
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