Cultural
Cronopiando
- por Koldo
También hay profetas en su
tierra.
De esto da fe la meritoria critica que realizó el conocido
comentarista dominicano Koldo sobre el poeta César Sánchez
Beras, apreciado amigo y colaborador de Siglo21. El artículo
que publicamos a continuación apareció en la edición del
pasado domingo del diario El Nacional, de Santo Domingo.
Parece que no va a ser ahora que al poeta dominicano César
Sánchez Beras, residente en Boston, se le reconozca la
exquisita calidad de su poesía. Son demasiado mezquinos los
egos que viven en el medio como para regalarse y permitirnos
la generosidad de distinguir la labor de este delicado
orfebre de la más musical de todas las palabras, que hace
más de diez años decidió emigrar a Estados Unidos en busca
de un mejor destino y que a contrapelo de cualquier
circunstancia sigue entretejiendo sonoros pentagramas con la
destreza y hondura que sus Trovas del Mar demuestran.
Si su nombre no aparece en los catálogos de la ilustre y
lustrada rima nacional atribúyase a las escasas dotes de
César Sánchez como relacionador público de su propio obra...
y es que siempre ha vivido demasiado ocupado en la poesía
como para aplaudirse los guiños del espejo.
Del libro de su autoría Trovas del Mar, publicado hace un
año, traigo a la columna un par de ejemplos de su hermoso
hacer.
Me moriré en Noviembre
Bien podría ser este noviembre/ la luna está en menguante y
es propicia/ para arrancar del sueño un nombre de mujer/
degollar el demonio que se bebe el ensueño/ el viejo
minotauro que se roba las huellas/ para que no se encuentren
de nuevo los amantes/
yo que aún tengo el poema/ que nació de tu vientre/una tarde
de azogue, espumas y jolgorios/ que todavía no tengo el paso
de la luz/ la estatura doliente del cántaro sediento/yo que
sólo he tocado/ el duende que proclama la lluvia de tu
estío/ me gustaría morirme besándote en noviembre
Alguien enterró un pájaro en mi pecho
Alguien concibió un pájaro de canto alucinado/ y lo enterró
en mi pecho desnudo de regresos/ desde entonces transito con
sus alas enormes/ con sus breves latidos aullándome los
párpados/ alguien concibió un pájaro con flores en las uñas/
sobrevolando mares con alas de ceniza/ desde entonces yo
corro desnudo entre las sombras/ arrancándome plumas del
fondo de la rabia.
Alguien fuera de mí/ alguien que no conozco/ construye a
diario mundos de pájaros y soles/ le regala a sus alas
praderas y montañas/ les afila las uñas, ensancha sus
pupilas/ pero sólo puedo ordenarle los rumbos/ yo sólo tengo
el viento que sostienen sus alas.
La niña de los puentes
¿Quién es esa que enamora mis pasos desde la última esquina
de su miedo y la angustia/ que se cruza de brazos encima de
los puentes/ que le miente al recuerdo de todos los amantes/
besándose a sí misma/ abrazada a su sombra?
¿Quién es esa que entierra en voz de Safo sus límpidos
navíos/ la que esconde los vientos en su trenza amarilla/
náufraga del goce irredento y sublime/ con cabellos que
crujen como címbalo en llamas?
Esa piedra lunar/ crepúsculo de fuego/ cayena luminosa y
pezones de lilas/ la que lleva mi rostro en sus manos
pequeñas/ mientras corre desnuda por las puertas del sueño. |